la antigua alameda de cacho

La reforma de la Plaza de Italia y de San Roque  les devolverá parte de su diseño

la antigua alameda de cacho
Ayuntamiento de Santander
JUAN CARLOS FLORES-GISPERTSantander

El proyecto municipal para transformar la Plaza de Italia y los jardines delante de la iglesia de San Roque devuelve a la actualidad ese enclave por el que pasan cada año miles de santanderinos y visitantes. La reforma costará 6 millones de euros, tendrá un plazo de ejecución de 15 meses y se desarrollará en una superficie de 28.810 metros cuadrados. El proyecto acaba de ser aprobado por la Junta de Gobierno Local, la obra de los jardines se iniciará antes del verano y la de la plaza, en septiembre.

La actual Plaza de Italia tuvo desde su origen una forma triangular como consecuencia de las alineaciones de los sucesivos casinos y hoteles en su margen Sur, las propiedades de la familia Pombo en el Este y el límite de las playas en el Nordeste. «Los bordillos delimitadores de las calzadas, las vías de los ferrocarriles y tranvías y los jardines centrales de la plaza, reproducían y remarcaban, reforma tras reforma, ese triángulo que debió ser el origen del popular nombre de El Pañuelo que se dio a esa plaza».

Lo dicen los estudios municipales en los que se basa la próxima transformación de aquella plazuela del Pañuelo en la que todos coincidían en verano y se conocían y aquella Alameda de Cacho (por el apellido del propietario de los terrenos), espacio que hoy se conoce como jardines de San Roque, por la iglesia que los corona. Obra del arquitecto municipal Ramiro Sainz Martínez, autor también del auditorio fechado en 1994 y que en principio y en los planos se llamó Quiosco de la música y hoy Auditorium y también ‘la concha’. Estaba coronada esa concha por un escudo de Santander hoy desaparecido, que será repuesto durante las obras.

Tras la posguerra, la plaza fue reformada y se consolidó como gran ensanche de la acera del Casino, alejando la circulación rodada de su fachada y desapareció la isleta central triangular que reproducía las alineaciones privadas de la plaza. Aquella nueva gran acera frente al Casino pasó a llamarse Plaza de Italia, en recuerdo de los fascistas italianos que entraron en Santander.

La idea es devolver los jardines al peatón, con entradas laterales

En la construcción de la Alameda de Cacho no se utilizaron costosos muros ni materiales exóticos. Mandaba la época, la posguerra. Así, se utilizaron piedra de mampostería caliza de Escobedo, o cayuelas, sillares y losas de Brañosera y bordillos de hormigón prefabricado en la cantera municipal. Los caminos se hicieron a base de tierra compactada. Todo ello y el cuidado de las plantas y setos originales daba al lugar un aspecto afrancesado, una elegancia que se quería para El Sardinero. En la reforma que se iniciará antes de julio se añadirá una acera perimetral a los veteranos jardines, eliminando parte de los aparcamientos para que los peatones puedan acceder a la zona verde, lo que ahora es difícil.

El diseño de la plaza, que ha llegado a nuestros días muy alterado, fue obra del citado arquitecto municipal Ramiro Sainz Martínez (1887-1974). Su nieto es actualmente arquitecto del Ayuntamiento.

En origen, la plaza tenía dos parterres que daban continuidad a la geometría de la Alameda de Cacho y que servían para situar el monumento a los soldados italianos y enmarcar la fachada del Casino.

«Pronto, la acera fue nuevamente ampliada y los jardines se reformaron perdiendo la relación con la Alameda. Parterres de formas circulares y elípticas, bordillos resaltados de ladrillo aplantillado, bancos de corte romántico, setos bajos recortados y unas alineaciones de tamarises que remarcan, aún más, toda esa geometría», dice el informe municipal, que añade que «solo el pavimento original de asfalto negro fundido, influencia de los usos franceses, tenía un sabor de modernidad. Pronto aquellos jardincillos fueron ocupados en gran medida por las terrazas de los establecimientos hosteleros de los bajos del Casino y con las construcciones de marquesinas y protecciones para vientos y lluvias». El actual pavimento de la plaza, a base de baldosas de colores de forma hexagonal proceden de la época en que fue alcalde Juan Hormaechea, bajo cuyo mandato se realizó una nueva transformación de la plaza.

«El Plan Especial de Protección de El Sardinero –recuerda el concejal de Infraestructuras, César Díaz– contempla una propuesta para la Plaza de Italia, que en buena parte se recoge en este proyecto de transformación», consistente en suprimir el tráfico del último tramo de la Avenida de los Infantes dándole salida a la Avenida de Castañeda a través de la calle Panamá.

La reforma de los jardines se iniciará antes del verano y la de la plaza, en septiembre

«Si revisamos el planeamiento desde 1940 hasta hoy se puede comprobar –añade el edil– que ha pretendido peatonalizar la mayor superficie posible de la Plaza de Italia con algunas propuestas ejecutadas parcialmente». Con la que se iniciará después del próximo verano, el Ayuntamiento da un paso más en esa dirección.

Avenida de árboles

La Alameda de Cacho aparece hoy separada de los pinares de la Cabaña por una calle y la iglesia. «En origen, ese era un espacio continuo que, junto con la finca La Alfonsina, fue plantado de pinos a mediados del XIX. La parte inferior de ese gran espacio público, inmediata a la Plaza de Italia fue objeto de varias actuaciones urbanísticas a principios del XX, como consecuencia de la edificación de pequeños chalets».

El espacio central fue plantado sucesivamente de árboles de muy distintas especies: plátanos, olmos, fresnos..., como muestran las fotografías de época. La urbanización se limitó a poco más de las aceras de las dos «avenidas» que bordeaban ese espacio central. Fue después de la guerra cuando el Ayuntamiento acomete la urbanización de la alameda, también con proyecto del arquitecto Ramiro Sainz Martínez.

El proyecto se desarrolló a base de terrazas escalonadas descendentes con la iglesia (del mismo arquitecto) presidiendo el conjunto y la escalinata delante del templo bajan hacia la alameda y el mar, que se contempla al fondo y hacia el que se camina atravesando varias plataformas,la primera tiene el auditorio y una fuente del manantial natural que circula por el subsuelo. Como dice el informe municipal «la obra del conjunto es brillante pues solucionó el desnivel sacando mucho partido al mismo y con recursos muy elementales, condicionados seguramente por las penurias económicas de la posguerra».

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