«Sí, sí, sí, nos vamos a Madrid»

Único líder. Revilla es secretario general  de los regionalistas desde 1988. En la foto, posa tras ser reelegido en el último congreso celebrado en 2006. ::                             D.M/
Único líder. Revilla es secretario general de los regionalistas desde 1988. En la foto, posa tras ser reelegido en el último congreso celebrado en 2006. :: D.M

Los militantes del PRC aprobarán hoy que su partido se presente a las elecciones generales. 1978-2010, el complicado viaje de un partido pequeño que acabó conquistando el poder

JOSÉ EMILIO PELAYO

M ayo de 1991. Noche electoral. Madrugada del día 27. Juan Hormaechea, declarado 'enemigo público' número uno por todos los partidos, casi gana las elecciones. Su valedor hasta hace unos meses, el Partido Popular, obtiene su peor resultado electoral, toca suelo. Pero hay otro perdedor. En la sede del Partido Regionalista de Cantabria (PRC) de Amós de Escalante hay amargura. Su líder, Miguel Ángel Revilla, coge el teléfono. Marca. Habla, busca un consuelo imposible. Su partido, nacido en noviembre de 1978, ha cosechado sus peores registros electorales. Suma el 6,35% de los votos emitidos; sólo dos diputados, los mismos que cuando empezó, y tres menos que en los anteriores comicios. Llora. Dice que se marcha, que anunciará su dimisión irrevocable a la mañana siguiente. No entiende que los ciudadanos le hayan dado la espalda. Mucho menos a él, a quien ha sido el 'martillo' de Hormaechea, a quien le ha llevado ante los jueces. Gana el populismo, pierde Revilla. No comprende el 'pago' recibido. A él, que ha 'quemado' dos coches -cientos de miles de kilómetros- recorriendo los pueblos de la región para predicar regionalismo y buscar candidatos donde no los había. No sirve. La sentencia es irse. Mañana del mismo 27 de mayo. Las horas y el amanecer le reconfortan. No habrá adiós, seguirá en la política, esa en la que decidió iniciarse en diciembre de 1975.

Aquella noche negra de Revilla es historia vieja. Sólo fue su noche horribilis. Hoy, 19 años después, su partido -minúsculo entonces- afronta su X congreso, en el que él lo es todo por siempre y secretario general 'vitalicio' desde 1988. Las diferencias son notables: Revilla peina 68 años, su partido lleva cogobernando en Cantabria 15 años (con PP y PSOE), él suma más de 7 años como presidente, el número de militantes ha crecido exponencialmente y ya sobrepasa los 8.100, es la segunda fuerza política regional, ha pasado de los 18.000 votos a los casi 100.000.

Con ese tránsito vital, el PRC afronta un nuevo congreso regional - en el paraninfo de la Universidad en la calle Sevilla- que servirá para ratificar el liderazgo de su indiscutible mentor. Será elegido secretario general y, por tanto, candidato a la Presidencia de Gobierno de Cantabria. Quizá sea la última vez. Al menos el propio Miguel Ángel Revilla se ha hartado de decir que así será. Pero hoy, en la asamblea de militantes -los regionalistas no se mueven ni por primarias ni por compromisarios- nadie se planteará sucesiones. Quedan los comicios próximos de 2011 y, como apuntan algunos, la demostración de que «seguimos creciendo» y «podemos ser hegemónicos», ilusiones y argumentos que ya altos cargos regionalistas se atreven a decir en público. Y es que, al calor del poder, el PRC ha ido formando cuadros y colocando gentes. Nada que ver con el original: un pequeño partido donde pocos hacían de todo.

¿Qué ocurrió?

