Cantabria tiene el índice de accidentes mortales de trabajo más alto

Varios vehículos estacionados en el exterior de la central de Udalla, donde murió un trabajador en marzo de 2018. /Abel Verano
Varios vehículos estacionados en el exterior de la central de Udalla, donde murió un trabajador en marzo de 2018. / Abel Verano

La región es, sin embargo, la segunda con una menor proporción de siniestros totales al sumar leves, graves y mortales

Álvaro Machín
ÁLVARO MACHÍNSantander

Hay un contrasentido a la hora de revisar las cifras de los accidentes de trabajo en Cantabria. La comunidad autónoma terminó el año pasado con el segundo índice de incidencia más bajo de todo el país si uno mira las cifras totales -el índice refleja el número accidentes por cada 100.000 afiliados a la Seguridad Social-. Fue, además, un año mejor que el anterior, que rompió una tendencia negativa de aumentos desde 2013. Aunque subió el número de trabajadores, se redujo el índice. Y eso es algo positivo. Pero si uno ciñe la mirada sobre los datos a los accidentes mortales, el panorama es distinto. Cantabria, con doce muertos, cerró 2017 con el índice más alto de España (igualado con La Rioja). Y las dos tendencias se mantienen en lo que va de 2018. En el total de accidentes se repite esa segunda posición y la línea a la baja en el índice, lo que consolida una tendencia mejor. Pero en los mortales -siete hasta el momento y tres más si se suman los que suceden 'in itinere' (al ir o al volver del trabajo)- también se mantiene la línea y la posición en el ranking. Y en eso último inciden los sindicatos. En que, más allá de un desgraciado componente aleatorio (que también existe), una cultura preventiva bien instalada y algunas medidas también reducirían los funerales.

En su contexto

12
personas fallecieron el año pasado en Cantabria en accidentes de trabajo (y una más 'in itinere', al ir o volver). En lo que va de 2018 son siete personas muertas (y tres más 'in itinere').
La comparativa.
Si uno atiende a los índices de incidencia, Cantabria tuvo el segundo más bajo de España en el total de accidentes. La media es de 3.273 y la región tuvo 2.993. Pero en el de mortales, el dato nacional fue de 3,3 y la región tuvo 6,9, el más alto del país.
5.232
accidentes hubo en 2017 entre leves (5.176), graves (44) y mortales (12). En 2016 fueron 5.123 (pero con un menor número de afiliados a la Seguridad Social) y en lo que va de 2018 son 3.592.
2.934
es el índice de incidencia (accidentes por cada 100.000 afiliados) acumulado hasta agosto de 2018. En las mismas fechas el año pasado era de 3.019, lo que supone una ligera mejoría.

Con los números en la mano -cuesta encontrar un campo en el que se faciliten tantos datos actualizados como hace el Instituto Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo (Icasst)-, se puede establecer un perfil del accidente y del accidentado. Según la memoria de 2017, el suceso 'tipo' se produce un día de mayo, entre las diez y las doce de la mañana y entre la segunda y la tercera hora de la jornada laboral. La víctima más repetida es un trabajador con un contrato temporal a tiempo completo que lleva entre uno y tres meses en una empresa que tiene entre once y cincuenta empleados. ¿Y qué tipo de accidente? El mayor número (un 34%) se incluyó en el bloque de los sobreesfuerzos (levantar, transportar, empujar, depositar...). Le siguieron las caídas (28%) y los englobados bajo el epígrafe 'choque o golpe contra un objeto proyectado' (el trabajador está quieto y una pieza, vehículo o el movimiento de una máquina le golpea).

De todo esto es fácil extraer conclusiones. Temporalidad y pequeñas y medianas empresas, por ejemplo, como caldo de cultivo. También la experiencia, aunque el segundo grupo de mayor riesgo está entre trabajadores que llevan más de veinte años en su puesto. «Se pierde la concepción del riesgo y puede haber un exceso de confianza», señala Amalio Sánchez, director del Instituto y con una amplia carrera profesional en el sector (fue Jefe de Inspección en Cantabria, entre otros cargos).

«Un sistema más maduro»

El experto entiende, en general, que «las condiciones del mercado de trabajo influyen todavía demasiado» en el número de accidentes. «Debía estar implementado un sistema más maduro, más asentado en la cultura, para que el dato no sea tan fluctuante». Es decir, que los balances no dependan tanto del número de afiliados a la Seguridad Social, del mayor o menor grado de temporalidad o de la situación económica (con la crisis, el miedo a perder el trabajo hizo que se notificaran menos accidentes y se cogieran menos bajas). «Las grandes empresas, las más competitivas -explica- están entendiendo que la salud laboral tiene que ser su primer objetivo. Si te cuidan, te convierten en un aliado de los objetivos de la compañía. Y en la pequeña y mediana empresa cuesta más introducir esa idea. Por otro lado, las organizaciones sindicales y patronales, como organización, apuestan por esto claramente. Esto es un trabajo de todos».

