Bajo Ulloa en Baeza

IÑAKI EZKERRA

El pasado fin de semana Juanma Bajo Ulloa terminó de rodar en Baeza un cortometraje sobre Antonio Machado y su estancia de siete años en esa localidad tras la muerte de su esposa. La verdad es que me chocó tener noticia de un rodaje semejante y de que al director de títulos como 'Alas de mariposa', 'Airbag' o 'La madre muerta' le interesara un asunto como ése, tan literario, tan tranquilo, tan gris y tan escasamente perturbador.

Yo a Bajo Ulloa lo recordaba de inquietante, de modernillo y de maldito. Lo recordaba metido en la frivolidad de la provocación por la provocación. No me pegaba nada que pudiera interesarle la tristeza de un poeta viudo de levita raída y llena de caspa. La verdad es que el asunto de la viudedad de Machado en Baeza no me interesaba ni a mí. Me parecía cosa como de bachillerato franquista o de tarde soleada de siesta y de lenta digestión de la adolescencia. Me parecía algo demasiado trillado y sobre lo que no se puede decir nada nuevo. Y, sin embargo, ahí está Bajo Ulloa interesadísimo en el tema y trabajando para el centenario de ese aterrizaje jienense del abatido poeta de Sevilla.

Esa noticia me ha hecho sentirme frívolo a mí y recapacitar en el mensaje que aún puede brindarnos tal episodio del primer tercio del pasado siglo. Y lo que nos brinda es la vivencia plena del luto que no busca el olvido ni la anestesia del acelerado en el aturdimiento de una vida disipada o de una gran ciudad sino el paisaje a medida del dolor. Hace bien Bajo Ulloa. Baeza aún puede decirnos mucho.