Los cántabros que brillan en la prueba MIR

Cuatro licenciados en Medicina por la UC logran situarse entre los 100 primeros puestos de la calificaciónMIR

JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Hay quien lo achaca a los caprichos del azar, pero los buenos resultados en el examen MIR que en los últimos cuatro años vienen enlazando los licenciados en Medicina por la Universidad de Cantabria no pueden ser casualidad. Los mismos protagonistas del logro, los jóvenes médicos, reflexionan sobre este hecho. Lo achacan al buen nivel docente que puebla las aulas y los laboratorios de la facultad cántabra; a la alta exigencia, áspera durante la carrera pero válida para curtir de cara a una prueba que cada año convoca a todos los recién titulados en Medicina españoles para jerarquizar la distribución de las especialidades y los destinos profesionales según la calificación.

También hay voces críticas que defienden una redirección de los planes docentes hacia la vertiente práctica y menos hacia la teórica. Es un tema ya conocido en el decanato. «El planteamiento de la Facultad es el de que nosotros no somos una academia que forme para el examen MIR», explica Javier Llorca, decano del centro. «Nosotros tenemos que formar médicos con carácter general. Y es cierto que en los últimos años hemos mejorado mucho los resultados. Antiguamente teníamos, quizá, de dos a tres alumnos entre los cien primeros puestos en los resultados de ese examen. Pero en los últimos tres años hemos tenido cinco, luego cuatro, después otra vez cinco, recordando incluso un puesto tres y un premio nacional de Licenciatura, exactamente hace dos cursos», recuerda.

La adaptación al Plan Bolonia limará esas pequeñas asperezas. El sexto curso de la carrera se concebirá ahora íntegramente práctico. «Los alumnos pasarán más de 1.080 horas en el hospital, bastantes más de las 600 que están planteadas ahora», concreta Llorca. Vendría a ser lo más parecido a una jornada laboral, «aunque teniendo en cuenta que no podrían ser trabajadores de ningún modo. Podríamos decir que durante ese tiempo en el que irán rotando por diferentes servicios llegarán a integrarse en el día a día de un centro», agrega el decano.

Los privilegiados con mejores calificaciones, los que pueden elegir sin las cortapisas que trae pareja un puesto elevado en la lista, barajan toda suerte de posibilidades. Más que decantarse por lo concreto, lo hacen por ramas generalistas: cirugía, clínica, etc. La decisión final habrán de tomarla el día 4 de abril, y se pondrán la bata para ejercer su labor profesional el 12 de mayo. Aún no piensan en el después. Ese horizonte que muchos temen porque tras tanto esfuerzo, la superación de este tiempo de formación no garantiza un puesto fijo. Una gran calificación MIR y una excelente residencia puede ser poco útil si la especialidad resulta ser de las menos demandadas en el momento de la búsqueda de un puesto. «Una buena nota no garantiza que vayas a ser un gran médico»

¿Secreto? «En realidad creo que es un poco la mezcla de todo. Hay muy buenos profesores y buenos alumnos, que estudian por vocación. Luego, además, hay que tener en cuenta que somos, como mucho, unos 60 por clase. Al final eso te lleva a que estés mucho más tutorizado y las cosas salgan bien», esboza Pedro Bolado, brillante número 7 del MIR 2010 al analizar las posibles causas de los buenos resultados de los cántabros en la prueba.

«Me gustaría hacer cirugía plástica en Madrid o Barcelona», explica y, automáticamente, lo matiza. «Cirugía plástica no es lo mismo que cirugía estética. En la primera hablamos de un carácter terapéutico, para arreglar los problemas causados por ejemplo, por un accidente, y la segunda, aunque es una vertiente de la primera, tiene otras componentes y finalidades», concreta antes de desmitificar su mérito.

«La calificación es un mero trámite que debemos pasar para repartir las especialidades; pero una buena nota no asegura que vayas a ser un gran médico. No garantiza, siquiera, que en un futuro vayas a tener una plaza asegurada. Porque puedes hacer una muy buena residencia y luego, pasados estos cuatro o cinco años, encontrarte en la calle porque la especialidad que elegiste es de las menos demandadas», plantea para el más pesimista de los casos.

Sobre calificaciones, se atreve a valorar la polémica que envolvió este año a los aspirantes cántabros a estudiar Medicina. Un colectivo de padres los representó esgrimiendo que sus hijos tenían peor punto de partida para entrar que los estudiantes que venían de otras regiones por culpa de un examen de Selectividad demasiado estricto en Cantabria. «Todos estos problemas tienen fácil solución. Lo mejor sería hacer un único examen para todo el territorio nacional», resume. «Para aprobar es fundamental matricularse en una academia»

«Sé que quiero hacer neurología, o cardiología, reumatología o medicina interna. En ese aspecto tengo amplitud de miras porque lo que realmente me interesa es hacer la historia clínica, el diagnóstico diferencial». El abanico de posibilidades es amplio para las ambiciones de Javier Riancho. Es una posición buena para quien tenga complicado elegir plaza; no será su caso. Con un puesto 44 en el ranking de las calificaciones del examen MIR en 2010 casi se asegura la residencia en el Hospital Marqués de Valdecilla.

