El perejil de la televisión

Sólo están en antena 30 minutos, pero cada programa de cocina requiere casi dos horas de grabación en las que tampoco faltan las tomas falsas.

ESTER REQUENA
Karlos Arguiñano y Bruno Oteiza se asoman a diario a la pequeña pantalla con sus recetas. ::
                             R. C./
Karlos Arguiñano y Bruno Oteiza se asoman a diario a la pequeña pantalla con sus recetas. :: R. C.

Desde el sofá y con el mando a distancia en la mano ver cocinando a Karlos Arguiñano lentejas con croquetas de arroz parece muy sencillo. O a Bruno Oteiza dando vida a un exquisito biscuit de café. Y lo es siempre que se sigan al pie de la letra sus claras explicaciones. Pero no en el tiempo que ellos emplean delante de las cámaras: apenas media hora. La magia de la televisión hace el resto. Entre hora y media y dos -sin contar las reuniones previas- requieren los programas más jugosos de la pequeña pantalla, aunque parezca que están en pleno directo con las verduras cortadas, las lentejas en remojo y todo a punto para cocinar «rico, rico» para cuatro personas.

Son espacios 'enlatados', pero Arguiñano (de lunes a viernes en Antena 3, a las 20.15 horas) intenta grabar del tirón y no repetir nada. Ni siquiera las bromas que de vez en cuando le gasta su equipo, formado por unas 17 personas. «Grabando una receta para el día de los inocentes le pegamos los piñones al plato con cola de contacto. Karlos aguantó el tirón y aún a riesgo de romperse una uña, los arrastró y arrancó del plato mientras comentaba que 'es mejor comprar los piñones a poquitos, para que no queden muy pegajosos y revenidos'», recuerda entre risas Jone Miren Goenaga, directora de 'Karlos Arguiñano en tu cocina'.

Con este ritmo logra cocer a fuego medio tres programas en un día, unos 200 platos al año. Aunque el récord de horas seguidas en la cocina entre cámaras se lo arrebata Bruno Oteiza (de lunes a viernes en Nova, a las 14.00 horas), quien en solo un día se 'merienda' las cinco emisiones de la semana. Eso sí, empezando puntualmente a las nueve de la mañana y terminando sobre las seis de la tarde sin apenas descanso para comer... y eso que están entre ollas, sartenes...

Una tarea que se simplifica considerablemente en ambos programas gracias a que en los fogones ocultos se encuentra el cocinero Patxi Trula. Autor del libro 'Cómo ahorrar cocinando', el chef elabora la lista de la compra, realiza los pedidos y pone a punto todos los ingredientes para que Arguiñano y Oteiza le den su toque mágico delante de la cámara. Los primeros espadas son los responsables de elegir el calendario de recetas teniendo en cuenta la época del año y la temporada de los alimentos.

El diente de Bruno

Dependiendo de las exigencias de la receta, casi siempre hay un «doblete» preparado. En especial con platos como los garbanzos, «aunque con las croquetas se pueden llegar a hacer hasta tres versiones que esperan su turno entre bambalinas», detalla Marga González, responsable del programa 'Cocina con Bruno Oteiza'. Aunque si el preparado es cocinado a la plancha no hay suplente que valga.

Pero la pregunta del millón es otra: ¿Qué hacen con los platos que se cocinan una vez que se les hace la foto oficial para el recetario? Va directo para el equipo tras las cámaras. «Cuando tenemos lentejas o sopa nos toca más al equipo que cuando hay langostinos», apunta con una sonrisa Goenaga. Y si sobra algo, directo a las fiambreras para degustar tranquilamente en casa.

Para consuelo de los aspirantes a tres estrellas Michelin en su casa -solo el programa de Arguiñano acumula una audiencia media del 13,5% y 1.790.000 espectadores-, los grandes cocineros también tienen algún que otro sobresalto culinario. Una bechamel pegada, un pequeño cortecito en un dedo o una empanada más tostadita de la cuenta en el horno forman parte de las tomas falsas habituales. O el día que Oteiza ajustó mal la jarra de la batidora de vaso y le saltó, lo que le obligó a cambiarse de ropa de arriba a abajo. «Una vez le estaban poniendo unos implantes en los dientes a Bruno y uno de los provisionales salió disparado. Seguimos grabando y terminamos el programa sustituyendo el diente con un chicle, pero sin acercar mucho la cámara a su rostro», se troncha Marga González. Las cosas del falso directo.