El fotógrafo Javier Lamela, afincado en Cantabria, sorprendido por el terremoto de Japón

La zona concentra el 90% de los seísmos que sacuden el planeta y el 75% de los volcanes«Pensamos que en cualquier momento los edificios se nos iban a caer encima»«Estamos bien y la gente en Tokio está relativamente tranquila»

CARLOS MACHOSANTANDER.

Javier Lamela, fotógrafo argentino afincado en Cantabria desde el año 2003, es uno de los extranjeros a los que sorprendió el fuerte terremoto de 8,9 grados en la escala de Richter que el viernes asoló Japón, al que siguió un devastador tsunami que ha dejado miles de muertos en el país asiático.

El temblor le sorprendió en Yokohama, donde afirma que «la tierra se movía» y parecía que «en cualquier momento los edificios se nos iban a caer encima». Pese a todo, en un principio Lamela no se asustó, ya que ya había vivido anteriormente movimientos sísmicos parecidos, pero «ésto fue a mayor, lo que nos asustó», sobre todo al ver cómo la gente corría, gritaba y lloraba por la calle. Para protegerse, el fotógrafo y sus acompañantes se dirigieron a un cruce, donde permanecieron hasta que la tierra dejó de temblar, momento en el que decidieron ir hacia la zona marítima, donde «pensábamos que podríamos estar mejor».

Nada más lejos de la realidad, ya que a los 20 minutos de estar ahí «nos alertaron de que venía un tsunami, así que salimos pitando» en dirección a un estadio de beisbol, que «parecía el lugar más seguro». Fue allí donde Lamela y sus compañeros, entre los que se encuentra la también fotógrafa cántabra Laura González, alcanzaron a entender la dimensión de la tragedia a la que se enfrentaba Japón, ya que las pantallas del estadio retransmitían en directo las imágenes de la llegada del tsunami a tierra y la oleada de destrucción y muerte que dejó a su paso. En ese momento «nos asustamos más» ya que, además, como el inglés de los japoneses es muy malo «no nos enterábamos de lo que decían».

Javier Lamela cuenta que policía, bomberos y cuerpos de seguridad salieron a la calle con altavoces a comunicar qué había que hacer, pero «nosotros no nos enterábamos de nada». Todos los transportes estaban cerrados y «nosotros teníamos que volver a Tokio», lo que parecía una misión imposible, por lo que «fuimos a la recepción de un hotel», donde el grupo permaneció hasta que «decidimos salir y andar con destino a Tokio».

La distancia entre Yokohama y la capital nipona es larga y a lo largo del recorrido el grupo se encontró con mucha gente durmiendo en donde podían, con escuelas y bares «a tope de gente». Javier Lamela afirma que «nosotros tuvimos mucha suerte», ya que consiguieron llegar a una estación de metro y tren de Yokohama donde miles de personas pasaron la noche. Allí subieron a bordo del último tren, que los dejó bastante cerca de Tokio, desde donde se han puesto en contacto con sus familias.

Susto inicial

Tras el susto inicial, Lamela afirma que «ahora estamos bien» y que debido a que es muy complicado acceder a Internet, tanto él como sus acompañantes tardaron más de cinco horas en poder comunicarse con sus familias y amigos. Lamela afirma que «conectarse a Internet es súper complicado y no se encuentra fácilmente», pero que «estamos bien y nuestra gente lo sabe, que es lo que nos preocupaba más», ya que desde que vieron los e-mails preguntando por su estado hasta que pudieron contactar con sus seres queridos pasaron cinco horas que define como «un momento de tensión» al no poder tranquilizarlos inmediatamente.

Otra de las dificultades con las que se encuentran Javier Lamela y sus compañeros de viaje es la de entender a los japoneses, ya que «el inglés de ellos es muy malo y la mayoría de los carteles que vemos colgados en las estaciones y tiendas están en japonés», por lo que es casi imposible «entender nada de lo que dicen». Afortunadamente, a través de Twitter dieron con el perfil de un español que iba informando al minuto de lo que acontecía.

Por otro lado, Javier Lamela informa de que ayer, sábado, la gente en Tokio estaba «relativamente tranquila» y que la ciudad mostraba un aspecto «más tranquilo de lo normal», ya que hay muchas firmas cerradas y se ve poca gente en la calle.

Lamela y sus acompañantes, que en el momento del terremoto se encontraban cerca de Tokio, en Yokohama, ya han llegado a la capital nipona, a 250 kilómetros de Fukushima, por lo que el peligro de fuga radiactiva «nos pilla relativamente lejos», aunque «no estamos a salvo». Por ello, el martes tienen planeado viajar hasta Kioto, más lejos aún de Fukushima, donde este sábado se produjo una explosión en el reactor de la central nuclear que ha puesto en alerta al país nipón.

A pesar del susto vivido, Javier Lamela afirma que tanto él como sus compañeros de viaje tienen pensado seguir con el recorrido planeado por el país nipón «hasta donde podamos».

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