Otra vez el 27 de mayo de 1991. El PRC, en ese momento Revilla, decide seguir. Se inicia una travesía del desierto con dos diputados aunque ya sin miedo a tránsfugas. Hace oposición, la que sabe: horas de despacho (sábados y domingos, incluidos), infiltrados entre el funcionariado que sacan papeles, kilómetros recorriendo pueblos. La realidad le ayuda: el nuevo Gobierno de enemigos reconciliados por conveniencia, PP-Hormaechea, no tiene margen de maniobra. La deuda de Cantabria es infinita y Madrid controla el gasto. No hay dinero para nada. Además, la Justicia hace su papel y pone a Hormaechea contra las cuerdas y en el banquillo. Cuatro años después, en 1995, el PRC recupera fuerzas y votos y llega a los seis diputados. In extremis, en la jornada de reflexión, los jueces quitan del cartel a Hormaechea (UPCA). No puede presentarse a las elecciones. El PP gana pero necesita socio, al PRC, para gobernar, aunque sea en minoría.

Es el punto de inflexión. Un partido de oposición toca por primera vez poder. En el reparto, Revilla se lleva las consejerías que brillan, las que hacen obras y las que reparten subvenciones. Tiempos para hacer carreteras y captar apoyos. En 1999, obtiene el primer rédito. Su partido mantiene los escaños, pero se fortalece y tiene mayor presencia municipal. Ya se ha obrado el milagro: alcaldes de derechas pero 'sólo suyos' y sin militancia en el PP se le acercan. El 'granero' estaba en los regidores municipales de siempre que en su día apoyaron al gran enemigo, Hormaechea. Populismo contra populismo. Y a muchos les da igual la ideología regionalista -«siempre con Cantabria como bandera»- pero 'progresista', dicen.Y quien más lo nota es el PSOE, con el que el PRC ha establecido históricamente unos vasos electorales comunicantes basados en que cuanto peor para los socialistas, mejor para los regionalistas, y viceversa.

En 2003, Revilla se hecho más pragmático. Aceptará al final de la legislatura a números uno municipales sin importar historia, ni filias ni fobias. Alcaldones, alcaldes UPCA y algunos independientes en las lista del PP y el PSOE (los menos), se apuntan a la causa. Además, el segundo tránsito por el poder deja otros beneficios: más estructura y más cuadros. El partido crece. El PRC obtiene 8 diputados (66.000 votos), entonces su mejor resultado electoral. Obra a obra y pueblo a pueblo, Revilla ha reclutado adhesiones. Exprime al máximo una mezcla, estudiada e innata, de ruralismo, populismo y cercanía. Eso y más obras. Si un alcalde sin dinero para su municipio pide un asfaltado, se hace; si llama porque los suyos, el PP, no le reciben, se le atiende de inmediato. Por eso, en 2003, la cuenta de resultados del PRC está llena. Aquella noche electoral el PP se teme lo peor y lo dice en privado: Revilla pactará con el PSOE. Ocurre. Los dirigentes populares añaden un augurio: si lo hace, cuatro años después pagará las consecuencias, «sus votos son muchos de derechas prestados». El vaticino no se cumplió.

Del PP al PSOE

Hora de la historia reciente. La nacida en 2003, con un PRC pletórico que consigue el imprevisto: que el PSOE, vía Madrid, haga presidente a Revilla. Los socialistas quitan la bandera autonómica al PP y acceden por vez primera al poder (tras el efímero paso de Jaime Blanco por la presidencia del Gobierno de coalición). Apaciguan seguras guerras internas. Revilla es coronado. Una nueva carrera para él y los suyos y más crecimiento, ahora utilizando como trampolín una presidencia que él manejará.

¿Por qué el cambio de compañero de viaje? Para el PP, a Revilla sólo le movió el ansia de poder, ser presidente. Entre los analistas políticos, se suman más claves: la intuición de que el PSOE ganaría en Madrid, la entrega de la Presidencia por parte de Zapatero, el mal clima de la última fase de la legislatura entre PP y PRC, las descalificaciones a Revilla durante la campaña electoral, los «agravios personales»... Revilla tiene un nuevo socio y cuatro años por delante.

