Un matrimonio que trabaja en Teka se busca una alternativa laboral en la cría de alpacas

Foto: Alberto Aja/
Foto: Alberto Aja

Después de una vida laboral ligada a la firma cántabra deciden crear una empresa rural en una finca de su propiedad en Penagos

NIEVES BOLADOLOS LLANOS.

Para Francisco Yedra y Pilar Fortes, el paro no es una posibilidad, sino una alta probabilidad. Son matrimonio, tienen dos hijos, y ambos trabajan en la factoría Teka de Santander. Ahora están en huelga. No cobran desde hace un mes. No lo saben todavía, pero pueden estar incluidos en la lista de las 198 personas predestinadas al paro en la factoría de Cajo.

Ellos han decidido no esperar a que les llegue la cartilla del paro. Ni siquiera saben si estarán en esa maldita lista, pero lo que sí han decidido es no quedarse quietos y emprender una nueva vida laboral porque «hay que subsistir. Si nos quedamos en el paro, como están las cosas, no nos estará esperando otro puesto de trabajo en ningún sitio». Han hecho suyo aquello de 'no queremos peces, hemos aprendido a pescarlos'.

Dicho y hecho. Son las diez de la mañana de ayer domingo cuando comenzaba para ellos una alternativa a su actual vida laboral, que puede quedar interrumpida en unas semanas. «Ojalá que no pase, pero hay que estar preparados». Así que de trabajadores por cuenta ajena, se han convertido de la noche a la mañana, también, en pequeños empresarios. «Tenemos que buscarnos la vida», precisan, y han comenzado a crear una cabaña de alpacas para su crianza, obtener de ellas su cotizada lana y tener una empresa que «en cuatro o cinco años esté funcionando perfectamente».

Nos reciben en el porche de su vivienda con el vaso de café en la mano. Por la finca deambulan vecinos, amigos y familiares, con el vaso de café en la mano, esperando todos a conocer a las 'estrellas'.

Francisco y Pilar parten de la base de que son propietarios de una finca en Los Llanos, un pueblecito de 140 vecinos, en el municipio de Penagos, donde han levantado una casa prefabricada, y donde viven desde hace un año. Ayer por la mañana no era día de labor y los vecinos de Los Llanos, entraban y salían de la finca para ver a «esos animales». Eran la atracción del día festivo. A la puerta, una furgoneta desvelaba parte de lo que 'cocía' en la casa: las ventanillas estaban tapizadas de carteles denunciando los despidos en Teka. Francisco Yedra tiene 46 años, 26 de los cuales los lleva trabajados en la fábrica Teka, primero como obrero y luego en el departamento de calidad. Su mujer, Pilar Fortes, de 43, lleva siete años en la factoría de Cajo, trabajando en el almacén, pero venía de la sucursal de la misma firma en Alcalá de Henares, antes de que fuese cerrada.

Francisco dice que comenzó 'a olerse' que algo no iba bien en la fábrica hace tiempo. «En agosto pasado empecé ser consciente de que los pedidos no llegaban. Habíamos trabajado a tope cuando el estallido de la construcción pero aquello se cortó de golpe, y como la media de trabajadores somos aún jóvenes, no se preveían jubilaciones anticipadas. Comenzó a dar vueltas en mi cabeza una idea. Lo cierto es que pensé que sobrarían unas 30 ó 40 personas, jamás me imaginé que estuvieran pensando en casi doscientas».

Cuando se presentó esta papeleta, en el dormitorio del matrimonio Yedra-Fortes hubo muchas noches de vigilia, «pensando en que si, por desgracia, nos echaban a los dos qué íbamos a hacer». Pero en las cabezas de Francisco y Pilar bullía también desde hace un tiempo la posibilidad de ir creando una alternativa laboral propia, «un por si acaso».

«Seguro que saldrá bien»

Fue al anunciarse los despidos en Teka cuando se precipitaron los acontecimientos, y lo que hasta entonces había sido sólo una posibilidad, se convirtió en realidad, en la materialización de esa idea empresarial, largamente acariciada.

