«Vi a uno de mis hombres llorar»

Los efectivos de los Cuerpos de Bomberos de la región trabajaron sin pausa tras el anuncio del ERE

SHEILA IZQUIERDOSANTANDER.
Las llamas se cebaron con los montes del valle de Iguña. ::
                             CELEDONIO/
Las llamas se cebaron con los montes del valle de Iguña. :: CELEDONIO

«Vi a uno de mis hombres llorar, venirse abajo, porque no podía más. Estaba completamente abatido al pensar que todo este trabajo mañana no merecería la pena si le echan a él o a uno de sus compañeros». Los bomberos de la región atraviesan una situación difícil veinticuatro horas después de que se anunciara que su empresa, el Servicio de Emergencias de Cantabria, se vería afectada por un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) por el que 28 trabajadores se van a ir a la calle. Y pese a todo, allí estuvieron aguantando el tirón, con la espada de Damocles encima. Su misión estaba en los montes, en donde en ocasiones pusieron en riesgo su vida por extinguir los incendios que otros habían provocado. Su cabeza, sin embargo, estaba en otro sitio. Estaba en la palabra despidos. «Le abracé y le dije que descansara. Que no pasaba nada. La gente está preocupada. ¿Sabe?. Demasiado para días como estos», comentaba un agente.

Su testimonio aclara lo que estos hombres han vivido en el epicentro del mismísimo infierno. Y en el día previo a una huelga general. «Para la que nos habían dado los servicios mínimos en un principio y en cuestión de horas nos han devuelto al cien por cien del funcionamiento».

Situaciones difíciles tampoco han faltado. Como la que tuvieron que vivir el cuerpo de bomberos de Valdáliga que, en el tramo que va desde La Lastra a Lunada, tuvieron que realizar las labores de extinción de los focos colgados de una cuerda y en una pendiente del 70%.

Su caso se suma a otros tantos que han soportado los del parque de Los Corrales, Villacarriedo, Castro, Laredo y Tama, que desde el pasado fin de semana han estado en aquellos montes de la región donde el fuego se iba propagando, en lugares más o menos accesibles, en otros donde arriesgar el pellejo es un deber y no dudan, lo hacen y en condiciones en las que debían soportar el cansancio que acompaña, en algunos casos, veinticuatro horas de trabajo ininterrumpido.

Nada de estos factores es comparable, sin embargo, a la preocupación que les ronda.

La incertidumbre sobre su futuro laboral coincidió con la activación de la alerta de nivel 1 en toda la región, lo que supuso intensificar su trabajo. En los descansos aprovechaban para reponer fuerzas y sacar un tema de conversación: los 28 despidos.

La responsabilidad

«Jamás lo vamos a pagar con el ciudadano», explicaba Jorge Velasco, técnico de intervención de Cantabria, que prefería hablar de la labor profesional de los efectivos y no de la «preocupación» y «abatimiento» que les rodea. «Los efectivos desplegados llevan trabajando sin descanso desde los últimos días y ninguno ha dejado su puesto», comentaba. Destacó además las condiciones «complicadas» del trabajo de estos días, como el peligro que supuso en determinados momentos el cambio de viento en las pistas forestales».

La región ha soportado en esta temporada numerosos incendios. Por eso, muchos de ellos, ya contaban con tener trabajo en ciertas zonas como Los Corrales, Polaciones, Puente Nansa o Carmona. «No pensábamos que se nos complicara tanto», insistía Velasco.

Peor aún lo pintaba Seve, el responsable de Montes de la zona de Cabezón, que dijo haber visto cómo las cuadrillas de trabajadores se encontraron tablas con puntas en las pistas forestales que daban acceso a los focos y que estaban 'colocadas' con la intención de evitar el acceso en los vehículos 4x4 y autobombas. Más que evitar su tránsito, su finalidad era «reventar los equipos antes de actuar».

Momentos duros

«Había ausencia de medios», «vivimos situaciones de preocupación», «hemos visto gente abatida»... Los comentarios procedentes de cada uno de los parques de bomberos de la región coincidían en que estos días no han sido duros. Han sido «muy duros».

Ellos, los bomberos y efectivos del Servicio de Emergencias del 112 de la región seguirán teniendo estos días y hasta que no concluya la temporada de incendios una misión contundente: extinguir. Y una pregunta rondándoles la cabeza: ¿Seré yo uno de los 28?.

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