El turno para una famosa receta de quesada pasiega

Se trata de uno de los postres más típicos de la gastronomía regional y todo un homenaje a un rincón especial de Cantabria

Quesadas en un horno de la Vega de Pas. ::
                             SANE/
Quesadas en un horno de la Vega de Pas. :: SANE

Se recuerda hoy una zona entrañable de la geografía regional a la que el autor se siente «orgulloso de pertenecer». Se trata de un postre típico y muy conocido fuera de la fronteras cántabras que da a conocer esta zona tan característica. Son los famosos Valles Pasiegos (del Miera, el Pas y el Pisueña), con sus principales poblaciones (San Roque de Riomiera, San Pedro del Romeral y Vega de Pas). La fórmula es una de las muchas que existen. De algunas se sabe, pero otras quedaron en el pensamiento de una figura famosa en el pasado, las amas de cría, que criaron a muchos nobles y a algún rey. También en las mentes de las grandes y sufridas trabajadoras de esas bellas y dispersas cabañas pasiegas. Ellas trabajaban con el producto que más tenían y conocían. La leche, ese oro líquido para estas gentes, sacó adelante a muchas familias. Es por ello que sienten tanto orgullo y por lo que la vaca era su icono.

Para los ingredientes, 1 kilo de queso fresco pasiego, 120 gramos de mantequilla, 4 huevos, 380 gramos más de azúcar, otros 130 de harina, raspadura de limón, sal, canela y un poco de licor (según los gustos de cada uno).

Se pone el queso a escurrir para que suelte todo el suero (con un cedazo, tela, colador...). A continuación, en un boll se une el queso con la mantequilla en pomada y el azúcar. Se bate bien y se añaden los huevos, la raspadura de limón, la sal, la canela y el licor (si se desea).

Se pone todo a batir muy bien y se agrega la harina, que se revuelve despacio. Todo esto, ya muy bien mezclado, se echa en unas 'besugueras' -bien de barro o metal- previamente untadas de mantequilla. Se meten al horno a una temperatura de 190 grados con algo 'de suelo' para que no se quede muy crudo (aunque, antiguamente, se comían con una cuchara a diferencia de ahora, que están bastante más cuajadas). El tiempo de permanencia será de 35 minutos aproximadamente.

Una vez sacadas del horno se podrán degustar, pues es cuando más ricas están, pero también frías están deliciosas.

El resultado es un postre recordatorio de otra zona del rico patrimonio gastronómico cántabro.