'Parallel lines', el disco que salvó a Blondie

Se cumplen 40 años de la publicación que permitió a la banda conjugar las dosis perfectas de punk, de rock y de música disco con las que lograron diferenciarse, ganarse el respeto de la escena y alzarse hacia lo más alto

'Parallel lines', el disco que salvó a Blondie
Sara Morales
SARA MORALES

Los comienzos, como casi siempre, fueron duros e inciertos. Y aunque hoy cueste imaginarse pasando estragos a una formación de este calibre, la realidad no fue otra para ellos.

Tras remontar de la disolución de The Stilettos, la banda en la que se habían conocido a principios de los setenta, Chris Stein y Deborah Harry (entonces también pareja) decidieron tomar las riendas de su propio futuro apuntalando los cimientos de un nuevo grupo, Blondie.

Cambiaron de nombre en varias ocasiones y de integrantes unas cuantas más, pero cuando en 1975 consiguieron armar un proyecto serio y comprometido con vistas a futuro, gracias una savia creativa que ya les daba para un primer álbum, se levantó ante ellos otro muro inesperado.

La escena punk rock que imperaba entonces en los bajos fondos neoyorkinos, y en la que parecía haber cabida para propuestas y amateurismos de toda índole, les rechazó.

Blondie nunca fueron demasiado punks, ni tampoco rockers virtuosos, ni siquiera una banda de pop al uso que las radios se rifaran por pinchar en sus diales para darles una primera oportunidad

Blondie nunca fueron demasiado punks, ni tampoco rockers virtuosos, ni siquiera una banda de pop al uso que las radios se rifaran por pinchar en sus diales para darles una primera oportunidad... Su abanico sonoro se movía entre las influencias de los grupos vocales del bubblegum de los cincuenta y los sesenta; y su actitud y estética -aunque sí se acercaban a la imaginería punkie- no terminaban de cuajar en el latido neurótico de ese género insurrecto que, durante aquel tiempo, tambaleó al mundo comiéndose la calle a mordiscos.

Aquello les abocó a no pertenecer nunca a ningún sitio y a ningún movimiento en concreto. Por eso, y aunque finalmente conseguirían trabar amistades sinceras con bandas como los Ramones, Television o los Talking Heads -gracias a la pequeña pero emblemática escena que se fraguó en las noches de CBGB-, Blondie se asentarían en el panorama, y crecerían hasta convertirse en estrellas del firmamento musical, de forma unilateral y más solos de lo que podría parecer.

Debbie Harry retratada por Warhol
Debbie Harry retratada por Warhol

A la tercera, la vencida

Su estreno discográfico con un primer álbum homónimo, publicado a finales de 1976, pasó por la actualidad del momento sin pena ni gloria. Pero obcecados con hacerse un hueco, se pusieron manos a la obra con un segundo trabajo que no se hizo esperar.

Así, 'Plastic letters' vio la luz tan solo unos meses más tarde, ya en 1977; y aunque tampoco trajo consigo el éxito anhelado, lograron mantener el tipo con él consiguiendo colocar un par de singles en las listas británicas.

Condenados a pasar inadvertidos ante la atención mediática y a soportar que los grupos coetáneos con los que compartían escenario no los tomaran en serio, Debbie Harry y compañía habían comenzado ya a asumir la derrota.

Sin embargo, en el verano de 1978, a punto de tirar la toalla, decidieron darse una última oportunidad. Un último intento en forma de disco para el que se recluyeron en los estudios Record Plant de Nueva York y del que, o salía la gran obra con la que alcanzar el reconocimiento, o abandonarían la lucha mandando el proyecto de Blondie al garete.

Su compañía, Chrysalis Records, decidió apoyarles recomendándoles que contrataran a Mike Chapman para la producción de este tercer elepé. Un tipo difícil y excéntrico, que había llevado al estrellato a artistas como Suzi Quattro, pero con el que no era sencillo sentarse a trabajar. Aprovechando que la banda estaba abierta a dar cierto giro estilístico a su sonido, y a probar todo tipo de suertes, finalmente aceptaron al polémico productor.

El resultado, tras aquellos meses de calor infernal en Manhattan que pintaban apocalípticos, fue 'Parallel lines'. Un extraordinario álbum de doce temas publicado en septiembre de aquel 1978, con el que alcanzaron los primeros puestos de los charts anglosajones, el número seis en las listas estadounidenses que les hacía sitio por primera vez y la gloria deseada al vender más de un millón de copias en todo el mundo.

Al final resultó que Chapman tenía en su haber la llave del éxito que Blondie andaban buscando. Y el grupo, con su ayuda, supo conjugar por fin en su propuesta las dosis perfectas de punk, de rock y de música disco con las que lograron diferenciarse, ganarse el respeto de la escena y alzarse hacia lo más alto.

El gran álbum pop del punk

Con fotografía de los Goddard Brothers, a partir de una idea del representante Peter Leeds, 'Parallel lines' invita desde su icónica portada a disfrutar de la sencilla elegancia y el carisma de los años sesenta.

Una vez dentro, arranca con esa cover de The Nerves llamada 'Hanging on the telephone', continúa con desenfadados y ávidos aires cosmopolitas de la mano de'One way or another', y se asienta con 'Pretty baby'. Un álbum que cayó en el tiempo y en el lugar exactos; en una época que supo adoptar la incunable 'Heart of glass'-extraída de la primera demo de la banda, pulida y rebautizada para este disco- como himno legítimo, y que absorbió una a una las perlas que componen este trabajo a medio camino entre la dulzura 'Sunday girl' y la lisergia'Fade away', que se convirtió en emblema de aquella generación bailonga a punto de entrar en los ochenta. Porque para entonces, el estallido callejero del punk empezaba a sosegarse, mientras una oleada de sonidos frescos y eclécticos copaban los titulares de la prensa especializada con la llegada de un nuevo género, la New Wave. Y en ella, Blondie, no solo encontraron su sitio definitivo, sino que se posicionaron a la cabeza liderándolo; altiempo que se acordaron de reivindicar sus raíces a pesar de las patadas.

 

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