El zapatero cántabro Jesús Chimeno se inspira en Don Quijote para celebrar el Día del Libro

El zapatero cántabro Jesús Chimeno se inspira en Don Quijote para celebrar el Día del Libro

El artesano elabora un par de piezas que se expondrán en la librería Gil hasta el viernes 26 de abril

Cantabria DModa
CANTABRIA DMODA

El zapatero cántabro Jesús Chimeno se ha inspirado en Don Quijote de la Mancha para conmemorar el Día del Libro, a través de dos originales piezas de artesanía. Ambas serán expuestas en el escaparate de la Librería Gil, en la Plaza de Pombo, hasta el próximo viernes 26 de abril.

El artesano tomó como referencia el inolvidable pasaje del baciyelmo, en el que Sancho Panza trata de zanjar la discusión sobre si lo que lleva Don Quijote en la cabeza es el yelmo de Mambrino o una simple bacía de barbero. Chimeno une dos elementos dispares hasta difuminar su significado y lograr la asimilación del personaje en el zapato.

En el diseño de Don Quijote, la fusión de la armadura en la pala del zapato resulta análoga a la incapacidad del protagonista para distinguir entre ficción y realidad. Pese a la integración de ambos elementos en el corte, la desprotección de los dedos transmite la vulnerabilidad del personaje y metafóricamente remite a las estrecheces económicas de un hombre que tampoco cubría sus necesidades básicas.

La combinación del color negro y la plata envejecida dota a la pieza de un carácter sombrío, fiel a la desdicha que lo acompañará a lo largo de la novela. En consonancia a sus facciones, la horma presenta rasgos afilados y termina en una puntera ostensiblemente pronunciada, a modo de lanza. Por último, el tacón tintado hace referencia a los molinos de vientos y sus dimensiones desproporcionadas, como un guiño a la famosa alucinación que los convirtió en gigantes.

Botín tosco

La creación inspirada en Sancho Panza presenta otros rasgos. La forma del botín es ancha y tosca, acorde a los rasgos más característicos del personaje de Cervantes. La piel de serraje y el color marrón, junto al brocal que remata la pieza en su extremo, representan un auténtico juego al diluir la frontera entre calzado y bota de vino.

El folclórico zapato refleja tanto sus bajas pasiones como los baldíos arranques de sentido común, un auténtico guiño al refranero popular: «Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad». Como remate final, los cordones de ambos zapatos se funden en un tomo antiguo, a modo de marca páginas, reforzando así el vínculo con el Día del Libro.

El diseñador santanderino crea sus piezas en un pequeño taller, donde cuida todo el proceso artesanal. De hecho, la única máquina que invade su espacio es una lijadora. Acompañado siempre de la radio, elabora zapatos únicos, personalizados o moldea cada par según las peticiones expresas del cliente, habitualmente para problemas concretos o deformidades. Aunque siempre que puede deja un hueco para plantear proyectos más artísticos con su sello personal.

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