Roberto Carlos, más allá de la balada romántica

Denostado por el mundo musical pese a su carrera faraónica, el cantante brasileño regresa este jueves a los escenarios españoles

Felipe Cabrerizo
FELIPE CABRERIZO

Fue en Italia donde la vida de Roberto Carlos cambió definitivamente. En el invierno de 1968 el cantante brasileño, todavía un completo desconocido en Europa, viajó hasta la costa mediterránea para participar en el Festival de Sanremo. En tiempos de apocalipsis eurovisivos es difícil asumir el reto que suponía subir al escenario del Casino sanremese: baste para hacernos una idea que Roberto Carlos iba a enfrentarse sobre él no sólo a la aristocracia de la música italiana, léase Adriano Celentano o Domenico Modugno, sino a figuras internacionales del calibre de Wilson Pickett o Louis Armstrong.

Roberto Carlos no viajaba muy seguro de sí mismo. El tema que debía defender, 'Canzone per te', era una balada de segunda fila que no sólo no le gustaba particularmente, sino que hollaba un camino, el de la canción melódica, que no había transitado en su país de origen. Y es que tras unos fugaces inicios en la bossa nova Roberto Carlos optó por un salto al rock que lo había convertido en icono generacional en apenas un par de años. Sus discos de la segunda mitad de los sesenta, considerados unánimemente entre los mejores que jamás se han producido en Brasil, erigieron en el país lo que los álbumes de los Beatles estaban construyendo en el resto del mundo, y sus incursiones en el rockabilly, el surf, el soul o el funk difundieron de manera masiva una nueva manera de entender la música. Una difusión apoyada sólidamente en un programa televisivo, 'Jovem Guarda', en el que cada domingo Roberto Carlos presentaba a un público masivo las nuevas bandas beat brasileñas. Su figura trascendió cualquier límite musical y se convirtió en parte fundamental de aquel Brasil que se abría a la democracia, un Brasil vital, optimista, que miraba hacia el futuro y en el que se conjugaban sin complejos la construcción de una capital que parecía salida de un cómic de ciencia ficción con un equipo de fútbol legendario comandado por Pelé, la única persona capaz de soportar el mismo apodo por el que ya se conocía en Brasil a Roberto, 'O Rei'.

Este jueves actúa en Madrid en un Palacio de los Deportes que apunta al sold out dentro de una gira europea

Pero inesperadamente Roberto Carlos ganó aquella noche en Sanremo. La música europea descubría de golpe a un cantante que había pasado completamente desapercibido ante sus ojos. Mina, Sylvie Vartan, Ornella Vanoni, Julio Iglesias: no hubo figura de la música europea que no revisara su cancionero con éxito mayestático. Todo parecía indicar que había llegado la hora del asalto al mercado internacional. Pero no sería por la vía esperable, sino por una mucho más insospechada: el éxito de 'Canzone per te' había hecho a Roberto Carlos reformular sus posibilidades en el panorama global.

Los tiempos en Brasil no daban para mucho más. Un inesperado golpe militar había sumido al país en una etapa oscura que obligaría a varios músicos a huir hacia el exilio. No a Roberto, que se amoldó sin grandes dificultades a la nueva situación política y no tardó en reconocer sus simpatías hacia la derecha extraparlamentaria. Para la historia quedará no sólo su apoyo a Bolsonaro en las últimas elecciones, sino sobre todo aquel agradecimiento personal que lanzó desde el escenario del Festival de Viña del Mar al general Pinochet durante antes de arrancarse con una apabullante interpretación de 'Jesus-Cristo', el tema con el que confirmaba ante el público su recién reafirmada fe religiosa.

Roberto Carlos desterró su antiguo repertorio. A punto de cumplir los treinta años, el cantante había encontrado en Sanremo una veta de fama masiva y decidió dejar a sus espaldas la parte más brillante de su carrera para asentar su nueva vida sobre el magmático concepto 'balada romántica'. Lo que vino a partir de entonces es de sobra conocido por el público español: son los años en los que la composición musical pasa a un segundo plano, los años de los discos en castellano, pero también en francés, inglés o italiano, los años del millón de amigos y de los gatos tristes y azules que fueron continua carne de mofa.

O lo fueron en el circuito musical. En el mundo real todo resultó bien distinto. Roberto Carlos se convertiría a golpe de baladazo en el cantante latino más conocido en todo el planeta —con permiso de Julio Iglesias— y puede jactarse de haber vendido en Latinoamérica más discos que los Beatles o Elvis. Un camino aparentemente triunfal que contrasta con una vida devorada por la tragedia. Cojo desde los seis años, arrollado por una locomotora que le segaría una pierna, el cantante vería morir por cáncer a tres de sus mujeres, escalas terribles en un listado de fallecimientos que han ido segando el entorno del cantante y a los que se añade el glaucoma que dejaría ciego al más querido de sus hijos. Una sucesión dramática que se saldaría con varias depresiones y el desarrollo de un transtorno obsesivo-compulsivo que ha plagado su vida de un anecdotario propio de las rock stars más enloquecidas.

Frente a esta suma de adversidades, el cantante se ha refugiado en la religión —famoso es su 'Proyecto emociones', el crucero cristiano que organiza anualmente para sus fans y que cuenta con su actuación en directo como momento culminante— y en un éxito masivo que se mantienen inalterable pese al paso de los años. Este jueves actúa en Madrid en un Palacio de los Deportes que apunta al sold out dentro de una gira europea con paradas en el Wembley londinense o el Bercy parisino. Lo hace con la excusa de la publicación de 'Amor sin límites', un nuevo álbum con sólo cuatro temas inéditos que esconde pocas sorpresas. La mayor, posiblemente, un par de duetos con Alejandro Sanz y Jennifer Lopez, que muestran así sus respetos hacia la figura que abrió el camino de la música latina en todo el planeta.