«Si no me hubiese dedicado a la interpretación, sería un desgraciado»

Tejería caracterizado como el 'motorista fantasma'. ::                             DM/
Tejería caracterizado como el 'motorista fantasma'. :: DM

Dejó Cabezón de la Sal para ser actor y ahora se estrella contra paredes y 'sobrevuela' el Valle de los Caídos en la última película de Álex de la Iglesia Alejandro Tejería Actor cántabro

GEMA MARTÍNEZSANTANDER.

¿Quién le iba a decir a Alejandro Tejería que, años después de abandonar su pueblo natal, Cabezón de la Sal, iba a terminar lanzándose en moto a la cruz del Valle de los Caídos? El actor cántabro interpreta a 'el motorista fantasma' de la última película de Álex de la Iglesia, 'Balada triste de trompeta'. Es una cara más que conocida para los amantes del humor ácido y absurdo del programa 'Vaya Semanita' de ETB2, ha actuado en dos cortometrajes que fueron nominados a los Oscar -'Éramos pocos' de Borja Cobeaga y '7:35' de su paisano y amigo Nacho Vigalondo-. También ha intervenido en series de televisión como 'Aída' o 'Impares', ha hecho teatro y, por supuesto, cine, con títulos como 'The birthday' y 'El síndrome Svensson'. En su última aventura, gracias a Álex de la Iglesia, se mete en la piel de «un yonqui de la adrenalina, un personaje que, aunque secundario, es muy jugoso» y que se pasa media película estampándose contra las paredes.

El gusanillo de la actuación le picó de pequeño y bromea con que «las películas de los años 80» son las culpables de esa 'atracción fatal' que tiene con el medio cinematográfico. Un 'feeling' por el que, según explica Tejería, a los 13 años comenzó a grabar cortos caseros con su amigo Vigalondo: «Mientras la gente salía para pasárselo bien, Nacho y yo hacíamos cortos con una cámara que tenía por casa». Una afición que, poco a poco, se ha convertido en su medio de vida porque, según confiesa, no se ve haciendo otra cosa: «Si no me hubiese dedicado a la interpretación, seguro que sería un desgraciado, no tengo segunda opción» y en ello se asemeja a su personaje de 'Balada triste de trompeta', un 'hombre bala' que tampoco se ve haciendo otra cosa que no sea lanzarse por los aires encima de su moto.

Pese a admitir que no sabe hacer otra cosa que comedia, Tejería confiesa que la actuación le parece «un reto, que combina cosas bonitas con cosas difíciles» a las que no se puede resistir. Sin embargo, se define tímido y reconoce que la actuación le hace «pasarlo fatal» pero que también le da «enormes satisfacciones» que se han traducido en ir cumpliendo pequeños sueños como «las nominaciones de los cortos o hacer un programa a lo Monty Phyton como 'Vaya Semanita'». Otro de sus sueños se cumplió cuando, el año pasado, el director bilbaíno le llamó para intervenir en 'Balada triste de trompeta', «una película difícil pero muy estimulante porque todos los días de rodaje hacía cosas que no había hecho antes, como trabajar con un croma o colgado de un arnés, como si estuvieras haciendo 'Matrix'», explica el intérprete cántabro.

Sobre cine español

De la Iglesia se convirtió en un referente para el actor de Cabezón de la Sal, después de ver 'Acción mutante', «una película de acción más humor, como las de los americanos, pero hecha aquí». Y aunque, a veces, se tenga que pasar de puntillas por las 'odiosas comparaciones' entre el cine norteamericano y el español, para Tejería, en el del país «hay mucho talento, pero se puede hacer mejor». Además apunta que lo más positivo para el cine español sería hacer las cosas «sin tener ningún complejo, sino simplemente hacerlo lo mejor posible» porque según afirma, la calidad no depende sólo del presupuesto: «La gente de mi generación tiene muy claro lo que quiere y da igual donde nazcas o lo que hagas porque tener más medios no significa hacer las cosas mejor». Sobre Hollywood se muestra tajante: «Es donde más cine se hace, pero, últimamente, la calidad no está allí», aunque confiesa que le encantaría trabajar con Steven Spielberg. Sus andanzas cinematográficas comenzaron cuando era un adolescente y recuerda que tenía muy claro que se marcharía de Cantabria para estudiar interpretación y que su destino sería Madrid. Antes, hizo una parada técnica en Burgos y, después pasó tres años en el País Vasco, donde su inclusión en la 'troupe' más satírica de la televisión vasca le hizo adquirir cierto reconocimiento que le pilló por sorpresa pues no esperaba hacerse popular. Desde hace 12 años vive en el centro de la capital de España porque no le gusta el término medio. Prefiere los extremos: «O la calidad de vida de un pueblo o vivir en una ciudad». Admite sentir auténtica debilidad por el mundo de la imagen porque le gusta «trabajar en equipo, conocer a gente, sentirme arropado» y que la película que más le gustaría trabajar sería 'Que se mueran los feos', basada en la novela homónima de Boris Vian, por «su actualidad, aunque esté escrita en los años 40, por ser tan divertida y políticamente incorrecta».

La comedia es una parte esencial en la vida de este actor cántabro cuyo mayor sueño es no parar, porque, según admite, le lleva faltando trabajo «toda la vida». Eso sí, de momento, confiesa ser una especie de antónimo de muchos los españoles porque «desde que llegó la crisis» le va «muy bien».

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