Ricardo Lorenzo, el arquitecto que abrió la puerta a la modernidad

El repaso al legado del torrelaveguense, en cuya restauración y catalogación trabaja actualmente un equipo de expertos, centra la celebración del Día Mundial de la Arquitectura en la región REVISIÓN

JOSÉ AHUMADA
Modernidad. Los proyectos de Ricardo Lorenzo fueron producto de su tiempo . ::
                             DM/
Modernidad. Los proyectos de Ricardo Lorenzo fueron producto de su tiempo . :: DM

La influencia en Cantabria del arquitecto Ricardo Lorenzo (Torrelavega, 1927-89) va mucho más allá del constante testimonio que aportan sus edificaciones en Santander y Torrelavega, prueba de una actividad casi febril en cuarenta años de trayectoria profesional. Si su obra, reconocible y característica, constituye suficiente argumento para situarle en un lugar destacado, su papel como importador de ideas, tendencias y soluciones -posible gracias a su conocimiento de las nuevas tendencias europeas en las décadas de los 50 y los 60- permitió la llegada de la modernidad arquitectónica a la región y contribuyó a ampliar los horizontes de discípulos y colaboradores que trabajaron con él.

Lorenzo, su huella y su legado centrarán la conmemoración del Día Mundial de la Arquitectura en Cantabria -bajo el lema 'Mejor ciudad, mejor vida. Por el diseño sostenible'-, y será el tema de la conferencia que se impartirá esta tarde, a las 20.00 horas, en la sede santanderina del Colegio de Arquitectos (COACan).

Archivo profesional

La 'recuperación' de la figura del creador torrelaveguense se debe al proyecto de restauración, digitalización, catalogación y publicación 'on line' de su archivo profesional, labor que viene desarrollando un equipo de arquitectos, dirigidos por Javier Romero, tras el convenio de cesión firmado por la familia de Ricardo Lorenzo con el COACan.

Por un lado, esta tarea cumple el objetivo de proteger la enorme cantidad de material (planos, memorias, fotografías, dibujos...) que documenta la obra de Ricardo Lorenzo, permitiendo su estudio y consulta, defendiéndolo del castigo de la manipulación directa. Por otro, supone una experiencia piloto, al tratarse de la primera digitalización que se aborda desde el COACan, a partir de la que se pretende diseñar un protocolo de actuación para futuras iniciativas similares. Por último, persigue proteger y difundir la obra de muchos arquitectos cántabros que puede pasar inadvertida para las nuevas generaciones.

550 expedientes

Prueba de la dedicación de Ricardo Lorenzo son los más de 550 expedientes de proyectos legados -para hacerse una idea aproximada de su volumen, y de la complicación que entraña su cuidado y organización, baste decir que su traslado requirió seis viajes en furgoneta- que en el futuro estarán a disposición de profesionales, investigadores y también curiosos.

Obra reconocible

A lo largo de su vida profesional, Ricardo Lorenzo erigió una obra reconocible que ha influido de manera notable y positiva en la sociedad cántabra, de la que forman parte edificios como la Estación Marítima de Santander, la Cámara de Comercio de Torrelavega o la iglesia de San Miguel Arcángel, en Campuzano, todos ellos elementos destacados en el paisaje urbano de cada una de estas localidades.

En opinión de Javier Romero, responsable del trabajo que se viene realizando con el material cedido por la familia de Lorenzo, este arquitecto fue una especie de «intérprete» para la región de lo que ya se estaba haciendo en Europa y, ya en España, en Madrid y Barcelona. «En aquel momento, la arquitectura tenía un cierto estilo regionalista, de acuerdo con un régimen que quería ensalzar unos valores nacionales. Gracias a Lorenzo y a otros se abre una ventana que ayuda a recuperar el espíritu del racionalismo de los años 20».

Romero explica cómo Lorenzo pone en entredicho todo lo que se venía haciendo por cierta inercia: una ventana, por ejemplo, deja de tener obligatoriamente unas determinadas medidas y características, que ahora variarán en función del resultado que se busque. Además, el interés que Lorenzo mantiene durante toda su vida por estar al día -algo que consigue por la amistad y el contacto que mantiene con varios de los mejores arquitectos del momento- le ayuda a incorporar a sus trabajos elementos que aunque quizás en un primer momento no fuesen fruto de la reflexión sí quedarían posteriormente justificados.

A lo largo de su fecunda carrera, Lorenzo firmó numerosos proyectos y obras de viviendas y edificios públicos, muchos de los cuales han conformado la imagen última de Santander, y que supusieron para la capital en los años 50 un revulsivo, con aportaciones propias del movimiento moderno, y más incluso en Torrelavega, donde algunas de sus edificaciones se distinguen muy por encima de lo hecho anteriormente y también con posterioridad.

Fue, en fin, un pionero que abrió una senda seguida después por tantos profesionales para abandonar el neoclasicismo que demandaban posturas más formales; fue una imagen que significó la ruptura con lo antiguo que no evolucionaba después de la guerra. Frente a banalidades carentes por lo general de calidad estética y constructiva, apareció Ricardo Lorenzo.

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