La historia última es conocida. Revilla rentabiliza al máximo su rol de presidente. El PRC logra en 2007 lo que en 1979 era una quimera: desbanca al PSOE, su socio de Gobierno, y se convierte en la segunda fuerza política de Cantabria. Y toca repetir, aunque crezca el disgusto entre los socialistas al comprobar que el socio obtiene éxitos y ellos fracasos. Madrid dice otra vez sí. Y Revilla, más arropado que nunca (segundo partido y casi 100.000 votos), repite.

Y de ahí la paz interna absoluta en el PRC, y la relativa en el PSOE. La tranquilidad de un partido que era 'llave' -el gran logro- y que en su trayectoria se ha aupado a una posición de privilegio. ¿Ideología? «Ser regionalista y buscar lo mejor para Cantabria», contestan los afiliados. Da igual con quién, siendo conscientes de que en sus apoyos electorales se juntan gentes de derecha a izquierda y mucho centro. Y lo reiteran en las ponencias de sus congresos: «Queremos a esta tierra»; «Cantabria está por encima de todo»; «en lo económico podemos estar cerca de la derecha»; «en lo social dicen que tenemos planteamientos de la izquierda». Otros aportan otra lectura: «No tiene ideología, elude los grandes temas y el único norte consiste en sacar partido para la región».

Todos los votos valen, aunque las mayores reticencias sigan llegando de los núcleos urbanos, donde Santander es la gran 'asignatura' pendiente, un territorio en el que el PRC todavía no ha logrado horadar la supremacía del Partido Popular.

Año 2010

Diciembre de 2010. Con esos mimbres llega hoy un nuevo congreso. Será el décimo y volverá a tener un desarrollo atípico. Se celebrará con calzador, en muy pocas horas y con discurso de Revilla incluido. Se aprobarán seis ponencias, todas ellas dirigidas por la 'plana mayor' regionalista: Marcano, Mediavilla, Mazón y Oria (los cuatro, consejeros del Gobierno), Rafael de la Sierra y Rosa Valdés, más una propuesta de reforma de los propios estatutos diseñada por el secretario de organización, Fernando Fernández. Se aceptará todo, sí o sí. Y, previsiblemente, también lo más esperado: el acuerdo de que el PRC se presente a los comicios generales. «Sí, sí ,sí, nos vamos a Madrid», así lo ha anunciado Javier López Marcano, uno de los grandes valedores de que el PRC dé el salto cualitativo y trate de buscar su sitio en el Congreso de los Diputados. Lo defenderá con vehemencia y además ya ha avanzado un resultado: «por abrumadora mayoría o incluso por unanimidad será que sí». Y lo suscribirá, sobre todos, Rafael de la Sierra, siempre encargado, congreso tras congreso, de coordinar la ponencia política. El diputado y vicepresidente primero del PRC, considerado como uno de los ideólogos de su formación, será explícito: hay que ir a Madrid, «es imprescindible y muy positivo para Cantabria».

Se cumplirá lo que Revilla meditó el pasado mes de junio tras el plante del AVE del ministro José Blanco. Le dio vueltas a la idea de lograr que Cantabria pese más en Madrid y hacer daño al centralismo donde más le duele, con un PRC concurriendo a los comicios generales. Es más, puso siglas a la idea: «RxE, Regionalistas por España», explicaba, un nombre de un hipotético partido que iría confeccionando listas aquí y allá por la geografía española con unas pocas señas identitarias comunes. Tan fácil como sumar voluntades con la unidad de España, la defensa de lo propio, el trato igualitario para todas las autonomías y el mismo grito para temas capitales como el terrorismo y la fiscalidad común. Programa político terminado, escueto. Muchos le dijeron que 'sí'.

Pasado el tiempo, el Revilla animoso dio paso a un condescendiente «no haré nada salvo lo que digan los militantes». De activo a espectador, al menos en público. Pragmatismo nacido en los cálculos y las estrategias dependientes de los futuros resultados electorales y los pactos posteriores. En definitiva, un comodín para jugar en la mesa de negociación en función de los apoyos recibidos por cada partido. Es más, algunos altos cargos del PRC siguen barajando la posibilidad de que el acuerdo de concurrir a las Generales no sea cerrado: «Deberíamos dejar -explican- una puerta abierta, que la decisión última quede en manos de la Ejecutiva llegado el momento». Más cartas para jugar tras los comicios regionales. Buscar el pacto teniendo varias monedas para un trueque.

