ANTÍDOTO PARA LOS RONQUIDOS

Las prótesis de avance mandibular cada vez se indican más para el tratamiento de la apnea, aunque los profesionales advierten de que «no valen para todos los casos»

Modelo del dispositivo de avance mandibular provisional, que se utiliza entre 3 y 6 meses para comprobar su efectividad antes de pasar a la prótesis definitiva. ::
                             ALBERTO AJA/
Modelo del dispositivo de avance mandibular provisional, que se utiliza entre 3 y 6 meses para comprobar su efectividad antes de pasar a la prótesis definitiva. :: ALBERTO AJA

Se me vino el mundo encima cuando me dijeron que para tratar la apnea severa que padecía me tenía que conectar cada noche a una máquina. Lo llevé muy mal. Pero hace cuatro meses que utilizo la prótesis bucal y ahora estoy encantada, es muy cómodo, me ha reducido las paradas respiratorias de 37 a 8 y, por supuesto, aquellos tremendos ronquidos han desaparecido. He pasado de levantarme cada mañana sin fuerzas ni ganas de hacer nada a recuperar mi vida, la que hacía antes». La experiencia de la santanderina Ana Esmeralda Pedraja, de 53 años, resume el sentir de los pacientes que han encontrado en los dispositivos de avance mandibular la solución a sus problemas con el sueño. Pero los profesionales advierten: «no vale para todos los casos». Aunque sí resultan muy efectivos para los ronquidos -los reduce hasta en un 50% de intensidad en prácticamente el 90% de los casos-, Mónica González, neumóloga de la Unidad del Sueño de Valdecilla, destaca que hay que tener en cuenta que «nunca deberían utilizarse como tratamiento del ronquido sin descartar una apnea del sueño, excepto en pacientes jóvenes sin otras enfermedades y sin síntomas de apneas, es decir, sin que se hayan observado paradas respiratorias durante la noche y cansancio o tendencia al sueño durante el día».

Estas prótesis, que se utilizan sólo por la noche, lo que hacen es avanzar la mandíbula para que arrastre la lengua hacia delante y aumente el espacio de la vía aérea, disminuyendo así el ronquido y las paradas respiratorias. Actualmente, existen más de 40 modelos en el mercado.

Los más recomendados para el tratamiento de la apnea son los dispositivos de avance mandibular, conocidos como DAM. «Son muy efectivos, pero en pacientes seleccionados -añade González-. Hay un porcentaje (entre un 10% y un 20%) que no sólo no mejora sino que empeora o no tiene efecto ninguno, por lo que siempre hay que hacer un estudio de sueño con el DAM para confirmar el éxito del tratamiento». Los profesionales alertan de que «en los últimos años se han prodigado multitud de sistemas, algunos validados y otros sin ninguna validación, que incluso se pueden comprar por Internet, y están ocupando un 'mercado interesantísimo' para profesionales con escasa formación en este campo». Por ello, insisten en que la prescripción de estos dispositivos debe ser realizada en una Unidad de Sueño, con objeto de garantizar que se lleve a cabo un diagnóstico correcto y una precisa indicación del tratamiento. Posteriormente, el paciente será remitido a un ortodoncista acreditado -Valdecilla deriva a los doctores Emilio Macías y Pedro García de los Salmones- para la valoración e inicio del dispositivo provisional. Allí se le tomará el molde de la prótesis, puesto que tiene que ser realizada a medida. Los intentos de vender modelos únicos no han dado resultados.

Alternativas

La neomóloga Mónica González recuerda que el tratamiento principal para la apnea del sueño es la CPAP, una máquina que genera una presión positiva en las vías respiratorias y que impide que éstas se cierren. En Cantabria, alrededor de 4.000 personas duermen a diario conectados a ellas. Los dispositivos intraorales están indicados como tratamientos de primera elección en pacientes con Síndrome de apnea-hipopnea durante el sueño (SAHS) de carácter leve o moderado o en determinadas situaciones en las que no se pueda tratar con CPAP. También se puede optar por esta solución cuando los afectados no responden o rechazan el tratamiento con la máquina. «La respuesta a las prótesis de avance mandibular no es tan regular como la observada con la CPAP, por lo que siempre se comprobará la eficacia del tratamiento en un plazo de entre 3 y 6 meses antes de indicar el dispositivo definitivo», explica la responsable de la Unidad del Sueño.

Desde 2010, el Servicio Cántabro de Salud (SCS) financia estos dispositivos de avance mandibular para el tratamiento de la apnea, siendo la única comunidad autónoma de España que lo hace. Previamente, desde la Unidad de Sueño se indicaban de igual modo, pero tenía que costearlo el propio paciente. «En Valdecilla somos pioneros en su uso. En los últimos tres años hemos prescrito alrededor de 200. No son muchos en comparación con las CPAP, que ponemos cada año a unas 800 personas, pero esa cifra es exponencial».

El dispositivo de avance provisional conlleva un único reembolso de 200 euros, mientras que el definitivo, que tiene una vida media garantizada de dos años, que incluye seguimiento, controles y reposición en caso de rotura, cuesta entre 635 y 785 euros, dependiendo del modelo. La terapia resulta más rentable que la CPAP, que se alquila por día de uso a una empresa externa. Además, «es más romántico que dormir con una máquina, no necesita conexión a la red eléctrica y es fácilmente transportable», subraya González. Sus efectos secundarios son «tolerables» (molestias dentales, dolor muscular alrededor de la boca y en la articulación de la mandíbula...), pero el principal inconveniente es que «no es efectiva en el 100% de los pacientes, como la CPAP».

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