Una decisión entre comillas

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El adiós a Colegios del Mundo desata tanta especulación como frustración | La falta de patrocinios para mantener el centro, clave de la suspensión de un proyecto cuyo posible impacto había despertado en Comillas grandes expectativas

A. MACHÍNSANTANDER.

Impacto y alivio. Decisión unilateral aunque acuerdo conjunto. Fe en las posibilidades del proyecto pero mirada inmediata hacia otro lado. La cancelación sorpresiva y celérica del celebrado proyecto Colegios del Mundo para Comillas ha provocado tanta desolación, entre quienes se mostraban convencidos de los efectos positivos de esta iniciativa educativa de perfil internacional, como tormenta política. Una decisión repentina, fraguada en apenas diez días, pero fruto de una decisión sin fisuras.

El cajón de la crisis en el que todo cabe guarda ya la ilusión de unos -las expectativas de Comillas sobre todo- y la moderada implicación de otros -el Gobierno había hecho los deberes para consolidar el proyecto pero ya echa cuentas para intentar destinar los 58 millones de la inversión en otros gastos-. Mientras, la oposición señala culpables, tiemblan los cimientos del futuro Centro Internacional de Estudios Superiores del Español, de la Fundación Comillas, y todo apunta a que el despedido complejo educativo está en la lista de pedidos de Alemania y China.

El Gobierno de Ignacio Diego siempre mostró sus reticencias y escepticismo sobre el proyecto, pero desde que el pasado miércoles se conoció la cancelación, el Ejecutivo ha reiterado por activa y por pasiva que nada ha tenido que ver en la decisión. La clave, aunque previsible por la cada vez más profunda sima económica, radicó en que la Fundación de Colegios que debía asumir los gastos de gestión no logró conseguir patrocinios suficientes en unos casos, o bien se encontró la sucesiva negativa de mecenazgos comprometidos en otros. Las dudas iniciales, nunca ocultadas, desde el Gobierno regional se habían transformado en los últimos tiempos en una clara apuesta por la continuidad del proyecto de Colegios del Mundo Unido en Comillas. La escenificación del apoyo ya se plasmó en otoño ante el Rey don Juan Carlos cuando el presidente cántabro le anunció su firme propósito de convertir a la comunidad autónoma en una región «diferenciada» por la «excelencia educativa». El monarca siempre mostró su especial interés al ocupar el cargo de altos patronos de la fundación española de Colegios. Pero en estos momentos las prioridades de la Casa Real, tras el caso Urdangarin, quedaban distanciadas de este proyecto.

Cuando el presidente del Santander, Emilio Botín, e Ignacio Diego fueron convocados a la reunión del Patronato, la suspensión era un hecho asumido. El lamento y el pesar eran tan unánimes como el alivio por desembarazarse de la responsabilidad de llevar adelante un proyecto cuyo coste de mantenimiento, cifrado en 15 millones, no podía afrontarse sin patrocinios.

Los trámites hasta anunciarse la defunción se habían cumplido escrupulosamente. En diciembre, por ejemplo, el conjunto de la antigua Universidad Pontificia de Comillas se convirtió en Proyecto Singular de Interés Regional (PSIR). El Gobierno aprobaba definitivamente su declaración tras la petición promovida por la Sociedad de Activos Inmobiliarios (Saicc), propietaria de los terrenos y de las edificaciones donde se ubicará el futuro Centro del Español y donde estaba prevista la instalación de la sede de Colegios. La obra estaba adjudicada aunque el contrato no se había firmado.

Mientras en Comillas domina la queja y la frustración, el Gobierno insiste en que negociará con el Banco Europeo de Inversiones para emplear los fondos previstos en otras infraestructuras. Diego, igual que ha expresado que estaba dispuesto a mantener sus compromisos con el proyecto, subraya ahora su confianza en que los fondos puedan ser destinados a otros fines.

Memoria y números

Pero en la villa no hay consuelo. «Se verán cada día más profesores y estudiantes chinos aquí». Las palabras de Bangzhao Zhu, el embajador, retumban por los muros centenarios. Porque, tras las noticias y las reacciones, quedan los recuerdos y los números. «Todo se tiene que notar en el pueblo, especialmente cuando tengamos aquí quinientas personas de forma permanente», aseguró en su día Ignacio Gavira, director general de la Fundación Comillas. Y echaron cuentas. Hay una memoria económica en el ayuntamiento y el equipo de gobierno, del Partido Regionalista, contaba con sus propios cálculos. Cuantificar el impacto. De entrada, un aumento de la población estable de entre el 15 y el 20% en una localidad con 2.500 habitantes. Pero, sobre todo, empleo. Es la palabra que más repiten. «Doscientos puestos directos y otros muchos indirectos». Es la estimación municipal. Mantenimiento, cocinas, jardinería, limpieza... Y proveedores, bares para entretener a los chicos, hoteles sus familias... En el acuerdo firmado por los participantes en la mesa de la Concertación Social está escrito que el proyecto Comillas y Colegios del Mundo crearían 400 empleos.

Es más, los talleres de formación que se imparten desde que Comillas supo que sería sede se han centrado en preparar a los alumnos para recibir al Colegio. A una media de 16 por año. «Queríamos que cuando vinieran los estudiantes hubiera gente preparada», dice María Teresa Noceda, la alcaldesa. «Lo teníamos todo preparado». El pueblo tenía previsto su propio 'lavado de cara'. Se trabaja en la depuradora para mejorar el saneamiento, ya está hecha la nueva subestación eléctrica e iban a ampliar el depósito de agua. A eso ya le han dado el alto. Su cuenta para medir el impacto económico sobre el pueblo es simple: 240 alumnos por el importe de su beca. Es decir, 40.000 euros por barba. En total, 9,6 millones «que iban a quedarse aquí» cada año «de una u otra manera».

Y no sólo en el Ayuntamiento y en los adoquines de las calles echan números. También en las oficinas de las empresas que se iban a encargar de la obra. A partir de este verano, 225 personas iban a trabajar en el recinto y otras doscientas lo harían de forma indirecta. A poner en marcha la residencia, el seminario, el frontón, los apartamentos para el profesorado... Un año y medio de tarea. Trabajadores que comerían, tomarían café, comprarían el periódico... Otro cálculo. Sin olvidar que los presupuestos se han venido abajo.

Pero hay otros dos aspectos que escapan del cálculo. Impactos sin euros 'contables'. Dos palabras que también han repetido. Promoción y talento. «Comillas será centro de atención de todo el mundo», aseguró Gavira. Ahora ya saben que no vendrá la reina Noor de Jordania, ni recibirán el saludo de Mandela, ambos vinculados a Colegios del Mundo. También que no reunirán a personas como Tara Hermez o Mohamed Youssef. Ella es libanesa y habla cuatro idiomas. Él, egipcio, domina cinco. Los dos pasaron por las aulas de Colegios del Mundo y vinieron a Comillas a contar su experiencia. A constatar que en esta institución estudia lo mejor de lo mejor. Y juntar talento genera talento.

No vendrán. En Comillas ya lo saben. Desde esta semana tienen claro que los chinos sólo aparecerán en verano. Para sacar una foto al Capricho e irse por la tarde.