«En principio no pienso en salir de Cantabria. Más tarde, si decido especializarme en algo muy concreto, ya tendré tiempo de hacerlo», asegura. Recuerda el esfuerzo dedicado a la preparación del examen. «Es fundamental matricularte en una buena academia», explica. «Los exámenes son muy parecidos cada curso. De hecho, el 50% de las preguntas son prácticamente iguales; aunque este año ha cambiado un poco el panorama y añadieron temarios más actualizados».

«Es un modo de rentabilizar tu tiempo. Desde junio que terminas la carrera hasta enero en que se realiza el examen, no tienes tiempo para confeccionar un temario, solo para estudiar. Además, ellos saben bien cual es la tendencia. Es imposible volver a estudiar todos los apuntes de la carrera. Ellos te facilitan unos libros y te dan exámenes de otros años. Te familiarizas con la prueba».

No se muestra muy efusivo cuando recuerda el momento en que leyó su nota. «En realidad ya habíamos hecho estimaciones en la academia porque tienes plantillas que puedes repasar por ordenador y calcular la calificación. Pero al final resultó que estaba en mejor posición de la que pensaba», explica. De momento este cántabro no piensa en la investigación, «aunque la entiendo más como un complemento a la consulta, y no de manera exclusiva».«Elegiré especialidad el día que haya que formalizar la petición»

«Academia y academia», responde. Solo existe esa fórmula para preparar bien el examen de MIR. «En cierto modo pueden preguntarte de todo, pero es más fácil si te aconsejan, si te dicen cómo es la tónica general, si te familiarizas con los exámenes de otros años, etc». Héctor Real regresa al pasado verano, cuando estudiaba para la prueba que hoy le posiciona en la casilla 35 de la lista para conseguir plaza de residente.

«Estudiaba por la mañana y ya por la tarde, hacia las siete, salía con unas amigas que también estaban estudiando». Más tarde llegó la hora de la verdad, un poco diferente a como lo imaginaba. «En realidad ha sido un examen un poco diferente al de otros cursos. Más largo que otras veces. Por eso es importante prepararse. Al fin y al cabo te encuentras con cinco horas en las que has de mantener la atención y el ánimo, y permanecer inalterable a la alegría de encadenar unas cuantas preguntas que conoces o el temor de que sea a la inversa», reflexiona.

Real es una persona tranquila. La decisión de la especialidad tampoco le inquieta. «Lo resolveré el mismo día de la petición, porque al final dependes de lo que elija la gente que está delante; pero me gustaría cirugía. Y creo que Valdecilla sería una buena opción», comenta. «Si no, Barcelona, o Madrid. También hay que pensar si te gusta o no la playa», indica. Entre risas, pero consciente de que también cuenta estar a gusto en lo personal.

A sus ojos, el problema de los alumnos cántabros de nuevo ingreso en la carrera tiene fácil solución. «Si hay capacidad logística para reunir a 10.000 médicos el mismo día para hacer un examen. ¿Tan complicado será hacerlo con Selectividad? La prueba única nacional sería la única manera de terminar con posibles diferencias en las calificaciones de acceso».«Hacen falta muchas más prácticas durante la carrera»

La doctora Mazarrasa diferencia entre modelos docentes. «En la facultad nos enseñan una enfermedad, y todos los síntomas que lleva parejos. En el MIR nos dan los síntomas, como en la vida real, y tienes que descifrar cuál es la enfermedad. Es lo que se llama diagnóstico diferencial. Éste es el mayor error que veo a la enseñanza universitaria, que para entender eso, al final tenemos que matricularnos en una academia». La voz de Raquel Mazarrasa (puesto 52) arroja una pincelada de crítica al sistema universitario español.

«He hablado con alumnas francesas de Erasmus y me dicen que tienen muchas más prácticas de hospital que nosotros. Creo que se debería trabajar más para lograrlo», opina. «Aquí las prácticas son un poco deslavazadas. Te dicen que te pongas a un lado, que no molestes y que aprendas todo lo que puedas», protesta. «Al final te encuentras el primer día de residencia que te toca hacer una guardia, ver casos reales y entra temor», reconoce.

Mazarrasa también tiene claro su futuro profesional. «Haré Ginecología en el hospital de Cruces de Bilbao. Creo que lo tendré fácil porque, además, son cuatro residentes. Es un hospital grande, interesante: la ciudad está muy bien, y cerca de Santander».

No descarta la investigación. «Lo que ocurre es que la entiendo como un complemento de la labor profesional. No creo que tenga mucho sentido encerrarse en un laboratorio a estudiar algo si primero no has conocido la realidad, las necesidades de la gente, de los pacientes, de cada enfermedad, etc.», esgrime. Piensa que la tendencia cántabra a obtener buenos resultados en el MIR es una inercia lógica. «La gente que entra en Medicina lo hace por vocación, porque además la nota de corte es alta y puedes elegir. Por eso estudiamos lo que nos gusta y lo hacemos bien».