Una sana y contagiosa locura

'El Manicomio de los Horrores' se despide de Santander tras doce aforos llenos y más de 14.000 espectadores

JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSANTANDER.
El contorsionista Sr. Burton protagoniza uno de los números más espectaculares de la nueva producción del Circo de los Horrores. ::                             JAVIER                             COTERA/
El contorsionista Sr. Burton protagoniza uno de los números más espectaculares de la nueva producción del Circo de los Horrores. :: JAVIER COTERA

El 'Manicomio' ha cerrado sus puertas. Y no precisamente por falta de clientela e internos. El último espectáculo del Circo de las Horrores se ha despedido de Santander después de doce funciones con el aforo lleno. Más de 14.000 personas han pasado por la carpa instalada en el aparcamiento del campo del fútbol del Sardinero, que ya viaja camino de Bilbao. «La respuesta ha sido espectacular», confesaba el productor Manuel González a la hora de hacer un «emocionado» balance. «No ha podido salir mejor; han sido cinco semanas muy intensas de encuentro de los nuevos artistas, montaje, ensayos, estreno... Además de Cantabria, ha venido a vernos gente de Asturias, País Vasco, Madrid...», resumía el promotor antes de agradecer todas las «facilidades recibidas» por el Ayuntamiento para estrenar en Santander, a donde prometen regresar en un futuro cercano.

El equipo, formado por más de 40 artistas de Inglaterra, Brasil, Bielorrusia, Bélgica y España entre acróbatas esquizofrénicos, malabaristas ludópatas, contorsionistas de plastilina, enfermeras bipolares, ilusionistas paranoicos, trapecistas catatónicos, payasos degenerados y un monologuista con doble personalidad, todos bajo dirección de Suso Silva, convencieron al público a través de un montaje que juega más con el humor que con el miedo y que hereda muchas de las singularidades del espectáculo homónimo 'El circo de los horrores' que ya se pudo ver el pasado año en Santander.

El show, ambientado en un manicomio dominado por una frase nada loca ( «No son todos los que están, ni están todos los que son»), moderniza durante más de dos de horas las variantes del circo clásico y las fusiona con otras artes como la música o la danza en búsqueda de redondear un montaje que satisfaga a todos los públicos.

Los internos de este viejo «loquero», vigilados por guardianes sin escrúpulos y torturados por cirujanos y enfermeras eróticas y carniceras, son capaces de liberarse de todas las camisas de fuerza y aliviar la severa medicación con números que buscan la sorpresa y la interacción del público, que se convierte en un protagonista más de muchos de los números y de las gracias de los humoristas.

El director de 'El manicomio de los horrores', el propio Suso Silva, en el último número antes de la despedida colectiva, se quita el maquillaje y se despoja del disfraz en un guiño que demuestra y evidencia que todos estamos un poco locos, cada uno a su manera. Está claro que donde hay que tener cuidado es ahí fuera, porque la locura puede ser mucho más peligrosa que la que reparte el equipo del 'Manicomio de los Horrores' a base de originalidad, riesgo y humor, mucho humor, más que necesario en los tiempos actuales. Bendita locura, por tanto.

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