Rawa, una asociación «por la paz y la democracia»

Cuando Rawa, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, se formó en Kabul, nadie sospechaba lo que se les venía encima. Era 1977. Dos años después, los soviéticos invadían el país y Rawa decidió pasar a la acción. Lo mismo hicieron los fundamentalistas islámicos, que recibieron generosas donaciones de dinero y de armamento por parte de Estados Unidos, pero Rawa nunca transigió con su modo ultrarreligioso de ver la política. «Siempre hemos defendido un gobierno laico», asegura Mariam Rawi. La organización se asentó en Quetta y trabajó por los refugiados afganos: erigió escuelas y hospitales e impartió cursos de alfabetización y de enfermería para niños y mujeres refugiadas.

El grupo fundador de Rawa fue un conjunto de mujeres intelectualmente inquietas, bajo el liderazgo de Meena. La popular activista fue asesinada en Quetta, en 1987, por agentes afganos de la KGB. Pero su llama no se extinguió. Otras mujeres, como Mariam Rawi, cogieron su testigo y plantaron cara a los talibanes, que ocuparon el país e instalaron un régimen oprobioso de terror que sólo despertó el escándalo internacional tras el atentado contra las Torres Gemelas. Sin embargo, la invasión dirigida por Estados Unidos «derrocó el régimen talibán, pero no el fundamentalismo religioso, causa de todas nuestras desgracias». Rawa denuncia que los viejos caudillos han vuelto a repartirse Afganistán y pide la retirada de las tropas extranjeras: «No se puede donar la democracia; una nación debe luchar por ella».

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