Habían visto por televisión que comenzaban a proliferar en España las granjas de alpacas, un animal con una lana muy apreciada y mejor pagada. Conocieron físicamente sus posibilidades al visitar la única que hasta ayer había en Cantabria, la de Alison Boyden, una inglesa radicada en San Pedro del Romeral, pionera en la cría de estos animales en la región. También visitaron las numerosas explotaciones que hay Francia.

Fueron reuniendo todas las circunstancias que había a favor de emprender esta empresa, «es que somos los dos muy optimistas y estamos seguros de que nos saldrá bien», precisa Pilar, y concluyeron: «Las alpacas son animales de fácil crianza, que tienen muchas posibilidades de comercialización, con compradores asegurados, de manutención muy barata...». No había más que pensar. «Nos pusimos en contacto con una empresa francesa que abastece de alpacas a toda Europa y dimos el paso». Sin quererlo, algo negativo -la amenaza de paro- se convirtió en positivo: les empujó a tomar una decisión que no acababa de tomar cuerpo.

Han comprado cinco hembras preñadas, prontas a parir, y el mismo vendedor, el inglés Niggel Cobb, les ha cedido, durante un par de años, un semental, por lo que en este tiempo ya esperan ampliar la cabaña. «Nos vendría bien poder mantener a los dos el sueldo de Teka hasta que nuestra empresa se asiente, pero en el peor de los casos, que uno fuera a trabajar a la fábrica y el otro se quedara en la granja. Necesitamos subsistir hasta ver si es o no una empresa viable».

«Conseguiremos dos sueldos»

No quieren desvelar cuánto les ha costado la partida de alpacas que han comprado, «pero los precios pueden oscilar entre 500 euros y llegar hasta los 6.000 euros, según las cualidades del animal».

Tampoco quieren hacerse ricos con esta iniciativa, «nos conformamos si en unos cinco años sacamos de la empresa un sueldo para cada uno de nosotros, y creemos que es posible». Todo su dinero, ahorrado en los últimos años, está ahora en las alpacas. «Si nos despidieran nos tendrían que indemnizar con dos años de salario y mandarnos al paro el mismo tiempo y todo lo invertiríamos en la empresa».

Están expectantes, ilusionados, «y no tenemos miedo. No hay que tener miedo cuando hay ganas de salir adelante, y si te quedas en el paro, hay que buscar nuevas vías, trabajar mucho y arriesgarse. No hay que hundirse ni quedarse quieto. Hay que volver al mundo rural donde hay posibilidades»; eso sí, «doblando el riñón».

Entre sus compañeros de la fábrica a los que les han dado a conocer este proyecto, que ya es una realidad, han encontrado «escepticismo en unos, apoyo en otros, y hasta hay quien dice que estamos locos trayendo estos animales».

Pero no queda aquí su reto. Criarán alpacas, pero su objetivo es hacer crecer la empresa hasta cerrar todo el círculo de la producción: «De aquí a cuatro años», explican Francisco y Pilar, «esperamos poder comprar una máquina que haga el proceso del hilado y deje la madeja hecha. Cuando logremos este objetivo, el siguiente es llegar a fabricar ropa de alpaca, contando para ello con artesanos de la zona. Esto último es a largo plazo, pero estamos empeñados en conseguirlo».

Mientras se desarrolla esta conversación, la huerta se ha ido llenándo de gente, vecinos, curiosos, familiares. Marina Ortiz, tiene 87 años mira con curiosidad a los nuevos habitantes de la cabaña ganadera: «Yo no sé como va esto, hija, pero si dicen que estos animales se crían bien aquí... Me gusta que esta parejuca haya venido a vivir al pueblo y que quieran trabajar aquí».

Francisco y Pilar hoy volverán de nuevo a las movilizaciones pero sabiendo que ellos podrán quedarse parados, pero no quietos.

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