Obama respira tranquilo tras poner fin a la operación militar en Libia

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSALNUEVA YORK.

Desde el lunes por la noche los cielos libios están más silenciosos. Ya no los surcan los misiles Tomahawk que Estados Unidos lanzaba desde sus portaaviones, ni los cazas A-10 o los AC-130 que con sus potentes ametralladoras hicieron retroceder a las tropas de Muamar Gadafi cuando se encontraba a las puertas de Bengasi. Washington se ha retirado de la operación militar y a partir de ahora permanecerá de guardia para casos puntuales.

«Las misiones de combate terminaron», anunció en nombre del Pentágono el capitán Darry James. «Se espera que los activos aéreos estadounidenses cesen las misiones de ataque y permanezcan en estado de alerta por si la OTAN requiere su apoyo».

Estados Unidos había querido finalizar sus operaciones el pasado sábado, pero el mando de la Alianza Atlántica le pidió que prorrogase su misión durante 48 horas más con el argumento de que el mal tiempo sobre Libia había impedido llevar a cabo muchas de las misiones. Esto provocó que el director de Política Exterior del nuevo Consejo Nacional de Transición se quejase el lunes en Roma de que desde que la OTAN tomó el mando los «retrasos burocráticos» se cobran vidas de civiles y complican los esfuerzos rebeldes.

Pero a partir de ahora para que los aviones estadounidenses vuelvan a despegar camino de Libia hará falta una petición especial de la OTAN y aprobación del Pentágono. Lo que hizo decir al diplomático rebelde que la campaña internacional «ha perdido fuelle», lamentó Ali al-Essawi.

Apoyo humanitario

El Gobierno de Barack Obama entró en esta operación con cierta reticencia y dispuesto a ocupar el asiento trasero. Si inicialmente aceptó liderar los ataques fue por la inminencia de que se produjera un baño de sangre en Bengasi, pero se ha mostrado ansioso para traspasar el mando. En su discurso a la nación, el inquilino de la Casa Blanca justificó la falta de aprobación del Congreso para entrar en acción con el argumento de que se trataba de una operación puntual de apoyo humanitario con una duración muy limitada, lo que pretende demostrar con esta retirada.

Sin embargo, su Gobierno no anunció ayer el fin de los combates a bombo y platillo, como hace cuando cumple una promesa, sino que la noticia pasó desapercibida en una comunicación menor.

Una encuesta de la Universidad de Quinnpiac revela que los estadounidenses no comulgan con el papel que su país ha realizado en Libia (47 a 41), pese a que la mayoría está a favor de una intervención por motivos humanitarios. Esto ha provocado que caiga la aceptación de Obama, que pierde así el repunte favorable que había tenido en los tres primeros meses del año. El juicio de valor puede empeorar si se confirman los temores del FBI, que ha empezado a interrogar a los libios residentes en suelo estadounidense por miedo a que Gadafi les haya encargado una venganza en forma de atentado.

Por el momento, solo los que mantienen lazos con su país por motivos de negocios o de cualquier otro tipo han tenido que someterse a preguntas de la agencia federal, dentro de una comunidad de entre 2.000 y 5.000 personas. Con todo, el FBI cree que esta vez Europa se enfrenta a un mayor riesgo que Estados Unidos.