Las guitarras de la libertad

José Antonio Labordeta llegó a ver esa «tierra libre» a la que cantaban los que plantaron cara al franquismo y agitaron conciencias. ¿Qué ha sido de ellos?

:: YOLANDA VEIGA
Raimon. Sigue dando conciertos y en julio fue nombrado 'Doctor Honoris Causa' por la Universidad de Alicante./
Raimon. Sigue dando conciertos y en julio fue nombrado 'Doctor Honoris Causa' por la Universidad de Alicante.

Hay una imagen romántica del poeta que anota unos versos rápidos en una servilleta mientras apura el café. Y otra menos romántica, pero más real, de un muchacho en moto que esboza los primeros acordes de una canción mientras el viento le golpea la cara: 'Al vent / la cara al vent / el cor al vent / les mans al vent... (Al viento / la cara al viento / el corazón al viento / las manos al viento...)'. Era el año 59 y Raimon (Xativa, 1940) no se hacía llamar Raimon todavía, sino Ramón Pelegero o 'Pele' para los amigos. Opositor ideológico al régimen de Franco, estaba lejos de imaginar que su 'Al vent' se convertiría en la banda sonora de la lucha antifranquista que se libraría en los años 60 y 70 con las guitarras. El cantautor valenciano fue uno de los padres de la canción protesta en España, una 'criatura' que alumbraron entre muchos: Paco Ibáñez, Luis Pastor, Patxi Andion, Elisa Serna, Luis Eduardo Aute, Serrat, Víctor Manuel, Lluís Llach... y también el recién desaparecido José Antonio Labordeta.

Con su muerte prematura -a los 75 años, víctima de un cáncer- se recupera la biografía de un maño universal que fue profesor, cantautor, político y todo lo que quiso. «Es un hombre íntegro, con la cabeza bien amueblada, inteligente y bueno. Cantando y componiendo no se parece a nadie, es original y no hay posible copia porque es inimitable», le aplaude Víctor Manuel. Se resiste a hablar en pasado del 'abuelo', como llamaban a Labordeta cuando todavía no peinaba canas. El 'Canto a la libertad' que entonó con voz ronca y rotunda en el año 75 (habrá un día en que todos / al levantar la vista / veremos una tierra / que ponga libertad...) alcanza estos días cifras récord de visitas en YouTube.

Y recupera la memoria de aquella canción protesta que escribió en acordes la historia de los últimos años de la dictadura. Una época en la que los atrevimientos se pagaban con la cárcel. «Una vez fui a cantar a León. Había que entregar al empresario del teatro una lista de las canciones para que se las enseñara al gobernador civil. Le di unas cien y sólo me autorizaron una. El teatro estaba lleno, habían venido muchos mineros y sindicalistas de los pueblos del norte, y canté lo que me dio la gana. Luego tuve que pasar la noche en el calabozo». La anécdota la cuenta Patxi Andion (Madrid, 1947), que fue amnistiado en el 77 «porque tenía diecisiete años de cárcel por cantar cosas que la censura había prohibido».

Cantaban no tanto por oficio -y menos aún por dinero-, como por rebeldía. «La canción protesta ayudó a mucha gente a desplegar sus banderas, confortó, dio ánimos, unió. Demasiadas cosas y demasiado peso sobre los hombros de unas cuantas canciones», reflexiona Víctor Manuel que, como Patxi y los demás, asumió voluntariamente esa carga. «La canción protesta fue un sitio al que adscribirse, una expresión en viva voz donde la gente que creía que había que salir de aquello se sintió reconocida. Hablábamos de cosas elementales, de la libertad de reunión, del 'no' a la pena de muerte...».

De la catarsis colectiva al olvido

Aunque con subterfugios. «Lluis Llach logró burlar al régimen con 'L'Estaca porque los censores no vieron en la letra de la canción más que la historia de un niño, un viejo y una estaca a la que estaban atados. Pero cuando se dieron cuenta del efecto que producía en la gente y cómo identificaban la estaca con el régimen la prohibieron. Entonces Lluis se quedaba callado en los conciertos y sólo la tocaba. Pero el público cantaba a coro, lo que acababa con una multa por desórdenes públicos», recuerda José Ramón Pardo, periodista especializado en música y autor de 'Canciones para una transición'.

