¿Fin o reinvención del conocimiento impreso?

Los nuevos medios plantean un acceso a la información más global, que provoca, a su vez, la necesidad de rediseñar determinadas profesiones y negocios

MARTA LANZA REDACCION@INNOVACANTABRIA.ESSANTANDER.
Espacio Fraile y Blanco fue el lugar que albergó el debate que puso sobre la mesa una nueva revolución cultural, la propi               ciada por Internet.  ::
                             BORJA URÍA/
Espacio Fraile y Blanco fue el lugar que albergó el debate que puso sobre la mesa una nueva revolución cultural, la propi ciada por Internet. :: BORJA URÍA

No hay por qué alarmarse; no significa que la sociedad tal y como la entendemos vaya a desquebrajarse; no supone el fin inmediato del libro ni de los medios impresos... No, pero, lo que sí que es cierto, es que, cuanto antes seamos conscientes de la dimensión de este fenómeno, más preparados estaremos para adaptarnos a él.

Para ello, mensajes como los que, de forma tan clara y meridiana, lanza el pedagogo y filósofo argentino Alejandro Piscitelli, son de gran ayuda, especialmente para comenzar a reflexionar sobre cómo, cada uno de nosotros, ha de plantearse, si lo considera necesario, su «reinvención».

Como oportunidad única para conocer su discurso, Piscitelli participó esta semana en la conferencia «Los Social Media vs. Gutenberg: ¿final anunciado?», organizada por Innova Cantabria, y con la colaboración de Piquío.com, Talentya, El Diario Montañés y Telefónica. En el entorno de Espacio Fraile y Blanco, el ponente y provocador argentino estuvo acompañado del director de El Diario Montañés, Manuel Campillo, y del director territorial de Telefónica, Fermín Llaguno, además de Juanjo Fraile, presidente de Fraile y Blanco.

Punto de no retorno

En el transcurso del acto, el pedagogo explicó que existe una revolución cognitiva, un cambio en la «ecología mediática», en cómo la gente piensa, siente y, como consecuencia, en cómo la gente produce. Esto ha sido provocado, según señaló Piscitelli, porque hemos llegado a un punto de no retorno, «a un cambio muy brutal en las prácticas sociales generado, básicamente, por Internet, la masificación y por la des-intermediación».

Para entenderlo, no hay más que pensar en cómo era el acceso al conocimiento o a la información a principios de los 90, cuando ésta era «un bien tremendamente escaso y existía una gran diferencia entre tener o no un acceso físico a la información, porque si no se disponía de él, uno no se enteraba de las cosas que pasaban».

Frente a aquellas restricciones que imponía el haber solidificado el conocimiento, a través de la imprenta, hoy en día, cuando existen 1.800 millones de personas en el mundo conectadas a Internet, el acceso al conocimiento se ha convertido en un , en una mercancía. Es sobre las posibilidades de ese fenómeno sobre lo que a Piscitelli le gusta pensar y reflexionar: «A mí lo que me interesa es lo que se puede hacer de ahora en adelante y, sobre todo, qué pasa en un mundo donde el acceso a la información es cada vez más fácil y las posibilidades de interpretaciones son cada vez más amplias».

Una era post

Las respuestas a esa inquietud sobre lo que nos deparará el futuro, se irán disipando, pero, lo que es cierto, es que, según Piscitelli, vivimos en una era , que supone el fin del que él denomina «el paréntesis de Gutenberg». La imprenta, que hace cinco siglos revolucionó la forma en que se transmitía el conocimiento, poniendo fin, por su parte, a la época de la oralidad primaria, hoy ve cómo su hegemonía llega a su fin. Según Manuel Campillo, director de El Diario Montañés, no obstante, aún tardará en llegar el día en que se pierda el papel, aunque, reconoció, «su futuro es incierto y limitado».

La información ya no precisa estar impresa: la información fluye sin parar a través de Internet, se utiliza, se comparte, se transforma, se valora... Esto implica que se está abriendo paso a esa era , derivada de muchos factores pero, principalmente, de la crisis de las 4p: de la industria de la imprenta, de los profesores, del periodismo y de la publicidad. Todas ellas, "profesiones asimétricas de transmisión, en las que existe una diferenciación clara entre el productor y el consumidor». No es, según explica Piscitelli, que desaparezcan los periodistas o el publicista convencional, sino que han de reinventarse y convivir con nuevas figuras híbridas como los «prosumidores», consumidores que están muy informados. Algo, que, como afirmó Fermín Llaguno, de Telefónica, supone que todos debamos adaptarnos a esos nuevos modelos. Lo mismo ocurre con el libro, los medios impresos y la educación en general: la nueva situación exige una «reinvención», una redefinición de la industria, de las estructuras.

AG/DG

Es así como Piscitelli muestra que el mundo de Gutenberg está llegando a su fin y su verdugo es, precisamente, Google. Por eso, ahora, se puede decir que la historia se empieza a dividir en dos: antes de Google y después de Google (AG/DG).

Este buscador hace un análisis de las decisiones de las personas, de lo que quieren saber, de lo que quieren hacer. Google está, así, cerrando el paréntesis que se abrió en 1440 con la invención de la imprenta y que concluye en 2010 con la pérdida de la hegemonía de la imprenta como transmisora de conocimiento. Pero, por supuesto, igual que había vida antes de este invento, habrá vida después de él. Un mundo para el que hay que encontrar nuevos modelos de negocio, nuevos soportes, hay que diseñar audiencias...

Surge, así, la oralidad secundaria, o post-imprenta, cuyos mecanismos de creación son los de re-mix, que quiere decir que toda creación es derivada, fue una idea de otro que modificó un poquito y que todo puede ser alterado con las técnicas digitales. En este punto, el interés se centra en el zurcido entre la alta cultura y la baja cultura.

Que la sociedad está cambiando es algo que llevamos escuchando desde hace años, pero la «guerra cultural» que presenciamos entre pantalla y papel, se ve impulsada por generaciones de «nativos digitales» que se caracterizan por una «dieta cognitiva» en la que pesan mucho más los formatos digitales o los audiovisuales. Ante esto, la opción, según Piscitelli, es saber fusionar lo viejo con lo nuevo, las formas convencionales de producir con las surgidas con esta revolución que ha supuesto la eclosión de Internet en los últimos 15 años. Teniendo en cuenta que esos 1.800 millones usuarios suponen el 27% de la población mundial, ¿qué puede llegar a ocurrir cuando ese porcentaje se duplique o triplique?