La arquitectura rural, reivindicada con un lápiz

'La casa tradicional en Cantabria' muestra la construcción típica con 180 dibujos de Alberto Martínez Beivide y Laslo Kardos

MAXI DE LA PEÑA
Noble. Casa de tipología montañesa de Casar de Periedo, en el municipio de Cabezón de La Sal. ::                             DIBUJO: ALBERTO M. BEIVIDE/
Noble. Casa de tipología montañesa de Casar de Periedo, en el municipio de Cabezón de La Sal. :: DIBUJO: ALBERTO M. BEIVIDE

La arquitectura más tradicional es uno de los aspectos más visibles del patrimonio cultural de cualquier territorio y Cantabria no es una excepción», señala en su prólogo del libro 'La casa tradicional en Cantabria', el catedrático de Historia y arqueólogo, Ramón Bohigas. Sus autores Alberto Martínez Beivide y Laslo Kardos Poo, de Producciones El Candelario, intentan poner a salvo con un lápiz, con 180 ilustraciones, y un texto ameno de leer de fácil, el patrimonio arquitectónico de Cantabria. La portada, una típica casa montañesa, está realizada con acuarela. Martínez Beivide es el autor de todos estos dibujos, del guión y de los textos básicos de las 130 páginas que integran este valioso documento didáctico sobre la arquitectura rural cántabra «que es una gran desconocida».

La labor editorial de Kardos Poo, éste como coordinador y diseñador, y Martínez Beivide se ha centrado en estos años en la edición de un calendario etnográfico ilustrado llamado El Candelario y la edición de los dos tomos 'Las Cosas del Candelario' que recopilan toda la información que aparece en las distintas páginas de éste. Martínez Beivide, también conocido por su faceta musical en los grupos Saltabardales y ahora en Landeral, considera que la «belleza de nuestras casas, barriadas y pueblos son el resultado del continuo esfuerzo, buen gusto, sentido práctico e ingenio de las generaciones que nos han precedido y son muchos los kilómetros que hay que recorrer para encontrar algo parecido, al menos en la Cornisa Cantábrica».

Cantabria ha pasado por épocas recientes en las que muchos de sus moradores tenían escasos medios económicos y preocupaciones mucho más acuciantes que cuidar de la arquitectura, sin embargo algunas de las casas socarrenas u hórreos que han desaparecido recientemente todavía seguirían en pie si las autoridades competentes se hubieran preocupado de este patrimonio etnográfico.

Diferentes arquitectos como Alfonso de la Lastra, Miguel Ángel Aramburu-Zabala, Eduardo Ruiz de la Riva; investigadores como Manuel García Alonso, Ramón Bohigas o Ramón Villegas, entre otros, han editado magníficos libros sobre la materia. De estas aportaciones, se ha visto enriquecido «nuestro trabajo de campo que no pretende más que ofrecer unos conocimientos básicos», precisa Martínez Beivide. Si bien el estilo montañés del occidente de Cantabria resulta más representativo, también se analiza e ilustran los estilos de construcción, no tan divulgados, del oriente cántabro, con sus valles de Guriezo y Soba, los cuales gozan de unas particularidades arquitectónicas propias y dignas de destacar «y que comparten estilo y características con la provincia vecina de Vizcaya, en concreto con la comarca de Las Encartaciones».

