Miles de indignados vuelven a desafiar en Madrid a los partidos

La Policía convirtió el Parlamento en un búnker inexpugnable con más de un centenar de antidisturbios

M. SÁIZ-PARDO MADRID.
Imagen de la madrileña plaza de Neptuno, donde confluyeron las seis columnas de manifestantes.  ::
                            
                            JOSÉ RAMÓN LADRA/
Imagen de la madrileña plaza de Neptuno, donde confluyeron las seis columnas de manifestantes. :: JOSÉ RAMÓN LADRA

«¡Que no, que no, que no nos representan!». Miles de gargantas, unas 40.000, según la Policía, y 150.000 según los organizadores, llevaron su grito de guerra frente al Congreso de los Diputados. Y lo hicieron de manera absolutamente pacífica. No hubo ni un solo incidente en la multitudinaria concentración del 15M en la plaza de Neptuno, a escasos metros del Parlamento, donde confluyeron las seis columnas de 'indignados' de la Comunidad de Madrid, que desde primera hora de la mañana marcharon desde norte, sur, este y oeste de la capital hacia las Cortes. Frente al Congreso, el 15M mostró su rostro más sindicalista y, por primera vez desde su nacimiento, lanzó proclamas a favor de la huelga general.

Desde su inicio, el 19J fue festivo y, sobre todo, reivindicativo. Bajo un sol de justicia y una temperatura de pleno verano, hubo mil consignas contra los bancos, la crisis y, sobre todo, los políticos. «El pueblo unido se mueve sin partidos», «lo llaman democracia y no lo es», «Manos arriba, esto es un contrato», «la patronal nos quiere esclavizar», «esta crisis no la pagamos» los lemas tronaron, primero por las calles y carretera madrileñas, y luego bajo la fuente del dios del mar. Jubilados, familias completas y jóvenes con caretas de 'Anonymous' se mezclaron con los nuevos activistas de 'Democracia real ya' o los 'veteranos' de las asambleas de barrios, las convocantes de estas marchas, que en principio era solo para protestar contra la firma del pacto del euro el 24 y 25 de junio.

Antes incluso de que las columnas confluyeran en Neptuno a las 14.00 horas, la plaza ya estaba tomada por miles de 'indignados'. Los congregados no pudieron acercarse más allá de 250 metros del Congreso. El Ministerio del Interior ya había advertido al Movimiento 15M que podía exhibir sin problema su fuerza por todo Madrid, excepto en la carrera de San Jerónimo. Y así fue. La Policía convirtió la manzana donde se ubica el palacio en un verdadero búnker inexpugnable.

Una suerte de zona de seguridad, de acceso restringido a los residentes, con 'checkpoints' en todos sus accesos protegidos por una triple valla y tres cordones de miembros de la Unidad de Intervención de la Policía (UIP, antidisturbios). En total, al menos visibles, el Ministerio del Interior desplegó veinte furgonetas y más de un centenar de policías en los aledaños de la cámara, pero los agentes no llegaron siquiera a calarse el casco.

La inmensa mayoría de los miles de congregados en Neptuno se dedicaron a gritar hasta quedarse afónicos en contra de los políticos y los banqueros, a bailar al son de los tambores, a aplaudir los lemas más ingeniosos o a ondear banderas gays, republicanas o absolutamente desconocidas. Pero también hubo un reducido grupo de 'antisistemas' decididos a causar incidentes al grito de «tenemos derecho a entrar en el Congreso» y empeñados en provocar a la Policía voceándoles «asesinos a sueldo, abuso de poder».

Pero los violentos no tuvieron ni siquiera oportunidad de acercarse a la Policía. Los organizadores de las asambleas de barrio y de Democracia Real, que sabían de este riesgo y estaban dispuestos a poner todo de su parte para evitar que se reprodujera la imagen del pasado miércoles en el Parlament de Cataluña, crearon a su vez un cordón de seguridad para evitar que los congregados más radicales se colocaran en las vallas más cercanas a los antidisturbios e impedir que lanzaran objetos.

Denodado trabajo

Al final, el denodado trabajo de la organización consiguió que la única agresión a los agentes fuera el lanzamiento masivo de aviones de papel. Unas escuadrillas aéreas que a más de un policía arrancaron una sonrisa. Aun así, los propios organizadores pidieron a los asistentes que abortaran el 'despegue' de más 'aparatos' por si alguien se lo tomaba a mal. Lo que no pudieron frenar los convocantes fue el acoso a la prensa con continuos gritos de «televisión manipulación» y lanzamiento de botellas de aguas a los reporteros.

Como en las anteriores convocatorias del Movimiento 15M las consignas y las pancartas fueron de lo más heterogéneo, fruto de la mezcla de cientos de sensibilidades 'indignadas'. Sin embargo, ayer hubo una novedad. Desde la improvisada tribuna instalada frente al Congreso, que era un camión, el movimiento lanzó un mensaje más homogéneo. El 19J enseñó su cara más obrera y anticapitalista con una suerte de mitin de varios desconocidos al grito de «hace falta ya una huelga general» y «viva la lucha de la clase obrera». Unos históricos lemas sindicalistas, coreados por todos los presentes, y que hasta ahora no habían aparecido entre los 'indignados', que siempre han hecho gala de su independencia y de estar al margen de ideologías y de sindicatos.

Tras cerca de dos horas, la gran mayoría de los manifestantes abandonó la plaza, en la que solo quedó el núcleo duro de la protesta. Buena parte de los 'indignados' se unieron entonces a algunos de los actos lúdicos que los convocantes habían preparado en el centro de Madrid.

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