Dibujar la literatura

La ilustradora cántabra Sara Morante, gran sensación de la edición independiente en 2011

JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES
Dibujo de Sara Morante para el libro 'La flor roja', de Vsévolod Garshín, que reeditó en 2011 en España Nevsky Prospects. ::
                             DM/
Dibujo de Sara Morante para el libro 'La flor roja', de Vsévolod Garshín, que reeditó en 2011 en España Nevsky Prospects. :: DM

A lo largo del pasado año, la artista cántabra Sara Morante ha pasado de ser una de las gratas sorpresas de la temporada a consolidarse como un firme valor de la ilustración española. Con su trabajos en obras como 'La flor roja', publicado por Nevski Prospects; 'Diccionario de literatura para snobs' o la personalísima reinterpretación de 'Las zapatillas rojas', ambos a cargo de la madrileña Impedimenta, la joven creadora ha conseguido hacerse un hueco en el panorama editorial nacional, e incluso internacional, y situarse como una referencia destacada de la ilustración para adultos.

Nombre desconocido

La primera vez que oí hablar de Sara Morante fue en 2010, en boca de Ainara Bezanilla. Estábamos en Santillana del Mar, en la antigua colegiata, donde se había improvisado una feria del libro. Para la ocasión, la inquieta emprendedora había invitado a Raúl Vacas, que ofreció un singular espectáculo poético. Como colofón, anunció que Mundanal Rüido, además de librería y taller multiartístico, pasaría a convertirse también en editorial, habiendo elegido para el estreno un libro de Vacas, ilustrado por Morante. Debo admitir que desconocía por completo aquel nombre, aunque la primera pista me la brindó el poeta Rafael Fombellida: «es extraordinaria, y además de Torrelavega». No parecía mala carta de presentación. Aún mejor resultó el propio libro, en el que resaltaban tanto la expresividad de los personajes como la limpieza de la ejecución técnica. A medio camino entre el dibujo a mano alzada y el diseño gráfico de las vanguardias de principios del siglo XX, el personalísimo estilo de Sara Morante resultaba ya tan definido como inconfundible.

La profesora de lengua

Pronto descubrí que, además, le encantan las redes sociales, así que con un par de 'clics' sellamos nuestra amistad en el facebook. Y, para saciar mi enorme curiosidad, vía teclado le pido más detalles sobre su vida y su obra -que es también su vida, por supuesto-. Así descubro, por ejemplo, que vive en Hendaya desde hace ocho años, y que antes vivió en San Sebastián, y así vamos desovillando su biografía hasta llegar a los años noventa.

Allí descubro a una joven que estudia para administrativo en el Instituto Miguel Herrera, de Torrelavega. «Todo empezó cuando la profesora de lengua empezó a decirme que qué hacía yo allí, que lo mío era otra cosa; que me fuera a Madrid y me hiciera guionista de 'Caiga quien caiga', o algo parecido». Ella no siguió su consejo, pero cualquiera que siga sus entradas y comentarios en la red, a buen seguro que apreciará el fino olfato que tenía la docente. «Yo no la hice mucho caso, claro; imagínate, si yo entonces ni siquiera era una buena estudiante. Hasta que un día llegó a casa una carta de la consejería de Educación, en la que me concedían una plaza en el Santa Clara, para cursar el bachillerato artístico. ¡Pero es que yo no lo había pedido! Luego supe que había sido la profesora, quien por su cuenta y riesgo envió la solicitud». Y es que aquella chica, a la que tanto gustaba la lectura, solía además transcribir a imágenes todo aquello que leía. «Hasta entregaba los trabajos de lengua con portadas dibujadas», recuerda.

Cambio de aires

El cambio de siglo lo viviría Sara en Irlanda. En el Ballyfermot College estudió Artes Aplicadas, donde le tocó vivir un momento de incertidumbre. «El entorno digital era entonces la gran novedad, pero aún no sabían cómo afrontarlo, de modo que, más que una sólida formación técnica y teórica, pretendían enseñarnos a innovar». Aunque aún no se había despertado su verdadera vocación artística. «En aquella época probaba un poco de todo: pintura, literatura, diseño; pero nada terminaba de convencerme». De modo que dejó en suspenso su vena creadora, y se dedicó a tareas menos gratas: a «buscarme la vida; durante muchos años trabajé en oficinas, como administrativa».

El reloj artístico

De nuevo, un profesor volvería a guiarla por el buen camino; en 2006 se matricula en un taller de litografía en San Sebastián, y el profesor, Don Herbert, enseguida le aconseja que se deje de oficinas y explote su talento. ¿Y por qué no ilustrando libros?

Durante algunos años, Morante depura su estilo. Además, hace años que es una lectora voraz y selecta, y desde que un día descubriera a Stephen Zweig, adora «la literatura de entreguerras, en especial su toque decadente». Tanto que, si le dieran vacaciones, se «iría encantada una semana a aquella época». En lo pictórico, le atrae el expresionismo, en especial Chagall, aunque técnicamente le influye más el modernismo. Todas esas influencias irán engrosando un portafolios, en el que pronto destacarán algunos galardones, como el Pancho Cossío de 2008, un premio de la Consejería de Juventud que se convoca a escala nacional. Y algunos encargos, que la animan a dar un cambio radical a su vida.

La apuesta del editor

Con el tiempo, ese portafolios, elaborado por las tardes, al salir de la oficina, acabaría cautivando a Enrique Redel. Primero en el sello Funambulista y actualmente en Impedimenta, Redel es uno de los nombres clave de la edición independiente española de las últimas dos décadas. Haciendo honor a su prestigio como cazatalentos, enseguida quedó cautivado por el estilo marcadamente literario de Morante. Tanto, que le confió la ilustración de su gran proyecto para 2011, la versión española del 'Diccionario de literatura para snobs'. Al gran éxito del libro no sería ajena la labor de la ilustradora cántabra, cuya carrera empezó a dispararse. Otros cuatro libros en el mismo año, y media docena de portadas certificaron su momento dulce; tanto, que hasta las grandes editoriales francesas comenzaron a llamar a su puerta. Entretanto, todavía ha sacado tiempo para comisariar una exposición de ilustradoras alavesas.

Imparable

«Llevo dos años seguidos sin dejar de ilustrar libros, así que necesito hacer un descanso», confiesa. Sin embargo, no piensa perder el tiempo. Y es que, además de preparar una exposición individual en una galería de Irún, ahora mismo le «apetece investigar otros contextos que no sean exclusivamente el libro. Me gustaría probar otros soportes, como el textil». Y seguro que será maravilloso. De momento, nos conformaremos si su exposición recala en Cantabria.