Fútbol | Segunda B

La Gimnástica, aferrada a la esperanza

La Gimnástica se aferra a la permanencia en un disputado encuentro./Luis Palomeque
La Gimnástica se aferra a la permanencia en un disputado encuentro. / Luis Palomeque

El equipo de Mori salva un punto ante el Arenas gracias al acierto de Palazuelos en los últimos minutos

Adela Sanz
ADELA SANZTorrelavega

Todo sigue más o menos como estaba, pero a falta de una jornada menos para el final. La cuenta atrás prosigue y cada vez restan menos oportunidades para escapar. La salida está ahí, casi al alcance de la mano, pero nunca termina de llegar a ella. La Gimnástica interpreta así el papel de un Tántalo posmoderno y deportivo, condenada a perder una y otra vez la oportunidad de sumar los puntos necesarios que le permitirían abandonar los puestos de descenso. Lo más positivo, el punto arañado a un Real Unión que ocupa la plaza de promoción de descenso y se queda, todavía, a cuatro de distancia.

1 Gimnástica

Fid, Jordan, Gayoso, Pozo, Alberto González, Matador, Zamorano (Dani López, m. 76), Uranga, Xeber, Azkue y Jimmy (Aitor Ramos, m. 67).

1 Arenas

Jordan, Gayoso, Pozo, Alberto González, Matador (Llerena, m. 83), Zamorano (Dani López, m. 76), Uranga, Xeber, Azkue y Jimmy (Aitor Ramos, m. 67).

Goles
0-1 m.45 Jordan; 1-1 m. 84 Palazuelos.
Árbitro
Garcés Bargada, del comité navarro. Amonestó por el lado local a Cusi, Ramiro, Fer y Vitienes y por el visitante a Xeber, Jordan y Matador.

Y es que el equipo de Torrelavega mereció ganar un partido que a punto estuvo de perder y que logró empatar en el tramo final del choque gracias al acierto rematador de Rubén Palazuelos, investido de nuevo en su papel de salvador. En un choque extraño, en el que los blanquiazules se mostraron superiores a su rival e hicieron méritos suficientes para llevarse los tres puntos, volvió a resultar determinante la problemática relación que este año tiene el equipo con el gol. Porque no es la falta de juego ni de ocasiones lo que está condenando esta temporada a los gimnásticos, sino la carencia de definición arriba, independientemente de quiénes sean los futbolistas encargados de su ejecución.

Finalmente Dani Mori se decantó por el 4-4-2, en un once sin sorpresas y en el que Gio Navarro entró en el puesto que habitualmente suele ocupar Primo. Así, mantuvo la misma defensa de los dos últimos partidos, con Fer y Fermín en ambos laterales y Cristian y Ramiro en el eje de la zaga. En el centro del campo dejó el peso del juego sobre los hombros de Cusi y Palazuelos, por lo que no recurrió a la opción de dar entrada en esta zona del campo a Luis Alberto, una posibilidad que había tomado forma durante la semana y más tras las bajas de los sancionados Víctor y Alberto. Por la derecha, tal y como era de esperar, situó de inicio a Vitienes mientras que por la izquierda puso a Diego Rozas, su opción más natural. Pese a que había indicado en la rueda de prensa del jueves la posibilidad de alinearlo en punta para aprovechar sus características, el asturiano decidió dejarlo en su sitio. Leandro, por tanto, se situó en punta como ha venido haciendo en las últimas jornadas, acompañando al delantero canario cedido por el Atlético de Madrid.

Tal y como era de esperar cuando se enfrentan dos equipos que destacan por su buena defensa, ninguno arrancó decididamente desde el principio a por el gol. Lejos de asumir riesgos en los primeros minutos, de esos en los que si algo sale mal puede costar un gol que condiciona el resto del partido, ambos conjuntos apostaron por arrancar despacio y con cautela, buscando la forma de llegar al otro área pero sin descuidarse atrás. Producto de esa decisión conservadora apenas hubo jugadas cerca de ninguna de las dos áreas, más allá de un saque de esquina para cada equipo.

