Coco Piris, una lección de vida artística

Se cumplen veinte años de la muerte de la galerista que abrió en Santander numerosas ventanas expositivas

Puso al arte en la calle; impulsó numerosos proyectos e iniciativas para divulgar la creación de los artistas cántabros en su tierra y en exposiciones colectivas en Madrid; y en los jardines de Piquío organizó la exhibición de muestras de creadores como Chus Otero, Ramón Muriedas y Cacicedo. María Manuela Piris, Coco Piris (1939-1990), fundadora y directora de la galería Rúa de Santander, fue una personalidad clave en el desarrollo del mundo del arte en Cantabria, en el ámbito expositivo en particular, y en ese cordón umbilical entre el mundo del arte y la ciudad. Esta semana se cumplen veinte años de su desaparición.

Galerista del histórico espacio Rúa y comisaria de exposiciones, la santanderina murió el 26 de agosto de 1990 tras un larga y dura enfermedad. La sala expositiva fue inaugurada en 1975 en la calle del Medio y, desde su creación, se convirtió en una ventana a nuevas propuestas plásticas de Cantabria, exposiciones de históricos artistas de la comunidad y otras apuestas nacionales ligadas a la actualidad.

En su trayectoria destacó el apoyo a muestras colectivas, el impulso a iniciativas de jóvenes creadores y propuestas como la del Certamen de Arte Joven Rúa. En la última etapa de su vida asumió la responsabilidad de coordinar las exposiciones temporales de la Fundación Marcelino Botín, sentando las bases de una cultura expositiva y de una labor en la institución santanderina que hoy en día se ha convertido en referencia nacional e internacional.

El poeta, escritor y crítico Leopoldo Rodríguez Alcalde, ya fallecido, en un perfil literario de la figura de Coco Piris, con motivo de la exposición de homenaje celebrada en la Fundación Botín en junio de 1991, sostenía que cada exposición de la Galería Rúa «quedaba bien lejos de toda rutina, tanto académica como progresista, y que cada pintor que por allí pasaba acreditaba su grano de sal»: «Allí se pudo admirar la última exposición del incomparable Manolo Raba, aquellos dibujos donde se resumía y se magnificaba la prodigiosa imaginación plástica de nuestro gran amigo. Allí vimos grabados de Dalí, aguafuertes de Solana, muestras bellísimas del impresionismo español, júbilos imaginativos de la hija de nuestro gran Fernando Sáez, preciosos dibujos coloreados de Francisco Bores, férvidas notas de color de Guinovart, rasgos ávidos e incisivos de Alberto Ramírez; nombres y cuadros que iban y venían aportando la realidad y el recuerdo de aquellos vinos de última hora, de las mujeres bonitas que no faltaban, de algún primer paso que sería buen anuncio de una fructífera carrera».

El certamen que convocó «entreabría caminos a los artistas jóvenes queno faltaban a la cita. Y también de vez en cuando se evidenciaba el polifacético entusiasmo de Coco Piris con veladas musicales, conferencias donde no faltaban el rasgo sensible o la ocurrencia felizmente escabrosa, alguna representación de teatro más o menos vanguardista, quizá más ilusionada que convincente».

Tras concluir el bachillerato, Coco Piris se dedicó al perfeccionamiento del idioma inglés, hasta obtener la titulación por la Universidad de Cambridge. Después de vivir varios años en Londres, regresó a Santander en donde transcurre el resto de su vida. Espontáneamente interesada en la pintura, en 1975, con una exposición de Manuel Viola, inauguró la citada Galería Rúa, asociada al polifacético Ramón Calderón y al fotógrafo Angel de la Hoz. A los dos años, continuó en solitario con la responsabilidad y destino de la sala. En 1976, decidió poner en práctica uno de sus empeños mas deseados: sacar el arte a la calle y con esfuerzo económico organizó en los Jardines de Piquío, la muestra de escultura del zamorano José Luís Coomonte, con piezas de hierro de gran tamaño. A esa muestra veraniega, siguió otra de escultores de Cantabria, también con piezas de piedra de Jesús Otero y otras esculturas de hierro y otros materiales aportadas por Cacicedo, Ramón Calderón, Villalobos, Gema Soldevilla,o Avecilla.

Coco Piris potenció la recuperación de la memoria del, para ella, «más internacional y olvidado pintor santanderino»: Francisco Iturrino. Rastreó su obra por galerías de toda España y muy especialmente en el País Vasco y en octubre de 1977, con el título de 'Iturrino: Bodas de oro de una ausencia', en Rúa, organiza una exposición homenaje sobre el 50 aniversario de la única exposición de nuestro pintor cántabro-vasco en Santander y que tuvo lugar en el Ateneo en 1927. Como recuerdo de la exposición en Rúa, fueron adquiridas para el Museo de Bellas Artes dos obras. A partir de 1984 deja su actividad en Rúa (transformada en Salón de Té), para pasar a ocuparse de la Sección de Arte de la Fundación Marcelino Botín, donde organiza exposiciones temporales y colectivas, también con salida a la calle en una exposición de escultura de vanguardia en la Plaza de Pombo.

Mientras luchaba contra el cáncer, mantuvo su actividad y ultimó la organización de una exposición para la Fundación Marcelino Botín: 'Ignacio Zuluoaga', en colaboración con el Museo del artista. Respecto a su gestión dentro de la Fundación fue «un providencial elemento de promoción para vocaciones que despuntaban». De esa etapa destaca, sobre todo, una exposición calificada de audaz: «un Vía Crucis pictórico cuyas catorce Estaciones (precedidas de una bella composición de resumen) habían de confiarse a otros tantos pintores, acompañados en su tarea por otros tantos poetas».

En sus últimos años, puso en marcha una nueva actividad: la efímera y cordial agencia 'Civitat', entregada a las iniciativas de arte.

Santander, apuntó Rodríguez Alcalde a la hora de hacer memoria, «ha de agradecer mucho a su imaginación, a sus iniciativas, a sus impulsos, a aquella preocupación infatigable por descubrir talentos y por ensalzar ánimos».

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