«Me interesaba decir mentiras sobre mí»

El último Premio Nacional de Narrativa publica ahora en castellano 'Bilbao-Nueva York-Bilbao', novela que presentará en Santander en marzo Kirmen Uribe Escritor

ELENA SIERRA
El último Premio Nacional presentará su obra en Santander. ::                             M. ATRIO/
El último Premio Nacional presentará su obra en Santander. :: M. ATRIO

A Kirmen Uribe le gustan las anécdotas, los paralelismos, las casualidades que ofrece la vida. También el juego de luces y sombras que hay en la de cualquiera. De los momentos «más luminosos» podemos pasar a los más terribles, y al revés, y eso «nos va dando forma». La novela 'Bilbao-New York-Bilbao', Premio Nacional de Narrativa, es un mosaico de este tipo de cosas. Durante el vuelo que el narrador (él mismo) hace a la ciudad de los rascacielos, va rescatando la memoria de su familia y de otras familias, para exponer un cuadro de la sociedad vasca que poco tiene que ver con el que se empeñan en contarnos. Seix Barral publica ahora en castellano la novela, que estará en las librerías a partir del próximo día 16 de febrero, y de la que el jurado valoró que se trata de una historia «que es innovadora, que utiliza formas nuevas, pero que al mismo tiempo emociona». En marzo, en su periplo editorial, el autor presentará su obra en la Tribuna Literaria de Caja Cantabria.

-¿Cuánta importancia tiene la forma para usted como autor?

-Es fundamental, la novela es sobre todo forma. Innovar en el tema es secundario, la forma es lo fundamental. Una novela es ingeniería, estructura, estilo. Y luego está la historia; hay muchas novelas no convencionales que son arriesgadas formalmente pero que no llegan al lector. Y esta sí, dijeron los del jurado. Para un autor el género avanza mediante innovaciones en la forma. Así que yo lo que quería contar cuando empecé esta novela, es cómo vive un autor que escribe en euskera en el siglo XXI. Quería hablar de mi familia, porque un escritor no es sólo lo que proyecta, sino que tiene a su familia, su tradición.

-Que se hace protagonista, porque en realidad al personaje no le ocurre nada.

-Lo que hago es hablar de un vuelo que nace en Bilbao y que llega a Nueva York. En ese vuelo no ocurre absolutamente nada, porque en los vuelos normalmente no ocurre nada, tan sólo turbulencias. Normalmente no hay bombas ni tienes un tórrido encuentro sexual en el lavabo. Quería escribir una novela sin trama porque lo que veo ahora mismo en las series y en el cine es que las tramas se utilizan y se utilizan bien; también en el género negro y el histórico en novela. Pero yo me hacía una pregunta: ¿qué diferencia la literatura de las demás disciplinas? ¿Del cine y de la tele?

-¿Qué?

-Que es capaz de recoger muchísimos más matices. Por eso en ese vuelo no ocurre nada y sin embargo suceden muchas cosas. Lo que está fuera, lo que el autor recuerda, su infancia, la documentación que ha ido recogiendo sobre Ricardo Bastida, fragmentos de la wikipedia, los emails que recibe. El proceso de documentación de una novela es casi detectivesco, una pista te lleva a otra, y es algo que me apasiona. Quería llevar todo eso a la novela. Las dudas del autor, cómo empieza y lo deja, lo que hay antes y detrás. Es como en 'Las Meninas' de Velázquez: en el cuadro se cuenta el otro lado.

-Tiene algo de diario de a bordo.

-Sí. Con el aspecto fundamental de la autoficción. En la novela hay pasajes autobiográficos, cosas que me han pasado a mí realmente. Y también una crítica al memorialismo y a la imagen del autor. Sebald decía que ya se aburría con esos autores que se quedaban fuera de la novela y que construían marionetas. Él planteaba que el autor entrara como personaje y yo lo hago, pero ese Kirmen Uribe no soy yo, es otro Kirmen Uribe. En toda autobiografía hay ficción. La de Rousseau está llena de errores, él modificaba su vida para dar una imagen. ¿Cómo recuerda su vida una persona? ¿Qué imagen tenemos de nosotros mismos, cómo nos vemos y cómo nos ven los otros? Aparezco en las páginas pero no todo lo que cuento es verdad. Puede ser pero no es una verdad absoluta.

-Es un juego con el lector.

-Ya lo dijo Barthes: reivindicó la muerte del autor del siglo XIX y principios del XX, el que dominaba la novela desde fuera. Los lectores tenían que centrarse en el propio libro. El autor ha vuelto en el XXI, pero es un autor que miente, una imagen irónica de sí mismo. Y eso me interesaba mucho: decir mentiras sobre mi vida, reírme de mí mismo y alcanzar un nuevo pacto. El lector entra en ese juego y sabe que no todo lo que escribimos es real. Le da igual, lo importante es la historia.

-¿Y eso es para todos los públicos?

-Todo esto es teoría, claro. Hay lectores que no se plantean si esto forma parte del movimiento literario llamado alterficción o si es una novela moderna o lo que sea.

-A veces da la impresión de que algunos autores se empeñan en romper moldes sin nada de contenido.

-Tiene que tener una parte experimental y una que interese al lector medio, no te puedes quedar en un mero ejercicio de estilo. El arte que a mí me interesa es ese. Uno cuando ve el 'Guernica' piensa en Gernika y en los desastres de la guerra y no en la teoría del cubismo. A mí me interesa que la obra de arte sea innovadora y que llegue.

-Esa literatura fragmentaria, ¿convence al que suele leer novela convencional?

-Ya han cambiado las formas de leer. Las nuevas tecnologías han hecho que leamos de manera más fragmentaria. Yo leo siempre fragmentos en Internet. La lectura es más diversificada y global. Eso quería plantear, los subcapítulos son como teselas, como pantallas de ordenador que se abren y se cierran. Esa manera nueva de contar de los blogs y de las páginas web es la de cada día y quería probarla en el papel. El libro es fragmentario pero está muy estructurado.

-Se nutre de muchísimas anécdotas.

-Cuento, por ejemplo, la de Santi Meabe, un republicano de Bilbao que acabó viviendo en Ondarroa porque se enamoró de una chica. Ahí organizó la defensa del frente de la costa, y además se dedicó a criar pájaros cantores. Cuando ya se había exiliado, cayó una bomba en su casa. Salieron los pájaros y se pusieron a cantar. Esa imagen de que después de la destrucción hay un momento de alegría en el pueblo me gusta. El libro está hecho a base de estas pequeñas historias. Y una parte fundamental es el diario del hijo de Bastida, lo escribió con 14 años cuando viajaban de Ondarroa a Nueva York. Yo hago ese viaje 70 años más tarde. Esas relaciones que se establecen con gente del pasado, los paralelismos que se van creando, que ese chaval que vivió algo tan brillante muriera en la guerra. Ver esas dos partes de la vida, las más luminosas y las más oscuras, me gusta mucho.

-Hay una serie de autores en euskera, con ahora 40 años, que irrumpen a finales de siglo pasado y llegan muy bien a la gente. No es sólo marketing. ¿Han modernizado la manera de contar?

-Es mucho decir. Es producto también del trabajo que se hizo antes, la generación de Aresti y Atxaga, la posterior que se ha quedado un poco silenciada. Y la nuestra. Somos fruto de esos 20 ó 30 años en los que el euskera ha crecido muchísimo y está en todos los segmentos de la sociedad. La nuestra es la primera generación que vislumbra esa normalización y eso ayuda.

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