«En la guerra del Congo algunos escribían desde la capital... y decían que oían cañonazos»

Enrique Meneses Fotógrafo, periodista, aventureroEl periodista que consiguió retratar a Fidel Castro y al Ché en Sierra Maestra expone su obra en el CDIS

JOSÉ AHUMADASANTANDER.
Fidel Castro, en una de las fotos de su famoso reportaje en Sierra Maestra, antes de la Revolución Cubana. ::
                             ENRIQUE MENESES/
Fidel Castro, en una de las fotos de su famoso reportaje en Sierra Maestra, antes de la Revolución Cubana. :: ENRIQUE MENESES

Decididamente, hay gente fabricada de otra pasta. Enrique Meneses ha vivido lo que los demás sólo han visto en películas a lo largo de más de sesenta años dedicados a la aventura y el periodismo. Decir que el tiempo no pasa por él sería mentir, pero hoy, con 81 años, y a pesar de vivir acompañado de una silla de ruedas y una botella de oxígeno, mantiene el mismo espíritu con que se adentraba en la jungla. Un fenómeno. Meneses expone en el Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS) una selección de las imágenes captadas a lo largo de su vida y sus viajes.

-Fotógrafo, periodista, aventurero... ¿con qué se queda?

-Yo no concibo el periodismo sin que haya aventura. Hay que ser aventurero para ser periodista. Salvo los redactores jefes, que están detrás de la mesa dando órdenes.

-Parece que ya no hay fotos como las de antes. ¿No suceden cosas o es que los fotógrafos son peores?

-Las cosas siguen pasando, pero hay que ir a por ellas. Es como decía Messner (Reinhold, el alpinista alemán) cuando le preguntaban que por qué subía montañas: «Porque están ahí». No concibo hacer un reportaje sin estar presente, y conozco gente que en la Guerra del Congo, en el 64 y el 65, escribían desde la capital, a miles de kilómetros, y decían que se oían los cañoneos. Hay que tener un oído muy fino.

-El de Sierra Maestra es celebrado como su mejor reportaje. ¿Está de acuerdo?

-Me ha ayudado mucho que ese señor (Fidel Castro) no se haya muerto. Se empeñó en no morirse, triunfó la Revolución, y me ha hecho vender esas fotos cien mil veces. He hecho otros que en su día fueron 'scoops', pero duraron uno o dos meses. Pero ése, de un país pequeño que se mete con EE UU, cede espacio a la URSS para que instale cohetes que apuntan a Norteamérica... forzosamente tiene más eco. Pero la exposición que traigo a Santander refleja 60 años de periodismo, no sólo lo de Sierra Maestra.

-Como aventurero, ¿qué es lo mejor que ha hecho?

-Irme desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo, 27.000 km ida y vuelta, con el equivalente a unos 300 euros. Estuve en cuatro reinos, porque aún no había independencia en las antiguas colonias inglesas y francesas, viviendo la aventura y defendiéndome para sobrevivir con lo que encontraba en el terreno. Di conferencias en lo que es ahora Zimbabwe, clases de francés en el Cabo... con eso seguí más lejos. Desde entonces he vuelto muchas veces a África.

-¿Ese tipo de periodismo pertenece a otra época?

-No. El periodismo es siempre periodismo. En la antigua Grecia, un señor corrió 42 kilómetros para dar la noticia de la victoria en una batalla...

-...y dio la noticia y se murió...

-... ya, pero ahora la gente hace esos 42 kilómetros y no se muere, así que algo se ha avanzado. Lo que quiero decir es que lo que hicieron Bernstein y su compañero destapando el Watergate también es una aventura. Pero lo que han hecho los periodistas españoles ahora en El Aaiún, hacerse descubrir por subir a la terraza de su hotel, es de tontos. Yo subí a Sierra Maestra después de que hubiesen fracasado los de Time Life. Llegaban en avión directo y les estaban esperando para aparcarlos y que no entrasen en contacto con los subversivos. Yo llegué con guayabera, en el peor de los vuelos, donde no podía viajar un periodista serio. Mis cámaras iban en una caja de whisky, dirigida al bar Windsor, que la dueña era aragonesa, y que tenía una foto mía para que me reconociese y me ayudase. Ésa es la anatomía de un éxito periodístico internacional. Les ganamos a todos.

-¿Qué ha sido lo que más le ha impresionado?

-Lo bonito que es vivir. Todos me dicen que cómo puedo estar operado de cáncer de colon, y ahora de pulmón, y ser optimista. Pues es como lo de la crisis: si todos los españoles nos gastásemos el dinero que tenemos en los bares, contratarían más. ¿Para qué guardan el dinero? Si estás en un avión que cae en barrena y no haces nada, tampoco se soluciona nada. Aquí todo el mundo está que no se mueve por no perder el trabajo. El ahorro es algo nefasto. Las crisis las aprovechan los listos para irse a otro sitio. En 62 años de profesión, nunca he querido contratos. Tengo una pensión de 339,70 euros, pero me importa un bledo. Pago la comunidad de mi casa con ello. Yo veo a los jóvenes que lo primero que quieren es comprarse un piso y echar raíces, como si fuesen árboles, y pienso que están locos.

-Parece que la televisión ya no invierte en reportajes como los que usted hacía.

-Todavía hay gente que sigue haciendo periodismo. Lo que cambia son las tecnologías. Hoy lo único que va a sobrevivir son las cabeceras de los periódicos. La estructura empresarial de los medios, basada en el fordismo, con 600 mesas y 600 teclados delante, se va a la mierda. La información va más rápido hoy en día y llega antes. Se van a acabar los corresponsales, y lo único que va a subsistir es el enviado especial. Yo lo que recomiendo a los periodistas es que tengan un blog, porque eso sustituye ahora a todo currículum, ves cómo ha ido progresando la persona.

-Usted es un bloguero muy activo, cuando otra gente de su edad cree que Internet es poco menos que el diablo...

-Yo siempre he estado al día de todo lo que ha ido surgiendo en la vida.

-¿Cómo ha llevado lo de ir haciéndose mayor?

-Yo estupendamente. El lunes próximo entro en quimio por el pulmón en La Paz, y me importa un huevo y media yema del otro.

-¿Nunca le ha dicho su familia que pare de una santa vez?

-Me lo han dicho veinte veces, y también que no puedo vivir solo, y vivo solo. Ser demasiado dependiente es perder demasiada independencia.

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