«Malabo conserva su pasado español»

Malabo (Guinea Ecuatorial). Mario Trigo. Torrelavega, 31 años. Traductor e intérprete de varios idiomas, especializado en temas jurídicos. Con pareja. Reside desde 2011.

MAXI DE LA PEÑASANTANDER.
«Malabo conserva su pasado español»

«Llegué a Guinea Ecuatorial en enero de este mismo año. A Francesca, mi pareja, le ofrecieron una beca para trabajar en el Centro Cultural de España en Malabo y, como yo, siempre que tenga Internet y un ordenador, puedo llevarme el trabajo a cuestas, no lo dudamos». A Mario Trigo (Torrelavega, 31 años) y licenciado en Derecho, le gusta el riesgo y la aventura.

Mario se gana la vida como traductor e intérprete 'freelance' de varios idiomas, especializado sobre todo en temas jurídicos. «Además, dedico parte de mis esfuerzos a la ilustración y el tebeo. Precisamente la segunda razón que nos trajo a Guinea Ecuatorial fue participar en una expedición arqueológica en la isla de Corisco, en la frontera con Gabón: mi mujer en condición de antropóloga y yo como dibujante», comenta.

Como ocurre con cualquier autónomo, a veces hay rachas positivas y negativas: «Puedo pasar fines de semana sin despegarme del ordenador compensados con descanso cuando los demás trabajan. Lo más importante es que me da mucha flexibilidad para desplazarme, ir a ver a la familia o aprovechar oportunidades como la que estoy viviendo en Guinea».

Este torrelaveguense explica que su pareja y él tuvieron una inmersión rápida e intensa en Malabo, «lo que creo que fue una suerte. Nos hemos adaptado muy bien. Además, mi mujer ya conocía el país y teníamos amigos aquí». Los horarios son más o menos como los españoles pero con días ecuatoriales: la luz del día se mantiene de las 6 de la mañana a las 6 de la tarde todo el año, y hay una estación seca y otra de lluvias que se van alternando. «En general hay que tomarse las cosas con calma. Siempre hay mil imprevistos que pueden cambiarlo todo y, como saben los guineanos, es importante tener un plan alternativo. Como por ejemplo ahora, en época de lluvias, cuando sin previo aviso puede caer un diluvio».

La capital guineana está entre el pico Basilé y el mar, en la isla de Bioko. La población asciende a 90.000 habitantes y conserva una parte antigua con ejemplos de arquitectura criolla que están desapareciendo y ahora mismo vive una intensa transformación. Hay obras y edificios y carreteras nuevas por todas partes. «En muchos puntos conserva todavía la huella de la época colonial, su pasado español», resalta.

La vida no es precisamente barata en comparación con España: «Todo el mundo comenta lo mucho que ha cambiado el precio de la vida desde los años 90 y el comienzo de la extracción de petróleo, que ahora mismo es el motor de la economía guineana». Para poner un ejemplo: un kilo de tomates puede llegar a costar cuatro euros y medio.

En un primer contacto pueden parecer los habitantes de Malabo algo secos, «pero luego demuestran ser, en general, muy acogedores, con un humor muy socarrón. Nosotros nos hemos sentido acogidos desde el inicio por vecinos y compañeros». El idioma y la historia en común con los españoles hace más intenso el diálogo. «La gente mayor se crió bajo el franquismo y muchos guineanos han estudiado o viven en España. TVE Internacional es uno de los canales más vistos, por ejemplo», subraya. Los taxis de Malabo están cubiertos de banderas del Madrid, y la reciente victoria del Barça en la Champions paralizó la ciudad.

La comida guineana resulta deliciosa y muy picante. «Con la carne de caza se hacen platos especialmente buenos: cocodrilo, jabalí o antílope en salsa de tomate, modica, berenjenas o cacahuete, con arroz, yuca fermentada, plátano frito o cocido».

Malabo es bastante segura y tranquila. La vida nocturna es animada, con discotecas, restaurantes y pequeños bares de barrio.

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