Piérdase por las afueras de Cantabria

ELÍAS MARTÍNSACERDOTE

Aborrezco las calles en las que no puedo parar, si no me expongo a ser atropellado por otro peatón, que tiene todo a su favor para ir movidito. Y las playas, ahora que llega el tiempo, en que quedo encajado entre toallas y sombrillas. Y los pueblos, llamados históricos, en que hay que estar dispuesto a recibir y dar codazos para tomar un café o hacer la visita a lo que se considera portento del lugar y que uno no debe dejar de visitar, y más sabiendo que el amigo nos está esperando con la preguntita: «¿Qué te ha parecido? ¿A que es formidable?». Me niego a entrar por este portillo donde el gusto lo impone la mayoría. No estoy dispuesto a hincar testuz y criterio ante ella. No transitaré este camino que marcan los más a los menos, y con tal exigencia que de no hacerlo nos advierten que no vamos a sobrevivir.

Reconozco, pues, que soy de gustos estragados y de pensares poco concurridos por la generalidad de las personas. Llego al extremo de que cuando me planteo algo tan de cada día como es el caminar, busco trochas inusuales y parajes no inventados por donde sea difícil encontrar sino a otros despistados conscientes como yo.

Esto viene a que uno de mis arrebatos últimos me llevó a las afueras de Cantabria, concretamente al municipio de Valdeprado del Río (Cantabria), guardado por sólo tres centenares de esforzados habitantes, que siguen fijando esas tierras para que la carrasca, la zarza o el tojo no se las lleven de calle, completando una invasión de los que hoy aún son praderas y fincas.

He admirado el mimo con que los 'fijos' conservan unas y otras, con un trabajo de contención que nadie diría que puedan realizarlo estando como están con unas fuerzas ya muy gastadas por años y durezas.

Pueblos como Hormiguera, San Vitores, los Carabeos -pueblos trinitarios donde los haya, tres y, sin embargo, uno-, Montesclaros, Aldea de Ebro (donde se construye un puente para que Mediadoro, Bustidoño y algún otro pueblo no sean inaccesibles al resto de sus hermanos)... Todo lo he corrido y, como me ha gustado, a los pocos insumisos e insubordinados a la imposición de los placeres y gustos de la mayoría animo a que se decidan, en tiempo vacacional o en cualquier momento, a perderse por estas afueras de Cantabria, que tienen esa distinción y fineza estética que ellos anhelan y que la mayoría ni desea ni, por ende, busca.

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