Los 20.000 muertos de Calderón

La guerra sin cuartel que el presidente mexicano libra contra el crimen organizado que desangra al país está perdida, según los capos de la droga

MILAGROS L. DE GUEREÑO
Una familia pasa ante el cadáver de un sicario asesinado en un ajuste de cuentas en Sinaloa. ::
                             EFE/
Una familia pasa ante el cadáver de un sicario asesinado en un ajuste de cuentas en Sinaloa. :: EFE

Si Ismael 'El Mayo' Zambada García acierta al afirmar que en la lucha antidroga la «guerra está perdida porque el narco está en la sociedad, arraigado como la corrupción», los esfuerzos del presidente mexicano Felipe Calderón por combatirlo se estrellarán contra la pared. La entrevista al mafioso en el semanario 'Proceso' ha desatado un acalorado debate. La polémica sobre si es ético dar voz a un prófugo de la justicia por el que Estados Unidos y México ofrecen una recompensa de más de 5 millones de dólares (3,7 millones de euros) se sobrepuso a la de si la estrategia del mandatario azteca de combatir por la vía militar el crimen organizado, que suma 19.000 muertos desde el 2006, es la correcta o debe modificarse.

Desde hace dos semanas, los comentarios giran en torno al reportaje realizado por el veterano periodista Julio Scherer, fundador y propietario de la revista que llevó a portada la foto del capo que, junto con su compadre Joaquín 'El Chapo' Guzmán, ha colocado en los años de mandato del Partido de Acción Nacional (PAN) al cartel de Sinaloa a la cabeza del tráfico de drogas. Varios analistas criticaron a Scherer por prestarse a viajar a un lugar sin identificar, cambiar de coches, esperar en una fonda hasta que fue recogido para acudir a su cita clandestina con Zambada y después no aportar «nada nuevo». Otros consideran que el hombre al que las autoridades consideran el «estratega» del Sinaloa quiso enviar un mensaje que además permite actualizar el rostro de su ficha policial, aunque se ocultó con gafas oscuras y una gorra.

Para los expertos, es interesante que Scherer lo cite afirmando que «el Gobierno llegó tarde a esta lucha y no hay quien pueda resolver en días problemas generados por años. Infiltrado en la Administración azteca desde abajo, el tiempo ha hecho su 'trabajo' en el corazón del sistema y la corrupción se arraigó en el país. Al presidente, además, le engañan sus colaboradores. Son embusteros y le informan de avances que no se dan en esta guerra perdida», declaraba 'El Mayo'. También reconocía que «el problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí». Dos alegorías claras, el dinero compra voluntades en todas las instancias y que el organigrama de la jefatura está previsto para que no haya vacíos de poder.

Vida secreta

Con sesenta años aparentemente bien llevados, 'El Mayo' lleva 44 en el negocio. Ha sobrevivido porque vive a salto de mata y no disfruta ni de cumpleaños familiares ni festejos, aunque tiene esposa, cinco hijas, quince nietos y un biznieto. La entrevista se difundió poco después de que Estados Unidos sufriera en carne propia la violencia de los sicarios: el 13 de marzo tres personas, dos estadounidenses y un mexicano, vinculadas con el Consulado de Ciudad Juárez -la localidad más violenta del país- fueran acribilladas en plena calle. El hecho generó una reunión extraordinaria de altos mandos de ambos países. Acordaron un plan de cuatro líneas estratégicas uniendo la lucha armada con programas sociales contra la pobreza y la deserción escolar, caldo de cultivo de jóvenes que se lanzan por el sendero de la mala vida y el dinero fácil.

Las dos partes reconocieron la importancia de modernizar y asegurar la frontera, clave para frenar el tráfico de personas, drogas, armas y ataques terroristas. Se comprometieron a colaborar en la guerra contra el crimen organizado con armas pero también con servicios de inteligencia para atacar los pilares de la financiación: negocios de lavado de dinero.

Otro punto es el fortalecimiento de las instituciones. En México será difícil de acometer, pues el narcotráfico ha comprado a numerosos servidores públicos. Por último, hubo coincidencia en la importancia de invertir en «desarrollo social y económico». Calderón arrancó su sexenio prometiendo el combate frontal al crimen organizado pero el incremento anual del saldo rojo pesa en su contra. De 2.600 muertes violentas en 2006 se pasó a cerrar 2009 con 7.500 hasta totalizar casi 20.000. Y la cuenta sigue creciendo. Sólo este pasado fin de semana hubo otras diecisiete víctimas: diez en enfrentamientos entre sicarios y soldados en Nueva León y otros siete en Tamaulipas en ajustes de cuentas entre bandas. Esta sangría continua hace muy difícil que el plan binacional impulsado por el presidente funcione. Pero de cambiar de signo y tener un resultado positivo, Calderón entregaría el bastón de mando en 2012 con la cabeza alta. El tiempo corre en su contra.

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