Santander

Vecinos del Ensanche alertan del peligro de los coches que entran por las aceras

Dos coches sobre las aceras de la Plaza de Pombo, en la confluencia con Pancho Cossío. No hay bolardos y los vehículos entran. /DM .
Dos coches sobre las aceras de la Plaza de Pombo, en la confluencia con Pancho Cossío. No hay bolardos y los vehículos entran. / DM .

La falta de bolardos y la escasa vigilancia policial, dicen, «hacen que los conductores campen a sus anchas y los residentes tienen miedo y corren peligro»

Juan Carlos Flores-Gispert
JUAN CARLOS FLORES-GISPERTSantander

«Cuando salimos a la Plaza de Pombo tenemos realmente miedo. Como no hay bolardos, los coches entran a las aceras y no solo impiden el paso a los peatones, sino que un día arrollarán a alguno». Lo dice una vecina de la Plaza de Pombo, casi en la esquina con la calle dedicada a Pancho Cossío. Y no hay más que verlo para comprender a los vecinos: han desaparecido algunos bolardos y los coches y camionetas de reparto pueden entrar libremente. El espacio entre bolardos es tanto que los coches penetran entre ellos, «y esta plaza siempre está llena de niños y hay terrazas. Tenemos miedo».

El presidente de la Asociación de Vecinos Ensanche-Pombo-Cañadío, Ricardo Alea, lo tiene claro: «Hay una clara dejación municipal en el control de los coches. Faltan muchos bolardos que protejan a los peatones y hay escasa presencia policial, lo que contribuye a que los conductores campen a sus anchas y pongan en peligro a residentes y paseantes».

Se dan casos peligrosos a simple vista. Los coches penetran en la calle de Lope de Vega entre los dos tramos de rampas mecánicas y aparcan en el espacio de entrada al colegio, delante de la pizzería. «Es realmente peligroso», abunda Alea. Y aporta más datos: «Los vehículos están entrando en las pequeñas intersecciones peatonales entre el Paseo de Pereda y Ataúlfo Argenta, y en la esquina entre Ataúlfo Argenta y la Plaza Porticada. Es impresionante que el Ayuntamiento permita lo que está sucediendo, sin poner límite a estos desmanes».

El caso de la Plaza de Pombo es, dice Alea, «de poner los pelos de punta». «Como no hay bolardos en la esquina con Pancho Cossío, los coches podrían entrar hasta el centro de la plaza arrollando las terrazas. Y lo mismo pasa en la calle de Gómez Oreña en su confluencia con la plaza. Entran hasta los camiones por allí. No me extraña que algunos vecinos tengan miedo, después de ver en otras ciudades los desastres de los vehículos que han arrollado a los transeúntes en casos de terrorismo», explica.

Piden más protección

Se preguntan en esta asociación de vecinos por qué en todo este amplio área de Santander, por donde discurren todos los turistas y que en la Navidad ha concentrado a miles de personas, no se han puesto medios para impedir la entrada de coches, como ha sucedido en otros sitios, como la Alameda Segunda, Numancia, Juan de Herrera y otros espacios de la ciudad «para evitar cualquier arrollamiento de un conductor loco».

Las soluciones las tiene Alea bien claras: «Colocar bolardos en todos los espacios en los que no hay para impedir que entren los coches en las aceras; que se incremente la vigilancia policial y que se multe a los conductores. Colocar bolardos es fácil, muy barato y muy rápido», acaba.