Peculiaridades

Las zonas que engloban los diferentes estilos de construcción popular en Cantabria ascienden a siete: Liébana, Campoo/Valderredible; el oriente compuesto por las Villas Pasiegas (incluidas las del norte de Burgos, como Las Machorras) la zona de Trasmiera; Guriezo, Valle de Villaverde y Sámano; Soba y Ruesga y, la principal, La Montaña. Esta última comprende las antiguas Asturias de Santillana, Polaciones y los municipios asturianos de Peñamellera y Ribadedeva, además de parte del oriente de Llanes. Uno de los aspectos que subraya Martínez Beivide son los diversos subtipos que existen en estas siete variantes arquitectónicas. Por ejemplo, comenta que Liérganes, que pertenece a Trasmiera, en el oriente de la región, es una zona de transición y predomina en esa localidad el estilo montañés. Lo mismo ocurre en la cabaña y casa vividora pasiega: «Las chimeneas que se encuentran La Plaza y los barrios de Vega de Pas, no las hay en el pueblo burgalés de Las Machorras». No tocas las casas montañesas disponen de solana y sí en cambio de balcón voladizo. Luego destaca elementos singulares como los tendales de madera, los tipos de pajares o los palomares.

En el capítulo dedicado al hórreo, su autor ha quedado bastante satisfecho por el resultado de la investigación porque es la primera vez que se publica que estas formas constructivas no eran patrimonio exclusivo de Liébana: «Este es el hórreo de montaña, con tejado a cuatro aguas, como los que se conservan en Asturias y el norte de León. El típicamente cántaro era de dos aguas y apenas quedan restos en algunos puntos de la región como Anievas. Estas construcciones salpicaban el paisaje cántabro hasta Liendo, cerca del límite con el País Vasco». La decadencia del hórreo en Cantabria está relacionado con la aparición de las solanas, donde se guardaban los maíces, las patatas y las frutas. Hace hincapìé en las características peculiares de las casa en el valle de Soba, con puntos en común con las estructuras pasiegas, y en las viviendas del sur, en Campoo y Valderredible, «que comparten elementos arquitectónicos con Castilla».

Fronteras estilísticas

El guión que ha pergeñado Martínez Beivide no responde a fronteras políticas sino estilísticas, «por lo que debemos incluir estos valles adyacentes por formar parte del patrimonio arquitectónico que tratamos en el libro». Cuando se construyeron la mayoría de las casas de esos municipios, aún pertenecían a la comunidad de Cantabria «y, por lo tanto, el estilo es el propio de nuestra región».

Los términos arquitectura popular o arquitectura tradicional responden más a una denominación actual y a una visión romántica del pasado, más que a un estilo, cuya evolución de varios siglos nunca ha estado reñido con lo que en su momento fueron nuevas corrientes arquitectónicas como el gótico, el estilo renacentista, el barroco y el neoclásico que están reflejadas en estas construcciones. pese a todo y, como algo de románticos nos queda, hemos decidido utilizar en el título de este libro el término de arquitectura tradicional», afirma Laslo Kardos Poo.

Trabajo de campo

El autor de los textos y los dibujos, Alberto Martínez Beivide, explica que para reunir la información gráfica, «hemos recorrido gran parte de Cantabria en estos últimos años haciendo fotografías que han servido de base para realizar los dibujos, a la par que recopilando información de los testimonios de los lugareños». Así recuerda en torno a esta afirmación, que él y su compañero, editor de Producciones El Candelario, «hemos visitado casas, barrios y aldeas muy bien conservadas, pero también otras con todos los componentes típicos que han sido invadidos por elementos anacrónicos, como balcones y ventanas de aluminio o cerramientos de soportales sin gusto alguno. Probablemente, criterios prácticos y económicos están detrás de estas soluciones tan desafortunadas». Algunos tendidos eléctricos han sido colocados de manera inadecuada en fachadas de edificios tradicionales, lo que ha conllevado a la degradación del conjunto arquitectónico.

En las ilustraciones del libro que están basadas en fotografías actuales, se han eliminado esos elementos «gracias a una óptima colección de fotografías antiguas de distintas fuentes». De esta forma se conseguido perfeccionar el trabajo.

Martínez Beivide y Kardos Poo sostienen que el patrimonio arquitectónico cántabro «es la envidia de todo el norte español, por la mayor riqueza de materiales utilizados, variedades de estilos y la influencia ejercida por los maestros canteranos, en particular los procedentes de la escuela de Trasmiera». Un patrimonio admirable y digno de cosnervación.

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