Un oso sigiloso ronda Valderredible

Manolo, Javier y Juan Carlos, de izquierda a derecha, a un lado de la barra, y Pablo y Juan, al otro, en el ambigú de La Serna, conversan sobre la presencia del oso. ::                             CELEDONIO/
Manolo, Javier y Juan Carlos, de izquierda a derecha, a un lado de la barra, y Pablo y Juan, al otro, en el ambigú de La Serna, conversan sobre la presencia del oso. :: CELEDONIO

Los vecinos, entre el desconocimiento y la incredulidad por la presencia del plantígrado | La detección de un joven ejemplar hace unos días por su ataque a una colmena en aquella zona ni preocupa ni asusta en la comarca valluca

TEODORO SAN JOSÉSANTANDER.

Alguien dijo alguna vez aquello de que 'si sabes lo que va a hacer un oso, sabes más que él'. Y aunque el ejemplar de oso pardo que pulula por Valderredible presumiblemente es joven, ya se comporta de acuerdo a la ancestral forma de actuar de su especie. Se mueve y campa con sigilo, seguramente entre las dos luces y siempre lejos de la presencia humana. A veces, no obstante, le pierden las formas y le puede al hambre, o su condición de goloso, y entonces arrampla con varios panales. Sucedió en un colmenar instalado en terrenos cercanos a las localidades de La Serna, Población, Loma Somera o Bustillo del Monte, y es lo único que, hasta la fecha, ha denunciado su presencia. Lo único en semanas.

Porque el joven oso pardo lleva varias semanas deambulando por aquel valle cántabro y por los territorios anexos de La Lora burgalesa y palentina. Y, sin embargo, ha sido capaz de pasar desapercibido. Hace un mes, guardas de la guardería burgalesa ya detectaron la presencia del plantígrado, pero el mismo sigilo que observa el oso han seguido los responsables de su protección. Tanto, que los habitantes de las localidades vallucas nada saben de que tengan un oso por vecino. E, incluso, algunos se muestran sorprendidos de que pueda ser cierto.

El día ha salido raso y el sol de agosto no tarda en apretar. Apenas se ve gente por la calles, ni veraneantes ni vecinos. Ayer, por la zona de Valdelomar, uno de los posibles pasos por los que el oso haya podido acceder a Valderredible, nadie sabía nada. De hecho, reciben la noticia por primera vez. Y abundan los gestos de sorpresa. «¿Qué dice? ¿Por aquí un oso?» se extrañan unas mujeres de paseo matinal entre San Andrés y San Martín de Valdelomar, y que dicen no estar preocupadas si fuera cierto «porque no atacan a las personas. Que vivan por ahí».

Más adelante, en la localidad de Castrillo, Inma asegura que es «la primera noticia que tenemos por aquí. ¡Qué bueno! Me alegraría que fuera verdad», exclama la encargada de la cara rural La Torre, a quien le agrada que un oso, que los osos, puedan volver a instalarse por Valderredible. «Me molestaría que le asustaran», dice en referencia a que el joven oso se convierta en objeto de peregrinaje y acabe volviendo por donde vino antes de tiempo.

Al otro lado de la carretera, José Antonio va camino de su colmenar. Vestido con su característico traje blanco de protección y con el ahumador en la mano, atiende veinticinco colmenas. «Por aquí no se ha oído nada. Y tampoco de lo del 'pastor'; mañana tendré que llamar a la Consejería para enterarme», decía el apicultor en referencia a que se les pueda proveer de pastores eléctricos para guardar el colmenar de posibles ataques. «¿Preocupado? Aún no me ha dado tiempo».

En Villanueva de la Nía se repiten los gestos de extrañeza y el desconocimiento respecto a la presencia del oso. «Pregunten al alcalde, que él tendrá noticias sobre si ha habido daños», nos aconsejan. El regidor de Valderredible, Luis Fernando Fernández, desde Arantiones, se limita a confirmar la presencia del oso pero sin dar más detalles. «Nos han pedido discreción, y así será. Ojalá se quede por aquí», expresa, lo que se traduce como un deseo a medio camino entre la confirmación de que Valderredible «es un paraíso natural y muestra de la garantía de calidad de sus montes» y la necesidad de regular las masificaciones para evitar su degradación.

Solo historias

«¿Un oso? ¡Venga!», dicen incrédulos casi al unísono Isabel y Óscar, dos vecinos de Población de Abajo, cuando se les pregunta a cerca del plantígrado. «Yo de osos sólo he oído hablar lo que mi madre contaba de lo que escuchaba a los abuelos», indica Isabel. En cambio, Fernando, un jubilado de 65 años que andaba podando un árbol, niega que por aquella zona hubiera nunca osos: «Ni vi, ni oí jamas», asegura. «Y que haya un oso da un poco de respeto, ¿no?».

Carretera arriba, en el ambigú del centro cultural de La Serna, un grupo de veraneantes originarios del pueblo charla amigablemente. «No se ha oído nada», ratifica uno de ellos sobre la posible presencia de un oso por la zona, «¡Anda que no sería bonito verlo o saber que anda por aquí!», señala Javier. También a Pablo, desde el otro lado del mostrador, le «agradaría que haya osos» por la zona, en donde dicen que los últimos plantígrados «pudieron estar igual hace ochenta años por lo que en su día nos contaba el tío Ismael». Javier, otro contertulio, comenta que él oyó «historias, cuentos de los abuelos de que uno, una vez, se pegó con un oso en una cueva...»

Al final del pueblo, allí donde el camino se adentra en el monte, Bernardo regresa de cuidar el ganado. «¿Oso? ¿De dónde sale eso?», dice extrañado este curtido ganadero de 57 años, que reconoce no creérselo porque «aquí nunca se oyó nada de osos». Al insistirle en su posible presencia, dice: «Me gusta ver animales salvajes. Si no es malo... más daño que hacen los lobos no creo yo que haga, ¿no?, que nos mata animales y no los cobramos. Si no hacen daño, no me importaría nada que haya osos por aquí».