Aparecen los nervios en tiempo de exámenes

Las biblioteca del Interfacultativo es una de las más concurridas en estas semanas de exámenes. / Foto: Dani Pedriza/
Las biblioteca del Interfacultativo es una de las más concurridas en estas semanas de exámenes. / Foto: Dani Pedriza

Pocos se salvan de la tensión de la evaluación, pero confiesan trucos para superar el bache

JOSÉ CARLOS ROJOSantander

Comienza a manifestarse como un cosquilleo en el estómago. Suele ser la primera reacción ante la cercanía de un examen. Lo peor es cuando el alumno no tiene que preparar solo uno, sino cuatro, cinco o más pruebas. Y todo en las tres mismas semanas en que tendrá que dar también el remate a los trabajos prácticos. Entonces los nervios se traducen en otros síntomas: irritabilidad, insomnio, ansiedad, etc. Por eso la universidad es durante estos días un foco de desasosiegos, porque esta semana se traspasa el ecuador del periodo que dura la primera evaluación del presente curso, que comenzó la pasada semana y se prolongará hasta el día 11 de febrero.

«No voy a decir que no sientes un poco de inquietud;pero para nosotros eso de ponerse nervioso en exámenes ya no es un problema. Hace tiempo que lo superamos porque sabemos lo que hay», razona David Díez, alumno de Ingeniería Mecánica. «El problema mayor lo tienen los estudiantes de primer curso, los que llegan del instituto y se encuentran con una realidad muy diferente», completa su compañero de clase, David Ruiz. Porque, al menos para los que continúan con el plan de estudios viejo, los que no se han adaptado a Bolonia, a veces los exámenes son bien diferentes de lo que se ha visto en clase. «Eso es lo que te crea más inquietud en un principio, no saber con qué te vas a encontrar. Ahora, con el paso del tiempo, más que nervios te produce indignación», rematan los compañeros.

En las bibliotecas de la universidad se juntan todos: los que terminarán sus carreras por el plan antiguo y los que cursan los programas de estudios de los grados. Hay quien defiende la nueva metodología de Bolonia, porque la tutorización es mayor y la evaluación es continua, evitando una situación de examen final, donde jugársela a todo o a nada. Los matriculados en los grados protestan, a su vez, por el estrés que produce la ingente carga de trabajos, que se junta en estas fechas con la preparación de los exámenes. En resumidas cuentas, nada es blanco o negro, y todo tiene sus matices.

«Tal vez la solución fuera que nos dieran algo más de tiempo para el periodo de exámenes. Quizá debieran prolongar estas tres semanas a cuatro. Así nos daría más tiempo a organizarnos y a preparar bien todo», comenta Andrea Solares, de Magisterio. Aunque parece inevitable sufrir un poco tanto antes del examen, como durante e incluso después de haber realizado la prueba. «Yo lo paso muy, pero que muy mal el día antes del examen. No me tengo en pie. Tomo unas gotas de herbolario que dicen que son muy buenas, que relajan, pero aún con todo eso se pasa mal», confiesa Sara Gómez, en el Grado de Industriales. «Más que prolongar el periodo de exámenes, tal vez estaría bien organizar mejor las fechas. Estaría bien que se mirara un poco el calendario para evitar hacer coincidir las asignaturas más espesas o aquellos periodos en los que la carga práctica es más fuerte», sugiere.

Atracón de última hora

Pero nadie puede evitar el atracón de la última semana. «O el del último día y eso que no dormir nos sienta fatal», lamenta Ángela Vázquez, también de Magisterio. «Ya hemos comprobado que lo mejor es estudiar mucho hasta el último día y luego dedicar unas cuantas horas a un repaso integral. Si quieres aprender la última noche lo que no has aprendido durante el curso, solo conseguirás liarte más. Antes de cualquier examen, está comprobado, hay que dejar despejada la cabeza», asegura.

Hay quien mantuvo la cabeza despejada durante mucho tiempo, quizá demasiado, y no alcanzó a estudiar lo que debía. También quien sí lo hizo; pero considera legítima una ayuda piadosa. De ahí que muchos confiesen prácticas ilícitas: copian. Y quien no lo confiesa en propia persona, aclara que es bastante común verlo entre los compañeros. Especialmente ahora que los teléfonos móviles permiten tantas posibilidades. Algunos, de hecho, se ponen más taquicárdicos precisamente cuando llevan a cabo estas artes.

Para los que no quieren llegar hasta esas prácticas, lo mejor es el estudio organizado, con una estrategia fijada. «La mejor manera de no ponerte nervioso es estudiar mucho para ir con seguridad al saber que no vas a tener problema, te pongan lo que te pongan», zanja David Salas, convencido de su experiencia de estudio en Económicas.

«Yo procuro hacer esquemas, me gusta estudiar con mi letra y además me ayuda a estructurar las ideas», agrega Andrea Solares. Y entre la opción de estudiar en casa o en la biblioteca, la opinión es unánime. «En la biblioteca, por supuesto. En casa siempre tienes muchas distracciones, el ordenador, la nevera, la televisión, etc. Mejor en la biblioteca», asegura David Ruiz, alumno de Mecánica. «Pero solo pedimos una cosa, por favor», se suma Sara Gómez, «que pongan bien la calefacción. De lo contrario, con frío, no hay quien estudie», demanda entre sonrisas, pero bien en serio.

A unos les costará más que a otros. Hay quienes los llevarán mejor que peor y todos parecen tener claro que lo más eficaz para combatirlos es estudiar bien;pero los nervios parecen un compañero de viaje inevitable durante estos días. Al menos en alguna de sus manifestaciones: «en el estómago», señala la mayoría, «en la espalda y sus dolores», agregan otros, «o en las dificultades para dormir porque te pasas el día dando vueltas al temario», dicen algunos. Por eso solo queda resignarse y esperar a que la evaluación termine.

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