'Aragón' podrá elegir entre el hombre y el oso

El osezno ha estado a dieta porque crece demasiado deprisa y ha pasado a un espacio con hierba para evitar que las piedras le ulceren las plantas de las patas Cabárceno le prepara un recinto en el que verá a los plantígrados a un lado y, al otro, a la gente

TERESA COBOSANTANDER.

'Aragón' no sabe el aspecto que tiene un oso, aunque él lo sea. No ha visto a ningún individuo de su especie desde que, con apenas unas semanas de vida, los contrabandistas lo separaron de su madre. El equipo técnico del Parque de la Naturaleza de Cabárceno había previsto introducirlo en otoño en un recinto de transición en el que sólo vería plantígrados, pero ha cambiado de estrategia. Su apego a las personas es tal, que será el cachorro el que marque el ritmo de su desvinculación emocional del ser humano. Por un tiempo, podrá elegir entre acercarse a los osos o a la gente.

Cabárceno trabaja ya en el acondicionamiento de un espacio verde que acogerá a 'Aragón' durante al menos dos años. Desde allí tendrá contacto visual, auditivo y olfativo con los demás osos del parque. Pero, al otro lado del recinto, podrá ver, oír y oler a los humanos. Los visitantes no perderán la oportunidad de observarlo. Y él se irá decantando por una parte u otra de la verja.

Cuando pese cerca de cien kilos (ahora va por dieciséis y medio), intentarán integrarlo con sus congéneres. El contacto físico con los plantígrados le está vedado hasta entonces. Las osas sólo se muestran maternales con sus propias crías y (y a veces ni siquiera con todas, si tienen más de dos). Rechazan cachorros ajenos, a diferencia de las elefantas, las monas o hembras de otras especies. En el recinto de los osos, sin la suficiente corpulencia para defenderse, 'Aragón' no tardaría en morir.

La fecha del traslado de la cría de oso pardo al área de transición dependerá de cómo evolucione. Cualquier problema de salud retrasaría el cambio. Ahora tiene ulceradas las plantas de las patas. Las piedras del recinto de cuarentena le han ocasionado pequeñas heridas. No es el suelo más indicado para un plantígrado, sobre todo en los días en los que el sol recalienta los guijarros.

El equipo veterinario ha abierto para el cachorro un habitáculo colindante con el que ha ocupado hasta ahora. Ambos se comunican a través de una puerta trasera, por la que puede pasar libremente de uno a otro. Al principio se empeñaba en regresar al primer módulo, con el que estaba familiarizado, pero ya ha descubierto las ventajas de pisar un suelo blando y con hierba que alivia sus molestias al andar.

Las heridillas tardarán «entre ocho y diez días en cicatrizar», explica el veterinario Santiago Borragán. Tratarlas con desinfectante sería inútil por el continuo contacto de las plantas con el suelo. Además, 'Aragón' se chuparía los pies y podría intoxicarse. «Es mejor cambiar el sustrato que pisa para que sanen solas».

Ha dado el estirón

El gran reto de los cuidadores en esta fase es controlar el peso del osezno. «Come como un sabañón. No queremos que crezca tan deprisa. Si el estirón es muy rápido, sufre dolores en las articulaciones. Tenemos que jugar con la cantidad de comida. Se la hemos tenido que bajar, pero ahora volveremos a subirla. Aún está retrasado en relación con sus hermanos (todos nacen en enero), pero está sano. Ya se igualará», dice Borragán.

Cuando llegó a Cabárceno, 'Aragón', erguido, les llegaba a sus cuidadores por la rodilla. Ahora ya puede intentar arrancarles el cinturón. Hoy, para desayunar, se ha zampado cinco peras pequeñas, una manzana grande, un generoso racimo de uvas, dos zanahorias, unas hojas de repollo y un cuenco de pienso especial para cachorros de perro. Y, por la tarde, repetirá idéntico menú, además de vitaminas y minerales.

Con el paso de las semanas, el pelo del cachorro se ha aclarado y se ha vuelto tupido y lustroso. La rica y variada dieta a base de frutas y verduras contribuye a hermosearlo. Tomate, calabacín, pepino, lo que sea. Todo lo que trae el camión de reparto le apetece al voraz 'Aragón'.