Un desacuerdo sin fin

Caamaño charla con la presidenta del TC, María Emilia Casas. ::
                             EFE/
Caamaño charla con la presidenta del TC, María Emilia Casas. :: EFE

Aunque algunos indicios apuntan a que puede estar cerca una solución, Zapatero tiene todavía un buen problema con el Tribunal Constitucional y con su urgente necesidad de renovación. Con independencia de que la sentencia de la corte sobre el 'Estatut' de Cataluña supuso un quebradero de cabeza para el Gobierno, la renovación de un tercio de la institución, pendiente desde diciembre de 2007, se va a unir con el segundo tercio que debe ser reemplazado a partir de noviembre. La falta de acuerdo entre socialistas y populares lleva camino de sumir en la interinidad a una de las piezas claves del entramado constitucional.

Zapatero, hasta ahora, ha dejado en manos de los grupos parlamentarios las negociaciones para relevar a los magistrados con mandato caducado, pero el fracaso es evidente y tendrá que descolgar el teléfono para desencallar con Mariano Rajoy la situación. Ya lo hicieron con otros nombramientos de relumbrón, como el presidente del Tribunal Supremo y del Poder Judicial, y con el presidente de la corporación RTVE. El presidente del Gobierno se siente corresponsable, en la cuota que le corresponde, del desprestigio que acumula el Constitucional con la indudable politización de su magistratura y la anómala situación de la mayor parte de sus integrantes. Pero es que, además, ahora la corte vuelve a ser decisiva en una norma que es seña de identidad del proyecto socialista, la nueva ley del Aborto, recurrida por el PP y que con la actual composición del tribunal, de mayoría católica y conservadora, tiene serias posibilidades de ser declarada inconstitucional en varios preceptos.