Un condón para ellas

Sanidad quiere relanzar el preservativo femenino, denostado por ruidoso y poco sexy

FRANCISCO APAOLAZA

Es una pieza cónica, diecisiete centímetros de nitrilo, que mantiene la sensación de contacto entre la carne, un método revolucionario de protección para las mujeres y probablemente el 'gadget' sexual con menos éxito de ventas. El condón femenino es el hermano pobre de los preservativos. Ahora, Sanidad se ha propuesto relanzar su uso con una campaña informativa y una oferta de precios: a euro la pieza.

El invento -que nació tal y como se conoce hoy en día en los años 90-, tiene la misma misión que su versión masculina: proteger a la pareja de embarazos y enfermedades de transmisión sexual. En cada extremo del cilindro, dos anillas, una pequeña y otra más grande. La menor se introduce dentro de la vagina hasta tapar el cuello del útero. La mayor queda en el exterior del cuerpo y cubre la vulva de la mujer. La usuaria puede estar varias horas sin quitárselo.

Tiene varias ventajas objetivas. La primera, evidente, que protege igual que el condón masculino. Además, la mujer puede colocárselo antes de la relación sexual y no tiene que romper el momento íntimo con su pareja. También reduce los problemas motivados por la falta de lubricación, que suelen aparecer en edades cercanas a la menopausia, y es la mejor solución para las relaciones sexuales seguras de los alérgicos al látex.

Y otras ventajas subjetivas: según la directora general de Salud Pública, Carmen Amela, la desigualdad en las relaciones sexuales pone a las mujeres en especial peligro, sobre todo a la hora de «rechazar» contactos de riesgo, ya que el preservativo masculino «requiere la cooperación del hombre».

Con todo, el condón femenino es el patito feo de la farmacia. El año pasado, la empresa distribuidora del artilugio en España vendió 230.000 unidades. Solo lo usa el 1% de las mujeres. Por eso, el Ministerio de Sanidad, veinte años después del 'Pónselo, póntelo', ha lanzado una campaña con folletos explicativos y carteles que pretende que los farmacéuticos informen a sus clientas sobre las bondades del condón bajo el lema 'Pruébalo en femenino'. Según declaró ayer el director del Plan Nacional contra el Sida, Tomás Hernández, el principal escollo a salvar es la desinformación de las potenciales usuarias.

En las farmacias tienen otra opinión. En varios establecimientos consultados por este periódico admiten que la demanda es casi nula hoy en día y que las usuarias plantean algunas pegas. Una de ellas, que el preservativo cubre la parte exterior de la vulva, lo que a algunas parejas no les resulta sensual. Otros se quejan de que, en ocasiones, el invento emite un ruido de ventosa incómodo, que desconcentra en pleno lance amatorio.

A euro la pieza

La empresa distribuidora, Perfelena, con sede en Arganda del Rey (Madrid), asegura que la principal barrera es su precio. Hasta la fecha, se estaba comercializando a 1,5 euros la unidad. Durante seis meses, Sanidad ha conseguido reducirlo a un euro.

Perfelena distribuye el preservativo femenino desde 2001. «Entonces, el mercado era casi nulo», admite Carlos González, director comercial de la compañía. Antes, era otra la firma comercializadora y también otro el producto: los condones estaban hechos de poliuretano. Ese era el 'Female Condom', cuya segunda versión, la actual, está hecha de nitrilo, un material que otorga un contacto más natural y que reduce el precio de venta.

Para ahorrar costes, el preservativo que llega a España se fabrica en Malasia. En los años 90, tres unidades costaban 10 euros, con lo que el precio final ha quedado sensiblemente reducido. Pese a sus cortas dimensiones, el mercado sigue creciendo y cada vez más mujeres optan por esta opción, ruidosa, dicen, pero efectiva.

En 2008 se pusieron a la venta 37 millones de unidades en el mundo, el año siguiente fueron tres millones más. La mitad de los condones llegaron a la calle de la mano de instituciones y ONG. «En Francia se distribuyen cinco veces más unidades que en España y en el Sur de África copa buena parte del mercado», apunta González. De momento, no está en muchas farmacias. ¿Qué hacer si se quiere uno? Pedirlo al boticario. «Y se lo traerán», aseguran en Sanidad.