Fútbol / Segunda B

El Huerto del Francés no mete miedo

El Huerto del Francés no mete miedo
Daniel Pedriza

El Racing logra una pírrica victoria ante el Izarra en el estreno de Carlos Pouso en los Campos de Sport

Sergio Herrero
SERGIO HERREROSantander

El Huerto del Francés esta campaña está prácticamente en barbecho. Apenas crecen ni tomates ni lechugas en forma de alegrías. Sólo cardos y malas hierbas. Ni siquiera los cadáveres –deportivos, se entiende– de los rivales abonan el subsuelo de un estadio verdiblanco que en tantas ocasiones –sin ir más lejos, la pasada temporada– ha presumido de ser una milla verde para los temerarios visitantes. El martes se cumplirán dos años del fallecimiento de Nando Yosu, el brujo que ejecutaba conjuros sobre el césped de los Campos de Sport con una eficacia total. Él, seguramente, se marchó sin dejar por escrito el secreto infalible para devolver al Racing a donde debe estar. De donde nunca debió salir. Carlos Pouso ocupó hoy por primera vez el banquillo que tantas veces pisó el maestro de Munguía. A ver si se le pega algo de aquellos hechizos milagrosos. A ver si el también vizcaíno consigue que los enemigos vuelvan a temer el antiguo Huerto del Francés. Algo complicado después de cinco partidos consecutivos sin ganar en casa. Esa racha negativa se rompió hoy ante el Izarra, mas la otrora fortaleza santanderina sigue sin dar miedo. De momento, tiene más parecido con el Tren de la Bruja que con el enclave que hacía a Real Madrid y Fútbol Club Barcelona llegar en otros tiempos con las orejas pinadas y todas las precauciones del mundo. Círculo rojo en el calendario. Pouso dijo esta tarde, tras el triunfo, que se dejará la salud para mejorar la imagen de este equipo. El míster tiene trabajo, en cantidades ingentes, por delante.

1 Racing

Crespo, Gurdiel, Gándara, Regalón, Julen, Granero, Héber (Pau Miguélez, min. 62), Sergio Ruiz, Juanjo (Dani Aquino, min. 51), Borja Lázaro y Óscar (César Díaz, min. 40).

2 Izarra

ricíbar, Eguarás, Cacho, Cabrera, Maestresalas, Cisneros, Javier Martínez (Eneko Martínez, min. 71), Briñol (Saihou, min. 73), Laborda, Sola y Artigas (Aráiz, min. 53) .

Goles
1-0, min. 64: Regalón.
árbitro
Román Román (Comité Castellano Leonés). Amonestó al local Gándara y al visitante Aráiz.
incidencias
Campos de Sport de El Sardinero. Con césped en buen estado, en una tarde nubosa que terminó con lluvia intensa.
ElPúblico
6.716 espectadores en las gradas del estadio, según los datos facilitados por el propio club. En algunos momentos, la afición silbó al equipo por su falta de verticalidad. Gran parte del estadio sacó las linternas de sus móviles en los momentos finales del partido para dar un poco de luz a otra tarde gris.
el detalle
En las horas previas al partido, la afición del Racing celebró por anticipado el 105 cumpleaños del club, con una serie de actos en el barrio de Tetuán y un pasacalles hasta el estadio. El club emitió en los videomarcadores un vídeo de agradecimiento a los seguidores verdiblancos.

El propio club, con motivo del próximo 105 cumpleaños del club el próximo viernes, hizo acopio de recuerdos en los videomarcadores antes del partido que debía disputar minutos después. Imágenes de cuando El Sardinero era parte de la élite. Uno más entre los grandes. Pero los jugadores navarros, que aún estaban en el vestuario, no vieron el vídeo. Así que les dio un poco igual lo que el Racing haya hecho durante 104 años y 360 días. Es más, porque el equipo cántabro, a estas alturas, sigue siendo su propio enemigo. La historia parece pesar sólo a quienes la han heredado.

Con Pouso debutando como local en El Sardinero, la parroquia esperaba ver algo distinto en la pizarra. Sin embargo, para empezar se encontró con el mismo sistema de siempre. El 4-4-2 innegociable de Viadero. Eso sí, con algunos matices que se iban a convertir más en un contratiempo para el conjunto cántabro que en una ventaja. Presión. Tembleque en las piernas. El vasco ha pedido a sus futbolistas una mayor posesión de balón y, pese a contar en las bandas de inicio con Óscar Fernández y Héber, dos balas, y sacar los tanques a hacer maniobras en el área con Juanjo y Borja Lázaro, los verdiblancos carecieron de verticalidad durante toda la primera parte. Y para más problemas, sobre el minuto 37, Óscar, que estaba siendo el futbolista más incisivo –el único–, cayó lesionado. A eso hubo que añadirle una pareja de centrales que fue repostería fina antes del descanso. Un par de flanes. Especialmente un Paco Regalón que falló una vez tras otra. Por fortuna, la delantera estellesa no supo aprovechar dos presentes inmejorables del cordobés.

