El breve sueño del fútbol cántabro

Foto: Garmendia/
Foto: Garmendia

Tras dos encuentros jugados, la selección regional no ha vuelto a reunirse sobre el césped | Al estreno contra Letonia le siguieron un duelo descafeinado frente a Estonia y un intento fallido ante Macedonia

SERGIO HERREROSANTANDER.

El 23 de diciembre de 1997, el fútbol cántabro recibió un regalo de Reyes anticipado. Los Campos de Sport de El Sardinero vivieron una noche mágica. Un compromiso internacional con himnos, banderas, estrellas y cerca de 18.000 personas en las gradas. Y aunque sobre el césped se encontraban internacionales españoles como De la Peña, Vicente Engonga, Munitis o Iván Helguera, la grada ese día animó a la 'Rojiblanca'. Más allá de cuestiones políticas -como ocurre en otras comunidades autónomas-, en aquella velada inolvidable, Cantabria mostró su verdadero potencial futbolístico al mundo, frente a una Letonia que años después participaría en la Eurocopa de Portugal y que cobró 500.000 pesetas de aquellas por participar en la fiesta del balompié montañés. El partido terminó con 3-0 a favor de los locales, pero el resultado final fue lo menos relevante. Posteriormente se disputó un choque frente a Estonia, en 2001, pero la magia se perdió. Y al tercer intento, en 2003, ante Macedonia, la Federación se vio obligada a suspenderlo porque la previsión de público era nefasta. Aún así lo sigue incluyendo entre sus planes, pero la falta de apoyos lo deja en meras peticiones.

Por eso la recordada es la primera. Quién mejor para dirigir la orquesta aquella noche. Un mito de la historia del fútbol que, por suerte para los cántabros, el destino quiso que naciese en Guarnizo. Francisco Gento, el futbolista que más Copas de Europa ha levantado, realizó la convocatoria y se sentó en el banquillo. Los más mayores del lugar hubiesen querido verle a él, a la 'Galerna del Cantábrico', correr por la banda izquierda con la camisola rojiblanca.

Había nombres ilustres en el combinado regional y otros que a la postre llegarían a serlo. Pero la revelación del encuentro fue un futbolista modesto, que llegó a Primera División sin hacer mucho ruido y prolongó una larga carrera. Tanto, que aún sigue dando guerra por los campos de Tercera División. Iñaki Bollaín, actualmente en el Noja, hizo dos goles ante el equipo letón y ostenta, aún hoy, el honor de ser el máximo goleador de la breve historia de la selección. Al oírlo, se ríe con cierta nostalgia. «Es un recuerdo bonito. Es triste que no se le haya vuelto a dar la importancia que tiene juntar a los jugadores cántabros que están por ahí. Fue un día de fiesta para el fútbol regional», comenta. Su segundo gol quedará para la historia por su belleza. «Fue un remate bonito para una noche maravillosa».

Entre los jugadores ya contrastados se encontraba Vicente Engonga. El futbolista de origen ecuatoguineano y de infancia torrelaveguense se apuntó al evento «rapídisimo». Sin dudarlo. «Me apetecía muchísimo. Antes tuve ofertas para jugar con Cataluña -Vicente nació en Barcelona- y me daba rabia que Cantabria no hiciese algo parecido». Para él, fue una noche que no olvidará, con «un ambiente fenomenal. Lo pasamos muy bien. Fue muy emotivo escuchar a toda la grada cantando 'a capella' el himno de Cantabria». Pero al igual que a Iñaki, al ahora entrenador -la pasada temporada dirigió al Mallorca B, ahora busca equipo- le da pena que aquella iniciativa «empezase a decaer». Coincidió aquel día con su hermano Óscar, que en la actualidad dirige a un equipo de la Primera División de Guinea Ecuatorial.

Nacido en el país centroafricano aunque cántabro de pasaporte vital, Álvaro Cervera fue una de las peticiones expresas de Francisco Gento para formar parte de aquel histórico combinado, a pesar de que el elegante extremo zurdo se encontraba sin equipo después de una larga lesión. «Fue muy bonito encontrarse con gente que hacía tiempo que no veías». Álvaro fue cuatro veces internacional con España y aunque esto «no tiene nada que ver con la selección nacional, al ser la primera vez, la gente estaba muy ilusionada, muy enganchada con el equipo. Aún guardo la camiseta».

El capitán de aquella selección, aunque según dice él «sólo por edad, porque había gente muy cualificada», fue Fernando Tocornal. «Estaba más para dar lecciones que para que me las diesen. Ya era casi como un abuelo», ironiza. El defensa -con 37 años por aquel entonces- disfrutaba de su último año de fútbol. «Tuve una sensación muy especial. Uno es cántabro y eso se lleva en el corazón».

Fue el sueño cumplido del fútbol regional, personificado en su Federación. «Para mí fue una ilusión enorme desde el principio hasta el fin y el fin fue que el estadio se llenó. No se me olvidará en la vida», comenta el presidente, Alberto Vilar.

Intentos frustrados

Los verdaderos protagonistas, los que saltaron al campo, los internacionales, hablan de pena, nostalgia, ganas de repetir, cuando hablan de aquella noche. No hubo otra igual, aunque sí una parecida. En 2001, Cantabria disputó un encuentro ante otra selección báltica: Estonia. El resultado fue de 0-1. Apenas Chili, Iñaki, Iván Helguera y el míster, Paco Gento, repitieron experiencia. Se les unió Amavisca, pero la magia no fue la misma. Hubo un tercer intento, frente a Macedonia, en 2003, pero la baja venta de entradas dio al traste con el evento, a pesar de que futbolistas como Pedro Munitis y Amavisca habían confirmado su asistencia. La Federación estimó un presupuesto de 96.000 euros -36.000 de ellos como caché del rival, más gastos de estancia y 12.000 sólo por abrir las puertas de El Sardinero-, pero a dos días del choque tan solo se vendieron 150 entradas, de las 12.000 que se estimaban necesarias para cubrir gastos.

La posibilidad de que se vuelva a celebrar otro partido internacional no está cerrada. De hecho, la Federación, «en las peticiones a la Consejería como posibles eventos, siempre solicitamos el partido de la selección. Nosotros solos no podemos sacarlo adelante. Necesitamos apoyos», afirma Vilar. De momento, el de Iñaki Bollaín ya lo tienen. «Me gustaría asistir a otro partido, aunque por mi edad tendrá que ser como aficionado», bromea.

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