Dos mentores

El 'viaje' a Madrid se aprobará. Que Marcano y De la Sierra -que ocupan las dos vicesecretarías del PRC- lo defiendan al unísono no es casualidad. Madrid, ¿para qué? Otra vez doble lectura: tomar distancia del PSOE para que se visualice antes de los comicios y dar respuesta al centralismo de unos y otros «que siempre engañan». Y hay quien dice que una cosa es aprobarlo y otra ejecutarlo. Tiempo.

Los afiliados regionalistas conocerán hoy mismo la propuesta, planteada por dos pesos pesados de su partido. Dos políticos con distinto perfil pero claves en el futuro sucesorio que llegará en unos años; ellos y Mediavilla -un baluarte en alza, admirado por Revilla pero con menos 'recorrido' de militancia para los históricos de la causa-, y Mazón -«es más técnico y menos político», dicen los propios, al tiempo que le descartan en la futura carrera sucesoria-. Y después de Revilla, ¿qué? En el PRC no son pocos los que se lo plantean pero el análisis siempre se aplaza. Saben que perderán votos (nadie apunta cifras), que nada será igual sin su líder tan mediático como irrepetible y tratan de encomendarse a la «estructura» nacida bajo el paraguas del poder. Por el momento no se piensa. Hasta el 2011 el trayecto es corto.

En cualquiera de los casos, eso hoy no toca. El congreso regionalista servirá para refrendar a su líder y ratificarle como el gran candidato, no ya para tratar de sacar rédito a los resultados electorales como segunda fuerza política, sino «para aspirar a más». Esa, la posibilidad de «un crecimiento electoral nítido», es la letanía que ya se repite en las filas del PRC, alimentada por un Revilla pletórico. Una suerte de intuición y deseo, mezclada con datos que siempre le aporta un «experto de Barcelona que nunca se equivoca». Un oráculo privado frente a los del PP, que colocan a la formación de Ignacio Diego muy cerca de la mayoría absoluta.

El entusiasmo también tiene contrapuntos. Revilla teme que un nuevo retroceso del PSOE dificulte un pacto y que sus apoyos a un Zapatero en horas bajas puedan llegar a contaminarle. Sabe, además, que esa es y será la campaña del PP: PRC y PSOE son lo mismo; Zapatero y Revilla son uno y responsables de la misma crisis. Y otro miedo: el ejercicio del poder desgasta y en el camino se han ido dejando agraviados. El PSIR de Bojar por aquí, las víctimas de derribos por allá, los afectados por la Ley de Costas...

Esos temores no se trasladarán a los militantes. El congreso será sencillo. No habrá disputa. El PRC siempre se ha distinguido por ser un voz monocorde en sus reuniones, salvo hace décadas cuando el partido quedó fracturado en el cónclave desarrollado en Puente Viesgo cuando el abogado Benito Huerta planteó un órdago para dar «un giro a la izquierda» a una formación «sólo regionalista». Perdió y se marchó.

El congreso de hoy de los regionalistas será un paseo. No hay pugna partidaria ni rivales internos. Se saldará en pocas horas. Es más, para aprovechar que están reunidos y mostrar austeridad, se hará comida, la de Navidad en el hotel Bahía; dos en uno. Y en el almuerzo, nueva intervención de Revilla.

El X Congreso aprobará seis ponencias y una reforma estatutaria. Lo escucharán los 38 alcaldes y los 280 concejales con que cuenta el PRC. El lunes, a los ocho de la mañana, Revilla cumplirá con su su rutina. Contactará telefónicamente con Marcano, luego con Mediavilla, Mazón-... Intercambiarán impresiones sobre el ayer y el hoy. Hasta el día siguiente. Y con una novedad: el acuerdo de concurrir a las Generales. En 2011, los electores, los resultados, las urgencias y los pactos dirán.

 

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