Sánchez hace un repaso a la serie histórica de datos. «Cuesta mucho y la crisis parece que nos volvió para atrás, pero, viéndolo con perspectiva, los índices y los números absolutos eran enormes en el pasado -en 2001 hubo 10.519 accidentes y el año pasado, 5.232- y se ha hecho un gran esfuerzo a partir de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Teníamos una mayor expectativa con esa Ley, sí, pero el esfuerzo ha sido importante y se ha notado. En todo caso, siempre hay que insistir porque es una carrera de fondo». En este sentido, el responsable del Instituto resalta que las cifras muestran que hubo un «cambio de tendencia» en 2017 y que sigue consolidándose en lo que va de año tras una etapa negativa. «Manteniéndose un mejor nivel de empleo, se mantiene la tendencia en la reducción del número total de accidentes en términos absolutos y en los índices». En lo que va de año, son un 2% menos que en el mismo periodo de 2017 (que ya había supuesto otro 2% menos que en 2016). Y aquí destaca ese segundo puesto de Cantabria con su índice de incidencia. Sólo es menor en Madrid y se sitúa muy por debajo de la media nacional (un 8,55%).

En su contexto

En la construcción.
En proporción y en lo que va de 2018, es el sector de trabajo en el que se concentra un mayor número de accidentes laborales (su índice de incidencia es de 6.105) por delante del agropecuario (4.850), la industria (4.084) y los servicios (2.367).
La capital.
Durante el pasado año, en Santander se contabilizaron 461 accidentes laborales, lo que supone un 55,54% del total de los que hubo en la comunidad autónoma. Torrelavega, con 64, aglutinó el 7,71% y Camargo (allí se contaron 50), un 6,2%.
560
accidentes 'in itinere' se han registrado en Cantabria hasta finales de agosto. Tres de ellos fueron mortales. La cifra total supone dos menos (fueron 562) de los que hubo hasta agosto de 2017.

«Los accidentes mortales siguen siendo un número importante, pero las causas aquí son muy variopintas», apunta Sánchez, que desgrana los casos. De las doce muertes de 2017, cuatro fueron por infartos, otras cuatro por accidentes de tráfico en misión (desplazamiento vinculado al trabajo) y tres por motivos incluidos entre los «traumáticos». La número doce fue la del torero Iván Fandiño, que estaba dado de alta en una empresa cántabra. «Fue un mal año. En este no va tan mal, pero sigue siendo excesivo y debería ser más bajo». Dos infartos, un accidente en misión en Barakaldo, una cántabra atropellada en Alemania y dos casos «traumáticos» (un trabajador forestal que cayó al río Miera y otro que murió en una central hidroeléctrica en Ampuero, al que hay que sumar uno reciente de un ganadero con su tractor aunque aún no está en la estadística).

«Salta a la vista que si tenemos una posición baja en los índices totales de accidentes y una alta en los mortales no se está haciendo prevención», destaca Mónica Calonge, responsable regional de Salud Laboral en UGT. «Las condiciones precarias del mercado de trabajo se reflejan en los accidentes mortales. Tenemos los mismos que cuando comenzó a aplicarse la Ley. Esa Ley está bien, pero no se cumple y no hay mecanismos para hacerla cumplir». Denuncia que la región tiene una Inspección de Trabajo «en precario», que tuvo «cuatro inspectores menos de los que debería y ahora tiene dos menos». Por eso, a su juicio, la misma precariedad laboral que está en el origen de los accidentes está también instalada en el sector público para luchar contra ellos. «Esto -dice- es como el tema de los accidentes de Tráfico, que empezaron a bajar con 'el palo'. Aquí, lo poco que mejoramos con la entrada en vigor de la Ley hasta el inicio de la crisis, se echó todo por el suelo. Los trabajadores siguen teniendo miedo a perder su puesto, hay precariedad y faltan medidas preventivas». No cree que el número de fallecidos dependa sólo de cuestiones aleatorias. Habla de contemplar los «factores psicosociales» para combatir el estrés (o los infartos), de medidas correctoras para atajar los siniestros 'in itinere' y reclama la figura «del delegado territorial de prevención». Sindicatos y administración aportarían un grupo de personas para visitar las pequeñas empresas con labores de asesoramiento y seguimiento. Instruir, explicar y, en caso de reiteración, denunciar.

«Infradeclaración»

Para Laura Lombilla, secretaria de Salud Laboral de CC OO, hay que ir a las causas «de estos números dramáticos». «El incumplimiento constante de la Ley de Prevención, el miedo a perder el empleo de los trabajadores y el camuflaje de la enfermedad profesional como común». Lombilla no desdeña que Cantabria sea la segunda comunidad de España con un menor índice de accidentes, pero entiende que «las cifras, en general, las de aquí y las de todo el país, son muy negativas». Es más, cree que la mejoría en los últimos datos se debe «a una infradeclaración» de accidentes, por lo que relativiza las estadísticas. Y apunta también a la Reforma Laboral, que «cambió el papel central de la negociación colectiva». «Ha aumentado la disponibilidad unilateral del empresario en la imposición de las condiciones de trabajo». Por eso, dice que es «imprescindible» derogarla.