«No hay bonito»

Los barcos pesqueros salen de nuevo a buscar el bonito pero sin muchas expectativas. / A.C./
Los barcos pesqueros salen de nuevo a buscar el bonito pero sin muchas expectativas. / A.C.

La escasez ha obligado a la flota a permanecer amarrada en puerto. Ayer salieron a faenar, sin grandes esperanzas

ANA COBOSANTOÑA.

Tras una costera de bocarte marcada negativamente por el mal tiempo, y otra de verdel, cuyo cupo se consumió en un 'visto y no visto', la flota cántabra tenía depositadas todas sus esperanzas en la pesca del bonito. No es para menos, pues los pesqueros tienen en los túnidos uno de sus principales pilares de subsistencia. Los ánimos de los pescadores se han caído literalmente por la borda cuando apenas ha pasado un mes desde que arrancara la costera, coincidiendo con la festividad de la Virgen de El Carmen, y ya han tenido que amarrar las embarcaciones porque no hay ni rastro del esperado bonito.

Han descansado desde el pasado viernes hasta ayer jueves, que volvieron a salir a faenar con la esperanza de encontrar, por fin, al bonito en las aguas cantábricas. El recorrido de los pesqueros, como en las semanas precedentes, será entre los cabos Machichaco (Vizcaya) y Peñas (Asturias), aunque su intuición no invita al optimismo. Lo dice Miguel Fernández, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores Virgen del Puerto de Santoña que hace un balance «muy malo» de las primeras semanas de una campaña, que si bien empezó con buen pie, ha dado un giro radical: «No hay bonito».

Poco y mal pagado

El patrón mayor exhibe las cifras, que nunca mienten: «Los datos, hasta el 31 de julio, dicen que se habían subastado en Santoña 200.000 kilos de bonito». Se trata de una cantidad «relativamente aceptable» pero que no se vio compensada en la sala de ventas: «Se ha vendido a precios bastante bajos entre 2,50 y 2,60 euros por kilo», señala. Un importe que se queda en la mitad de lo deseable, entre cinco y seis euros el kilo, que darían pie a un balance positivo.

Y es que ir a por el bonito obliga a gastar mucho combustible, y si, además, lo poco que se captura se subasta a precios tan bajos, el dinero se les va a los pesqueros por la chimenea. El panorama se ha complicado aún más al empezar el mes de agosto cuando han vuelto a tentar al Cantábrico y se han percatado de que los túnidos han desaparecido. Ni rastro de ellos. Una escasez que les ha obligado a parar unos días, exactamente desde el pasado viernes, 9 de agosto, hasta ayer que se animaron a volver salir.

Se podría adelantar el cierre

Serán las nuevas capturas las que marquen el devenir de esta costera en la que, en Santoña, están implicados una decena de barcos, la mitad de cacea y la otra de vivero. «De momento ha desaparecido, pero no sabemos. La semana que viene puede haber algo. La flota ha salido a buscarlo».

Si vuelven con las bodegas vacías es probable que se precipite el cierre de una campaña, que de ir bien, podría alargarse hasta finales de septiembre. Pero visto lo visto no tienen seguro que merezca la pena emprender un largo y costoso viaje para buscar un pescado que parece haber preferido dirigirse Atlántico arriba, hacia Irlanda. El patrón mayor de Santoña no se atreve a dar una explicación sobre los motivos de esta desaparición de los bancos de bonito, que no es la primera vez que ocurre, «no es algo normal pero la mar es así, no hay nada fijo», dice.

De confirmarse esta sequía, los pesqueros tendrán que dedicarse a otras especies cambiando las artes para variedades algo más productivas o de mayor abundancia, como la caballa o el chicharro.

Esta situación no es nueva para los pescadores del Cantábrico que, en los últimos cuatro años, a excepción del pasado, se vienen quejando tanto de la cantidad de millas que deben realizar en cada marea para encontrar las puntas de bonito, como de la escasa presencia de peces.

En 2011 tan solo se subastaron 446.321 kilos de bonito en las lonjas de la región, la peor cifra, según los pescadores, de los últimos veinticinco años. En todo este tiempo sólo en tres ocasiones sus capturas has sido inferiores al millón de kilos, y ninguna de las tres por debajo de los 700.000 kilos.