El Racing dominaba. Toque, toque y toque. Iván Crespo ni siquiera manchó los guantes. Fue un líbero. La versión moderna de Zigmantovich. Y en la grada empezó a hacer acto de presencia la falta de paciencia que –a veces incluso de forma exagerada– criticó una y otra vez la aparente indolencia de su equipo. El terror del Huerto del Francés se volvía contra su propio equipo. Lo cierto es que el cuadro de Carlos Pouso logró que pasasen muy pocas cosas durante la primera mitad. Y cuando lo hizo, no sirvió de nada. Un tiro cruzado de Óscar Fernández no encontró portería y un remate forzado de cabeza de Borja Lázaro lo atrapó Iricíbar sin problemas.

El colegiado señaló el punto de penalti cuando el madrileño fue derribado por primera vez en el área navarra. A su derecha, el asistente levantó la bandera para señalar fuera de juego. A priori, sí pareció posición adelantada del delantero racinguista, que repitió acción con más suerte minutos después. Un buen pase a la espalda de Héber hacia Lázaro se le fue largo en el control al ariete, quien, muy listo, supo provocar una nueva pena máxima. Poco más ofreció el gigante verdiblanco, que desesperó ante la falta de balones claros por su parcela. El sustituto de Óscar Fernández, César Díaz, cogió el balón con confianza, pero su lanzamiento, más que mejorable, lo repelió Iricíbar. La pelota le cayó al manchego de nuevo, mas su remate se estrelló en el larguero. El Racing era incapaz de llevarse al huerto a su rival. Y la única tumba que hubo fue el propio estadio verdiblanco, que despidió a su equipo al descanso con un silencio sepulcral.

Daniel Pedriza

Apenas iniciada la segunda mitad, Carlos Pouso sacó la artillería del banquillo. Dani Aquino, el futbolista del Racing que más miedo induce en los rivales, vio el inicio del partido desde el banquillo por los problemas en el bíceps femoral sufridos en Tafalla. Aunque también es cierto que el anteriormente catalogado como destripador de rivales hacía entrada en el césped después de más de dos meses sin saborear la sangre. Esta tarde tampoco pudo hincar el diente. El murciano tuvo una nada más pisar el área. Un centro de Héber lo remató, solo dentro del área, pero la pelota se marchó cerca del poste izquierdo de la meta navarra.

Viendo el percal, un pobre Izarra hasta el momento se animó a intentarlo. Por qué no. Últimamente los Campos de Sport eran terreno abonado para que cosechasen los de fuera. Vergel prestado. El tiro lejano de Briñol se marchó alto e Iván Crespo tuvo que sacar una mano abajo para mandar a córner el malintencionado tiro posterior del lateral Eguarás.

Expiar los pecados

El Racing, pese a continuar como una extensión de lo que viene siendo a lo largo de toda la temporada, empezó a acercarse con un poco más de asiduidad a laportería navarra. Aleluya. La pizarra esta vez sí funcionó. Una jugada de estrategia dejó a César Díaz solo dentro del área. El disparo fuerte del albaceteño lo sacó Iricíbar con una buena parada. Fue el aperitivo, porque Paco Regalón iba a aprovechar la siguiente acción para expiar todos sus pecados. Un Sergio Ruiz que ya se había convertido en el señor feudal del huerto sacó un córner inmejorable –¿por qué no los ha sacado antes?– al segundo palo. El central andaluz entró como un tractor. Hasta dentro. Inapelable. El Racing aún tuvo un par de ellas más con sendos tiros de Sergio Ruiz y Dani Aquino que se quitó de encima como pudo el arquero visitante.

El Izarra, con sus escasos argumentos, hizo por achuchar. Y las dudas en defensa del Racing volvieron a aparecer. Saihou fue un amigo para el equipo verdiblanco tras un grave error defensivo local. Entró en el área con el balón y en lugar de servir a Laborda, que se encontraba solo en el punto de penalti, se la jugó en solitario. La mandó a la grada.

Quizá para dar un poco de luz a un Racing que sigue siendo tristón, en los últimos minutos la afición racinguista sacó el móvil de sus bolsillos y lo meneó con las linternas encendidas. Una luz en el camino. «Sí se puede», cantó La Gradona tras el pitido final que confirmó el triunfo de los de Carlos Pouso. Tal vez, sabedora de que, aunque fue un capítulo más en el serial de soporíferas actuaciones racinguistas, el pírrico triunfo ante el Izarra sirve para recortar dos puntos más con el líder. Tres en dos semanas. A cinco de distancia. Y la renta con los perseguidores vuelve a crecer, por lo que pueda pasar. El quinto está de nuevo a cinco. El Racing necesita mejorar, pero mientras sume de tres en tres, el vaso se puede ver medio lleno. Eso sí, el temible Huerto del Francés tendrá que esperar para reverdecer sus mejores tardes.