Las difíciles relaciones con el complicado vecino del sur

Es de prever que la llegada de los embajadores a Rabat y Madrid puede contribuir a normalizar los vínculos bilaterales

COLPISAMADRID.

En el frente exterior, los vientos también parecen calmados. Todo indica que la crisis con Marruecos ha quedado aplacada. Aun así, los propios diplomáticos españoles prevén que Mohamed VI intentará dar un empujón en los próximos meses a sus planes de autonomía para el Sáhara y ese hecho añade incertidumbre a la fotografía de estabilidad lograda por José Luis Rodríguez Zapatero esta semana en Nueva York, cuando se entrevistó con el monarca alauí, pese al conato de polémica por la ausencia de la bandera española y la presencia de la marroquí en la charla de los dos gobernantes.

El envío del embajador de Rabat, Ahmedu Uld Suilem, a Madrid y la llegada a la capital de Marruecos del relevo del embajador español, Luis Planas, será si se produce, como espera España, un buen síntoma de que las aguas vuelven a su cauce tras el proceloso verano con el conflicto de la frontera de Melilla y los incidentes en El Aaiún. Zapatero, además, ha comprobado que puede contar con Mariano Rajoy, no así con el sector más beligerante del PP con José María Aznar a la cabeza, para mantener una buena sintonía con el vecino del sur. La medida visita del líder de la oposición a la plaza melillense hace diez días fue vista con satisfacción en el palacio de la Moncloa.

El Gobierno, de todos modos, sabe que la calma va a durar lo que Mohamed VI quiera. Es conocida su propensión a recurrir al agravio colonial cada vez que se ve acuciado por los problemas internos o necesita hacer un ejercicio de autoafirmación marroquí.

Relaciones con Argelia

Tampoco son ajenas a estas turbulencias las relaciones hispano-argelinas, cuya evolución tiene un impacto inversamente proporcional en Marruecos; si hay sintonía con Abdelaziz Buteflika, hay inquietud en Marruecos, pero si España tropieza con problemas en Argel, hay satisfacción en Rabat. En este momento, los vínculos de España con Argelia atraviesan una fase tranquila en lo político, pese al enfado de las autoridades del país africano por el pago de rescates a Al-Qaida. En lo económico, sin embargo, son muchos los problemas con que han tropezado las empresas gasistas españolas.

Zapatero confía, de todas maneras, en que la recuperada estabilidad con Marruecos quede más cimentada con la reunión que tienen previsto mantener el Rey de España y Mohamed VI en fecha y escenario aún no determinado, pero que se decidirá una vez que se normalice la situación diplomática con la toma de posesión de los respectivos embajadores.

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