«Mis novelas están llenas de tropezones de filosofía»

El escritor Álvaro Pombo abrió ayer la Tribuna Literaria de Caja Cantabria con 'El temblor del héroe', una obra que evidencia «el patinazo» que atraviesa la sociedad

MARTA SAN MIGUELSANTAND ER.
El escritor santanderino Álvaro Pombo, ayer, en la Obra Social de Caja Cantabria, donde presentó su nueva novela. ::                             ROBERTO RUIZ/
El escritor santanderino Álvaro Pombo, ayer, en la Obra Social de Caja Cantabria, donde presentó su nueva novela. :: ROBERTO RUIZ

Como el turrón duro. Hay que morder con algo de furia controlada la literatura de Álvaro Pombo (Santander, 1937) para poder alimentarse de las texturas y sabores de su mezcla de géneros. Sus novelas «están llenas de tropezones de filosofía», dice el reciente ganador del Premio Nadal, que ayer presentó en Santander su laureada novela 'El temblor del héroe'. En ella el narrador cántabro habla de las lacras de la juventud y de la vejez, del paso del tiempo y sus impertinencias... pero sobre todo habla del desánimo, el que aprisiona a su protagonista, un catedrático jubilado que representa la figura de ese «intelectual que ha perdido vigencia», esa «función de ejemplaridad pública» que los hizo necesarios y visibles «en la época de Sartre».

Desde las páginas de su última novela, que ayer abrió en el Casyc una nueva edición de la Tribuna Literaria de Caja Cantabria, el autor de 'Una ventana al norte' construye un personaje sobre las bases de las preguntas que sustentan el pensamiento crítico, la reflexión y el abandono de los dogmas. Y lo hace creando la figura de Román, un personaje que se siente vacío, enemistado con el mundo y consigo mismo, falto de sustancia en su existencia porque el tiempo le muestra lo que realmente es, los libros que no escribió, todo lo que no hizo y que en la actualidad le darían un valor a sí mismo frente a la devaluación que experimenta ante su nueva existencia.

Entre «tropezones de filosofía», como bloques de almendras o pasas al ron, el turrón de Pombo suma ingredientes que dotan de unidad, sentido y sabor todas las injerencias con la realidad. Y lo hace con los personajes que acompañan el narcisismo venido a menos de un profesor en huelga de halagos. Ahí entra en escena un joven periodista, Héctor, cuya presencia zarandeará al protagonista desde la decrepitud de su profesión; o Bernardo, un truculento personaje patinador sobre el que Pombo sostiene esa percepción del mundo que ofrece en su nueva novela: «Los EREs, los bancos... Estamos en pleno patinazo», dijo ayer en un constante ir y venir de metáforas e ideas, citas en inglés y guiños al ideario de su partido, UPyD.

«Hay una actitud contemporánea de resbalar por la superficie de las cosas». Y para él, ese «resbalar» sin profundizar en los problemas de la sociedad es una «tentación muy posible». Este es un «momento triste» para Pombo, quien no ve en la actualidad, «ni siquiera en el movimiento 15-M», los «bancos de furia» que se precisan.

Aunque su novela refleja «el tiempo en que vivimos», sólo lo hace de una «manera esquinada». Pero en esa esquina en la que el santanderino coloca el foco de su mirada aparece un «cadáver del que nadie quiere hacerse cargo». Este pasaje, clave en el desarrollo de la novela del que no dijo más «por aquello del suspense», le sirve a Pombo para enraizar una vez más su ficción a la tierra: «Estamos en una época en la que nadie carga con el muerto, por la idea del 'yo no fui'». Y lo hace con una estructura más parecida al teatro que la narración lineal de una novela. «Me interesa mucho la forma de las abreviaturas que se desprende del uso de los SMS porque las considero un camino para alcanzar la esencia de las palabras», dijo ayer tras confesarse 'tuitero'.

La «importancia» de vivir

Después de ganar el Premio Planeta en 2006 con 'La Fortuna de Matilda Turpin', Pombo ha conseguido este año el Nadal con 'El temblor del héroe', manteniendo así su nombre unido al de los galardones literarios más prestigiosos -y rentables- del país. Académico de la RAE y miembro del partido que dirige Rosa Díez, Pombo sólo deja entrever sus años en el bastón sobre el que sostiene los pasos que dio ayer por su «pindia Santander» hasta llegar a la sede de la Obra Social de Caja Cantabria. Su voz narrativa, por el momento, goza de buen ritmo, quizá porque es consciente en público y en privado de que vivir es «un momento único, inigualable», y hay que hacerlo «con la importancia que tiene».

Escribe en la actualidad unos cuadernos sobre Filosofía y Letras, que espera que se publiquen a final de año. También tiene entre manos una colección de poemas y unos cuentos, ya comenzados, que quiere terminar. Lo que parece que le falta por escribir es «una gran novela cómica», un proyecto que le gustaría llevar a cabo, al igual que seguir estando «medio regular» hasta el final de sus días.