Dominio inicial

Poco a poco la Gimnástica se fue sintiendo más a gusto en su papel y eso, unido a cierta pasividad de un Arenas tímido en exceso, le dio ánimos para atreverse a algo más. Así, ganó confianza a la hora de mantener el balón e incluso se aproximó en un par de ocasiones: la primera protagonizada por Rozas y la segunda por Gio, aunque ninguna de las dos pasó de la mera amenaza. La mejor oportunidad llegó al cuarto de hora, cuando Rubén Palazuelos, tras varios rechaces dentro del área visitante, a punto estuvo de llegar al remate.

Estuvo mejor el equipo de Mori, pero dentro de la igualdad dominante en un encuentro equilibrado en el que los vizcaínos adoptaron su perfil más plano, limitándose a organizarse bien atrás, presionar y buscar sus oportunidades en acciones a balón parado, como el libre directo que ejecutó Matador y detuvo sin problemas Álex Ruiz, casi inédito hasta ese momento.

Fue una de las dos aproximaciones de los areneros en todo el primer tiempo, en el que la Gimnástica siguió enviando balones a su área, pero sin que ninguno de ellos pusiera en apuros a Fid. Los blanquiazules llegaban fácil a la zona de tres cuartos, pero a la hora de definir se encontraban una y otra vez un una posición desfavorable, con menos efectivos y sin apenas recursos para penetrar a través de la poblada defensa, por lo que apostaron por chutar desde lejos y sin éxito.

En la misma frontera del descanso se produjo una de las jugadas decisivas del partido. Una falta en la frontal del área local que tensó el ambiente en las gradas del estadio. Hasta ese instante apenas había sucedido nada que provocase un sobresalto, pero ese balón parado ahí, en el último minuto… Jordan se encargó de la ejecución. Tomó la pelota, la colocó en su sitio, tomó algo de carrerilla y la puso fuera del alcance de Álex. Una acción aislada había bastado para inclinar la balanza hacia su lado, lo que obligaba a la Gimnástica a superarse a sí misma en una segunda mitad que se prometía cargada de emociones.

No es extraño que en el fútbol suceda este tipo de cosas. Al contrario, suele ocurrir con relativa asiduidad, por lo que apenas sorprende a nadie. La Gimnástica, que había asumido más riesgos y chutó más veces, se fue el vestuario con un gol en contra, resultado de una acción puntual. A su regreso se vio a un Arenas más asentado aún si cabe, con ese extra de confianza que da la ventaja en el marcador. Ni siquiera les hacia falta ya a los de Guecho buscar la portería contraria, tan solo proteger la suya.

A remontar

Tras un reinicio algo gris, en el que los torrelaveguenses no lograron acercarse a la portería con peligro, Dani Mori movió el banquillo, supliendo a Gio, que dejó su lugar en el césped a Dani Salas. La entrada del joven delantero coincidió con los mejores minutos en ataque del equipo. Vitienes, en dos acciones por la derecha y sendos centros al área, tomó la responsabilidad ofensiva, pero ninguna de ellas encontró rematador, ya que primero Leandro y después Dani Salas, no llegaron a tiempo al balón.

Leandro, muy activo en esta segunda mitad, se erigió en protagonista a continuación. Arrancó desde la banda, se deshizo de varios oponentes y encaró al portero, pero no acertó a definir. Se acumulaban las jugadas en el área visitante; sin embargo, a pesar de la insistencia, el ansiado gol no terminaba de llegar. Para lograrlo hacía falta algo más que voluntad. A los blanquiazules no les quedaba más opción que seguir insistiendo y confiar en su buena estrella en los últimos minutos del partido. Con la victoria quizás demasiado lejos, al menos había que salvar un punto. Casi lo consigue a diez minutos del final, primero tras una jugada de Salas y después con un remate al palo de Ramiro. El gol tenía que llegar, era una cuestión de fe. Y entonces apareció Palazuelos, que lo consiguió de cabeza.

No quedaba demasiado tiempo por delante para lograr la machada y sumar los tres puntos, pero con la Gimnástica nunca se sabe, y más en el tramo final del choque, con los futbolistas convencidos de que podían hacerlo, aunque al final no lo lograsen. Agarrarse a esa esperanza tal vez era pedir demasiado. Con hacer justicia e impedir que se escapasen inmerecidamente los tres puntos, quizás era suficiente. Lo demás era confiar demasiado en la buena fe de la fortuna y exprimirla hasta agotarla. Tal vez sea mejor así a pesar de todo, y más en este tramo final en el que es muy probable que se vuelva a necesitar de su auxilio.