El Sáhara occidental

J. GABRIEL HERRERÍAVICEPRESIDENTE DE CANTABRIA POR EL SÁHARA

Los niños y niñas saharauis que han pasado el verano en Cantabria regresan a Tinduf. Un año más se repiten las escenas de despedida de 'sus familias cántabras' y de la vuelta ¿a casa? Sí, a casa, porque aunque en la hamada argelina no haya piscina y las playas de su querido Sáhara se encuentren al otro lado del muro criminal levantado por el invasor marroquí, aunque los fuegos artificiales de las fiestas puedan convertirse en el fuego real de la guerra, aunque la abundancia se torne en escasez y las suaves brisas del Cantábrico en siroco abrasador, allí les aguarda el cariño de toda su familia y muy especialmente el de unas madres y abuelas que en las duras condiciones del exilio han sido capaces de levantar auténticos hogares. Los abrazos y las lágrimas, contenidas unas y no tanto otras, se repetirán en los aeropuertos de muchas ciudades españolas. Pero ¿hasta cuando este rito de ida y vuelta? ¿Cuántos años más hemos de ver repetidos titulares como 'Llegan los niños saharauis' o 'Los niños saharauis regresan a Tinduf'?. Durante dos meses hemos revisado su salud, les hemos alimentado, han crecido, se han divertido junto a nuestros hijos en las fiestas de nuestros barrios y pueblos, han corrido sobre arenas distintas a las del desierto y han chapoteado en las aguas de nuestros ríos y jugado con las olas de las playas del Cantábrico. Y las familias acogedoras, nos habremos emocionado con sus reacciones ante la visión del mar y enternecido al contemplar su cara llena de helado de chocolate o su sueño reparador después de un día agotador. Y junto a ellos y nuestros hijos habremos asistido a recepciones oficiales, concentraciones y manifestaciones en las que se reclamaba la libertad y la independencia para el pueblo saharaui. ¿Cuántos veranos más vivirán separadas de sus hijos las madres saharauis?¿Dónde está el límite de la paciencia saharaui? ¿Cuántas traiciones, cuántas muertes, cuántas violaciones de sus derechos está dispuesto a soportar antes de que las armas sustituyan a las palabras? Son estas preguntas a las que únicamente el Pueblo Saharaui puede responder. Pero hay otras cuyas respuestas corresponden a los ciudadanos españoles y al movimiento de solidaridad. ¿Cuánto tiempo más vamos a contentarnos con acoger en nuestros hogares a los hijos del exilio? ¿Cuántas caravanas humanitarias más estamos dispuestos a hacer llegar hasta Tinduf? ¿Cuántos 14 de noviembre tendremos que vernos en Madrid antes de hacerlo en El Aaiún liberado de la ocupación marroquí? ¿Cuánta impotencia, cuanta rabia contenida, cuanta vergüenza por la política de nuestros gobiernos estamos dispuestos a soportar?. Para Cantabria por el Sáhara la cuestión es clara: el Movimiento de Solidaridad con el Pueblo Saharaui ha de plantearse seriamente ampliar el escenario de su lucha. 'Vacaciones en Paz' seguirá siendo un alivio para las duras condiciones que soportan los menores en el exilio y una magnífica herramienta de sensibilización, pero su eficacia será limitada si no se encauza debidamente hacia el objetivo final que no es otro que la libertad y la independencia del pueblo Saharaui. También las caravanas de ayuda humanitaria y los proyectos de cooperación seguirán siendo necesarios para alimentar la resistencia de los refugiados, especialmente en estos tiempos en que la crisis económica y los desastres naturales se ceban en los más desfavorecidos. Pero nada de esto ha sido ni será suficiente para despertar la conciencia de nuestros políticos; muy al contrario, en muchos casos el 'yo ya he dado' será la excusa perfecta para que sigan adormecidas. Por eso creemos llegado el momento de ampliar el escenario de nuestras reivindicaciones a los Territorios Ocupados del Sáhara Occidental, donde Marruecos, con la vergonzosa complicidad de la comunidad internacional y especialmente del Gobierno de España, viene imponiendo su ley, la ley del terror, desde su ocupación en el año 1975. En este sentido, el ejemplo a seguir es el de los activistas que vienen ejerciendo como observadores internacionales y acompañantes de los activistas saharauis de DDHH, actuaciones que, a la vista de lo ocurrido días pasados, incomoda seriamente tanto al Gobierno de Marruecos como al de España.

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