Los Jardines de Piquío se lavan la cara

Foto: Javier Cotera/
Foto: Javier Cotera

El Ayuntamiento sólo puede invertir 70.000 euros, aunque la zona requiere de una reforma más amplia para reparar escaleras, bordillos y barandillas

JUAN CARLOS FLORES-GISPERT| Santander

Tras acabar un acto oficial en La Magdalena, la Reina Sofía mandó parar su comitiva en los Jardines de Piquío. Era verano y desde este singular enclave se divisaba todo con claridad: el Palacio Real y la península, la Primera y la Segunda Playa de El Sardinero, el Faro de Cabo Mayor, el campo municipal de golf, el Hotel Sardinero, el Casino y los antiguos palacetes levantados en los años veinte.

Y es que Piquío, donde crecen palmeras y tamarix, en un gran mirador que envidian San Sebastián y Biarritz. Pero necesita un buen repaso de albañilería, pintura, mejora de escaleras y bordillos y limpieza en general. La falta de inversiones en Piquío desde hace años han hecho que las pérgolas se vengan abajo. Literal. Y antes de que esto suceda el Ayuntamiento ha tirado tres de pequeño tamaño y está restaurando la grande que preside el lugar desde que se recuerda.

Hay zonas de suelo que han cedido, peldaños descolocados, el pavimento está agrietado y faltan varias baldosas, parte de las barandillas están oxidadas y en ocasiones podridas y sueltas en algunos extremos; falta la placa señalizadora de la mesa del zodiaco, la de Colón está rota, al menos un elemento de luz que parte del suelo está semiarrancado y falta algún globo de las farolas.

La inversión en Piquío es de 70.000 euros y conlleva la mejora del entorno de la gran pérgola, el suelo y la iluminación artística. Además de parte de las cercanas barandillas de color blanco y la restauración del mapa de Cantabria en la Plaza de Las Brisas, que preside la estatua de Colón. Las tres pequeñas pérgolas de Piquío no se reconstruyen de momento. No hay más dinero.

En la gran pérgola, la obra consiste en la poda de los tamarix que descansan sobre ella, el levantamiento de las viguetas, la sustitución de los azulejos verdes y la limpieza general de los ladrillos que forman los pilares, así como el arreglo de los deteriorados. La limpieza se realiza a base de soplado a presión y manual con cepillos, aplicando tratamiento especial para que no se deteriore el elemento cerámico, explica la concejala de Parques y Jardines, María Tejerina. La obra está siendo coordinada por la arquitecta municipal Emma Báscones, con control del concejal de Cultura, César Torrellas, al tratarse del Conjunto Histórico de El Sardinero. En Las Brisas acabará la reconstrucción del mapa que representa a Cantabria en 1873 y que fue realizado en 1945 por José Tomé Jiménez. La Fundación Santa María la Real comenzó la obra y la acaba Vice, al tratarse de trabajos de albañilería. Al rescindir el contrato con la primera y adjudicárselo a la segunda se ha producido un parón en las obras de más de seis meses. La obra acaba a primeros de enero.

No se hará más en Piquío. Y lo necesita. Sólo se salva la excelente jardinería. La pradera de Piquío fue acondicionada para uso público en 1925 y, tras la Guerra Civil, convertida en jardín. Mide 7.000 metros cuadrados.

Historia de los Jardínes de Piquío

La pradera de Piquío fue acondicionada para uso público alrededor de 1925, cuando comenzó la reforma de esta zona de El Sardinero, a cargo del arquitecto municipal RamiroSainz Martínez. Piquío ha sufrido sucesivas transformaciones y después de la Guerra Civil los terrenos fueron acondicionados como jardines. La definitiva transforma ción que culminó con la construcción de rampas, escalinatas, plataformas y miradores junto con las pérgolas ornamentales completando así el armonioso conjunto se realizó en el segundo decenio del siglo XX. Pero, a pesar del pasado del tiempo, el trazado de los jardines coincide con el original.

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