El sonido del móvil ayudó a hallar el cadáver del empresario

El cuerpo de C.R.S., de 84 años, se encontraba oculto entre matorrales en mitad de la ladera de Saltacaballos, tras salir despedido del coche que cayó al acantilado

DE LAS HERASCASTRO URDIALES.
Foto: Abel Verano/
Foto: Abel Verano

C.R.S., de 84 años, natural del pueblo palentino de Brañosera y residente desde hace muchos años en Castro Urdiales, estuvo desayunando el pasado lunes, el día que su familia le dio por desaparecido, en el restaurante Ibarbia como hacía a diario. Su coche apareció al día siguiente, el martes por la tarde, despeñado al fondo del acantilado. El hombre, que acudía a diario a la empresa familiar en Vizcaya, tomó un pincho y un café, y después fue al lavabo, «como siempre». El camarero no vio nada diferente en su actitud a otros días: «Era un hombre callado y serio», recuerda de este cliente habitual. Tras salir del local, el anciano, que solía llevar consigo un portafolios, se montó en su coche, un Hyundai Coupe antiguo de color azul oscuro, según recogieron las cámaras de vídeovigilancia del establecimiento.

Eran aproximadamente las nueve y media de la mañana. Tras detenerse un momento en el stop de la N-634, giró a la izquierda y avanzó hacia el aparcamiento al final del cual se abre el precipicio. Los dispositivos no llegaron a captar imágenes de ese momento porque están enfocadas hacia la puerta. Ayer por la mañana en el parking no se apreciaban huellas de frenada. En el mismo paraje, con espectaculares vistas al Cantábrico y al cargadero de mineral de Mioño, se ubican el restaurante Saltacaballos y una discoteca. Nadie vio ni escuchó nada, a pesar de que el impacto debió de generar un gran estruendo. La vertiginosa caída del acantilado -de unos 200 metros- silenció el ruido.

Pedro, un vecino de Saltacaballos, avistó el turismo estrellado en las rocas el martes y dio la voz de alarma a la Guardia Civil. Miembros del instituto armado, de la DYA de Cantabria y de los Bomberos de Castro empezaron a buscar al desaparecido en el entorno. Ese mismo día comprobaron que el vehículo estaba vacío y que el conductor no se encontraba en las inmediaciones. Localizaron dentro del turismo la documentación del empresario y el portafolios que solía llevar consigo. Ayer por la mañana, con la primera luz del día, se reanudaron las labores de búsqueda en la línea de costa por tierra, mar y aire.

Con cuerdas

Los Bomberos comenzaron a descender con la ayuda de cuerdas por el acantilado. Sabían que el teléfono móvil de la supuesta víctima daba señal, por lo que pidieron al helicóptero del Gobierno de Cantarina que se alejara de la zona y empezaron a llamarle. Cuando se encontraban en mitad de la ladera, escucharon el sonido del móvil y así descubrieron el cadáver del desaparecido. El hallazgo se produjo en torno a las diez y media de la mañana, apenas dos horas después de empezar la batida, a unos cien metros del agua. El cuerpo se encontraba oculto en una zona de matorrales, en la trayectoria que supuestamente siguió el Hyundai al precipitarse por el barranco.

Los servicios de emergencia sospechan que el hombre salió despedido al impactar el vehículo contra la ladera y reventarse la luna delantera. Los investigadores de la Guardia Civil deberán determinar ahora qué fue lo que provocó la caída del coche de C.R.S. por el acantilado, aunque el accidente de circulación parece haberse descartado.

La complicada operación de rescate continuó tras el hallazgo. El cuerpo se encontraba en un punto inaccesible, por lo que fue izado con cables por un helicóptero del Gobierno de Cantabria y trasladado por la aeronave hasta una explanada próxima. Allí, la jueza de guardia de Castro Urdiales, acompañada por la Policía Judicial, ordenó el levantamiento del cadáver, que será sometido a una autopsia para determinar las causas de la muerte.

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