Cinco bomberos viajaron al Sahara como avanzadilla del hermanamiento con Daira

Permanecieron una semana en el poblado que será hermano de Torrelavega

I. GLEZ. C.
Personal sanitario, bomberos y voluntarios de ayuda humanitaria posan con varios saharauis en Daira de Zug. /DM/
Personal sanitario, bomberos y voluntarios de ayuda humanitaria posan con varios saharauis en Daira de Zug. /DM

Muchas son las causas humanitarias de las que se ocupan en su trabajo diario pero, sin duda, la que han vivido en el Sahara quedará en su memoria, al menos hasta que regresen, lo que se plantean para 2009. Los bomberos del servicio de extinción de incendios de Torrelavega, Esteban Lombilla, Pablo Ávalos, Fernando Yllera, Jesús Aguado y Borja Amarante, han regresado de un viaje solidario al poblado de Daira de Zug, que les ha hecho conocer la difícil situación de los refugiados saharauis en el desierto de Argel y, al mismo tiempo, ha servido para establecer una primera toma de contacto con las autoridades de dicha localidad con la que el Ayuntamiento de Torrelavega se hermanará. El grupo viajó junto a cooperantes de la Asociación Cántabra por el Sahara y estuvo en todo momento acompañado por una enfermera del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, Aurora Paz. Partió el día 22 de marzo y regresó una semana después.

Los bomberos representaron al Ayuntamiento de Torrelavega en la recepción que les hicieron las autoridades de Daira de Zug, a quienes entregaron diversos obsequios institucionales y una bandera de la ciudad que será su hermana en España. En las próximas semanas, una delegación de ese poblado llegará a Torrelavega para la firma protocolaria de un hermanamiento solidario.

Pero los bomberos han hecho mucho más. Han contactado con su población «que vive en unas condiciones durísimas, careciendo de lo indispensable», explican Lombilla y Aguado. «Les ayudamos en todo lo que nos fue posible. Concretamente, nuestro compañero Yllera, como mecánico, reparó varios vehículos que estaban en pésimo estado, y además, compramos material para el hospital. Los medios son mínimos, es una pena como están», añaden. También realizaron una instalación eléctrica en el refugio de una familia, que les acogió durante su estancia «y les compramos comida en una especie de supermercado». Pese a las malas condiciones de vida, «son muy acogedores y te dan todo lo que tienen, especialmente a los españoles. Casi todos saben hablar el castellano».