L'Estaca, dice, fue una de esas letras «escritas con el objetivo de producir una catarsis colectiva». «Había autores como Raimon y Labordeta que carecían de grandes valores musicales pero que, sin embargo, eran grandes agitadores de masas. Y canciones como 'Al vent', que eran simples poemas de cuatro sílabas que la gente aprendía fácilmente. Claro que también había artistas como Serrat que cantaban realmente bien». El catalán «se atrevió a musicalizar poemas de Machado y Miguel Hernández -y hasta de una veintena de poetas a lo largo de su carrera-, lo que representaba un desafío tremendo para el régimen». De hecho, cada canción era un desafío: 'Al alba' (Aute), 'A galopar' (Paco Ibáñez) 'Mi libertad' (Luis Pastor)... Y quienes las cantaban, «grandes combatientes», les reconoce Pardo.

Hoy están en la sesentena y la mayoría sigue en activo, aunque ya no suenan en la radio. «Antes había censura y no te dejaban cantar, pero ahora la radio no pone canciones de cantautor porque no estamos de moda. Nos miran poco menos que como a casposos, como a viejecitos de barba rala e irreductibles de izquierdas que estamos dando la vara que si monarquía que si república... Ignorar también es prohibir», se queja Patxi Andion.

José Ramón Pardo le da la razón. Le duele que salvo excepciones como las de Serrat, Víctor Manuel y otros pocos, el resto no haya tenido más reconocimiento. «Durante el franquismo cantaron lo que no podían contar los periódicos y ayudaron a que hoy estemos como estamos. Recuerdo un concierto de Lluís Llach en el año 76. Había un centenar de políticos catalanes ocupando las primeras filas y aplaudiendo a rabiar, pero luego se hicieron alcaldes y ahora contratan a Bisbal y a Chenoa. Hay un desagradecimiento absoluto por parte de la sociedad y de la clase política de izquierdas, que los cultivó para luego no hacerles ni caso».

«Dylan es 'cool', Paco Ibáñez no»

¿Acaso su tiempo finalizó en 1975? «Entonces había un régimen que mataba, hoy no puedo protestar contra un estado opresor porque ya no me oprime, pero pensar que no tenemos nada por lo que protestar es absurdo», considera Andion. Víctor Manuel lo ve parecido: «No se ha acabado con el sufrimiento, ni con la injusticia, ni con el terror, ni con las desigualdades... Ahí están para quien quiera cantarlas», invita.

Y no falta quien recoja el guante. Con el final del franquismo la canción protesta perdió su significado de referente político y luego vino 'La movida'. Pero a mediados de los años 90 empezó a surgir de nuevo una generación de autores que apostaron por la canción poética, como Ismael Serrano, Rosana, más tarde Bebe. «Son los herederos de aquellos otros, aunque no hacen canción protesta como tal. Actualmente lo más cercano a la canción protesta sería el hip-hop y el rap, la música de los antisistema, de los que no creen en la autoridad», según José Ramón Pardo.

-Ellos no pueden denunciar muchas cosas porque ya están los medios de comunicación para denunciarlas, aunque el 'Malo' de Bebe consiguió en tres minutos y con enorme sensibilidad un efecto mayor que cualquier artículo contra la violencia de género escrito en un periódico.

La violencia machista, la ecología, la crisis... se han convertido en las nuevas dianas hacia la que apuntan los dardos de los cantautores. Como los que lanza Ismael Serrano (Madrid, 1974). Reniega de las etiquetas, pero dice sentirse «deudor» de 'los Serrat y Autes' con los que creció, a los que escuchaba en los discos de sus padres. «Con sus canciones aprendí a tocar la guitarra, han puesto la banda sonora a mi vida». Y en cierta manera él ha continuado su trabajo, en otro escenario, claro. «La sociedad ha cambiado mucho desde entonces. La gente está resignada, no asume el protagonismo que le corresponde y delega en los partidos políticos, a los que encima siente distantes. No tenemos unos dogmas políticos tan claros como nuestros padres, pero también nos cuestionamos las cosas».

Ismael Serrano no sufrirá jamás lo que sufrieron sus antecesores porque hoy nadie ve ya en una guitarra una amenaza. No le censuran, pero tampoco le ponen las cosas fáciles. «Yo soy un privilegiado porque puedo vivir de mi oficio, pero mis discos no suenan en las radios convencionales». Lamenta que «en un contexto en el que la música se consume y se tira, el cantautor tiene poco que hacer». Porque «no está de moda» y porque, además, «hay cierta suspicacia por toda expresión artística que tenga componente ideológico» y «una pose de modernidad que te obliga a distanciarte» de todo aquello que huela a la España de los 60 y los 70. «Decir que tu referencia musical es Bob Dylan es muy 'cool', pero si dices que es Paco Ibáñez... La Transición impuso un corte traumático con todo lo del pasado y pagaron justos por pecadores».

Ese no querer mirar atrás... «Para entender y retratar lo que ocurrió en la dictadura basta coger una canción de aquellas. Allí quedaron plasmados los deseos, las preocupaciones y las esperanzas de la gente».