El 'Atocha', una mina de oro

Un galeón español hundido en Florida aún guarda tesoros 30 años después de su descubrimiento: el último, una valiosa cruz religiosa

KOLDO DOMÍNGUEZ
Uno de los buzos muestra orgulloso su hallazgo.  ::                             REUTERS/
Uno de los buzos muestra orgulloso su hallazgo. :: REUTERS

Sean aprendió el negocio de su padre Kim. Y éste del suyo, un hombretón llamado Mel, un visionario que en los años 80 montó el negocio familiar. Todos ellos, los Fisher, son la saga de cazatesoros más conocida del mundo. Unos auténticos subuesos en esto de localizar fortunas escondidas en el fondo del mar. El patriarca, ya fallecido, además de una profesión de lo más fardona, dejó a sus descendientes una herencia un tanto singular: un barco... hundido cuyos restos había localizado en 1985: el 'Nuestra Señora de Atocha', un galeón español construido en La Habana en 1620 y que se fue a pique en 1622 en Cayo Oeste (Florida) por culpa de un huracán.

Lejos de ser una carga, el pecio es una mina de oro. Literal. Los Fisher llevan más de un cuarto de siglo bajando (en vez de con pico y pala recurren a grandes aspiradores de arena) a esa veta dorada que guardan a 17 metros de profundidad y de vez en cuando sacan a la superficie algún resto de interés. El última captura fue presentada ayer en sociedad: una cadena de oro con un crucifijo, una singular pieza valorada en 180.000 euros. De más de un metro de largo, está formada por 55 eslabones, dispuestos como cuentas de un rosario, e incluye un medallón de oro con la imagen de la Virgen María y un crucifijo con inscripciones en latín.

La joya fue encontrada por un equipo de buceo del conglomerado de empresas Fisher -una treintena de compañías-, que trabajaba en el extremo norte de la zona de hundimiento del Atocha. Según los expertos de la firma, podría haber sido propidad de «un miembro del clero», lo que les hace pensar que podrían haber dado con otro filón: un alijo de riquezas propiedad de la Iglesia que iba almacenado en el castillo de popa, la parte de la nave que aún no ha sido descubierta.

Así que casi treinta años después de su hallazgo, el 'Atocha' seguirá facturando... y mucho. El galeón era un auténtico 'furgón blindado' que trasportaba a Cádiz más de 40 toneladas de oro y plata en lingotes y barras, así como todo tipo de joyas y bienes de nobles de la época, muchos de los cuales aún descansan en el fondo del mar.

Con lo que ya han descubierto en estas últimas décadas, más de 85.000 objetos, los Fisher se han hecho millonarios y han montado un emporio en el que, por ejemplo, se incluye un gran museo en Cayo Oeste en el que muestran la parte del tesoro que no han sacado al mercado. La familia siempre ha defendido -ha pleiteado en los juzgados en más de un centenar de ocasiones- esa máxima inglesa que reza 'finders keepers', que viene a decir 'el que lo encuentra se lo queda, todo un razonamiento cuando hablamos de cientos de millones de euros