LA CASA DE JUAN COSME ALBO EN LIMPIAS Y SU PUENTE

AURELIO GONZÁLEZ-RIANCHO COLONGUESMÉDICO Y MIEMBRO DEL CENTRO DE ESTUDIOS MONTAÑESES
La casa Albo y el puente, ya derribado, en una vieja fotografía. ::
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La casa Albo y el puente, ya derribado, en una vieja fotografía. :: DM

No puedo o no quiero creer lo que estoy leyendo. Algunas noticias no son creíbles. Estamos en el año 2010 y en una España aparentemente culta y respetuosa, donde nadie puede derribar impunemente, por su gusto, parte del patrimonio, -ese puente que nos unía con generaciones pasadas y que estaba destinado a vincularnos con las venideras-, esa parte de nuestro patrimonio común, ése que es de todos y que tenemos la obligación de proteger para transmitirlo a nuestros hijos. La noticia debe ser un error, pensé, vivimos en una comunidad que protege y no tolera la destrucción de nuestra herencia, tenemos una Consejería de Cultura que vela por ello y que no puede permitirlo, probablemente es un error o alguien nos está tomando el pelo.

En el año 1723 Juan Cosme de Albo, natural de Limpias, encargó al maestro Pedro de Toca Ano, y a su hijo de igual nombre y segundo apellido Solórzano, la construcción de una casa para su vivienda. Los maestros construyeron una casa cuyo encanto era lo acertado de sus proporciones respecto al entorno. Fue levantada en mampostería con sillería en los esquinales, de planta cuadrada y tejado a cuatro aguas, con una fachada sencilla en la que destacaba un balcón con balaustrada metálica y el blasón familiar con los apellidos Albo Palacio, Arredondo y Zorrilla. González Echegaray dice que la casa tenía capilla a San Andrés. Un precioso puente de piedra, labrado por los mismos maestros, salvaba el riachuelo y permitía en aquellos tiempos llegar a la casona, realzado por el rollo heráldico con el escudo familiar coronado por una cruz y el magnífico magnolio, que probablemente también les sobrará a los destructores.

Vuelvo a leer la nota de prensa e, incrédulo, llamo a mi amigo Cubría, tantos años velando la defensa de esa herencia, y me lo confirma desanimado el desatino. Hago varias llamadas a otras personas y no lo creen; les tengo que convencer de que no es una broma. Se ha mutilado la casona de Juan Cosme de Albo en Limpias, y su puente de acceso, el que libraba el arroyo que torneaba la casa, ha sido derribado.

Era uno de mis rincones favoritos, muchos amigos a los que he llevado a visitar el lugar lo atestiguarán. Hace muy poco Esperanza Botella, con responsabilidades patrimoniales, quedó sorprendida de su belleza. A lo largo de los años fueron muchos los que se fijaron en su encanto, algunos fotografiándolo para tenerla en su memoria; otros, conservacionistas del patrimonio, estudiándolo como Carmen González Echegaray, -es mejor, querida amiga, que no vuelvas por ese pueblo que tanto te gustaba, consérvalo así en tu memoria-, también Aramburu-Zabala y Celestina Losada, quienes coordinaron el Catalogo Monumental de la Cuenca del Asón, o Carmen Ceballos y Santiago Sobrino, que recientemente realizaron un gran trabajo que en cualquier otro lugar hubieran servido para su protección.

Por si fuera poco, estos historiadores intentaron en el año 2008 resguardar el lugar mediante su declaración como Bien de Interés Cultural, figura protectora que evitara atentados como el actual. El Centro de Estudios Montañeses informó positivamente, pero la Dirección General de Cultura no opinó igual y fue denegada la custodia institucional, (BOC nº 199 de fecha 16 de octubre de 2009) pues en su criterio «la Casa de Albo no era representativa de ningún aspecto destacado de la cultura de Cantabria y no se podía encuadrar en ninguna corriente artística».

Hispania Nostra, que aconsejo a los lectores entrar en su web de 'Lista Roja del Patrimonio', no se andan con cortesías gratuitas y escribe, para vergüenza de algunos, que «por desgracia y ante la vergonzosa e irresponsable pasividad de las autoridades municipales y autonómicas el puente de piedra acaba de ser derribado». Por nuestra parte poco se puede añadir, salvo mirar la imagen que acompaña a esta tribuna.

Muchos compartíamos el criterio de que Limpias era uno de los pueblos cántabros con más posibilidades de futuro. Su arquitectura civil y religiosa tan rica, la profusión de casonas y palacios, sus torres, su belleza natural, su río Asón que fue navegable y surcado por barcos de calado, como lo atestiguan viejas fotografías, su proximidad a otro lugares especiales de la costa como Laredo y Santoña, y también del interior como Ampuero, Ramales y Voto, hacían a este lugar merecedor de un prometedor futuro. Sin embargo el desarrollo desordenado e insostenible, el ladrillo, la especulación, la ignorancia interesada y la desidia lo están truncando.

La voracidad constructora a cualquier precio, cabalgando sobre la atrevida ignorancia, nos ha privado de un rincón muy especial y ha golpeado irremediablemente al patrimonio.

Nadie tiene derecho a atentar contra nuestra cultura. Muchos nos sentimos heridos y decepcionados y aunque el mal está consumado, exigimos a los encargados de proteger al patrimonio que cumplan con su obligación, expliquen lo sucedido y sancionen ejemplarmente esta manifestación de barbarie.

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