«Ha empezado un cambio de mentalidad»

Los primeros padres que disfrutan el nuevo permiso abogan por equipararlo con el de la madre

«Ha empezado un cambio de mentalidad»
Javier Cotera
Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

Hay una conversación en la planta cuarta del Hospital Valdecilla que evidencia el cambio social que se avecina tras la aprobación del nuevo permiso de paternidad. «Las cinco semanas están muy bien para ayudar al principio», dice Francisco Javier Pelayo en la habitación 403. Desde la cama, la madre, que tiene el torso descubierto y a Mía, su bebé recién nacida en brazos, con el gorro amarillo para cubrir un cráneo aún blando, sonríe con ironía: «¿Principio? ¿Pero cuánto tiempo es el principio?», dice Julia Ortiz, que acto seguido se cubre el pecho e incorpora al bebé. Tiene que eruptar y se lo da a su padre, a ver si con él lo consigue. Ella continúa tumbada. El cansancio ahora es de ella; el dolor, también, como también lo es la experiencia de la maternidad. Sin embargo, más allá de la gestación, empieza una realidad que supera lo puramente físico. Después del nacimiento, ¿se puede hablar de reparto equitativo de las funciones de los padres?

La realidad social evidencia que el cuidado de los niños recae de un modo mayoritario en las madres, tal y como dice la propia OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), para quien «la duración del permiso de maternidad es crucial para que la mujer se recupere del parto y regrese al trabajo, mientras presta los cuidados necesarios al recién nacido». Sin embargo, la legislación aprobada la pasada semana en nuestro país evidencia que la igualdad pasa por medidas concretas como la de ampliar el permiso de paternidad de cuatro a cinco semanas, ya que si bien la recuperación es de ella, los cuidados necesarios a los que alude la OCDE son cosa de ambos. Aún así, el camino hacia la igualdad aún se antoja con baches: «Es una medida positiva, pero no es la más adecuada», dice Alejandro Moreno, que va a «disfrutar» del permiso en todos los sentidos de la palabra. ¿Pero por qué no es adecuada? «Es un paso intermedio para seguir implantando medidas que fomenten la conciliación», dice, «pero hay que buscar un cambio de mentalidad, tienen que ser permisos obligatorios porque la responsabilidad es de ambos».

La equiparación de permisos, como sucede en otros países europeos como Noruega o Suecia (16 meses compartidos entre padre y madre), es el objetivo último. Sin embargo, la prioridad siempre es la madre por razones biológicas. Es decir, que la madre necesita más días de permiso por el hecho de recuperarse o dar el pecho, pero Carmen López, la mujer de Alejandro, advierte de lo ingenuo y fallido de ese argumento: «Entonces, las madres que no dan el pecho sino que dan el biberón no necesitarían acogerse al permiso, total, cualquiera puede dar el biberón», dice para evidenciar cómo las razones por las que se ve lógico que el peso de la crianza recaiga mayoritariamente en la madre están cambiando y obligan a repensar el reparto de los tiempos.

Como está Europa

Esta misma idea ya la advirtió la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe 'Maternidad y paternidad en el trabajo', ya que en la mayoría de países aún hay una «enorme diferencia entre el permiso de paternidad y maternidad». El debate que se abre ahora al ampliar el permiso de los padres evidencia que la responsabilidad es cosa de dos: «El permiso no es hablar sólo de cuidados, sino de establecer vínculos con tu hijo», dice la madre, y hacia ahí se dirigen los cambios legales recientes. Entre las cinco semanas actuales y las dos escasas que hace apenas dos años disfrutaban los padres, el gran cambio se produjo tras la reforma aprobada por el Congreso a principios de 2017 para lograr una «conciliación laboral y familiar real» y avanzar en la «corresponsabilidad con la mujer», que actualmente cuenta con 16 semanas de permiso. Ahora, la incorporación de esta quinta semana pone el énfasis en esa división que se traduce en un desempleo femenino más alto, brecha salarial, y contra eso luchan los gobierno con medidas concretas.

Noruega, por ejemplo, da un permiso a los padres de hasta 112 días de duración. Islandia tiene 90 días de permiso, como Eslovenia. El caso más llamativo es el de Austria, que ofrece más días libres para el padre que para la madre (de 1 a 3 años para los hombres por 112 días las mujeres). Del otro extremo, Irlanda o la República Checa, donde los padres no disponen de ningún día de baja por paternidad; en Italia, por ejemplo, sólo tienen dos. La mayor diferencia se encuentra en el Reino Unido, donde las madres pueden disfrutar de un año de permiso (182 días más la opción de ampliar otros 182) mientras que los padres sólo tienen derecho a cinco.

Hacia las 16 semanas

Con la querencia a encontrar refrendo en Europa, como si fuera siempre el modelo a seguir, España está a medio camino de lograr la igualdad tan ansiada. «Lo ideal sería equiparar los permisos, pero eso requiere un cambio de mentalidad», dice Margarita Campo. En la cuna, a su lado, duerme su hijo recién nacido, Nacho. Es el segundo de la pareja, y ya saben que «los primero días toca estar perdido», y que después la intensidad, lejos de bajar, sigue aumentando: «Ella ha tenido reducción de jornada, ahora estamos pensando cómo hacerlo para que tenga el horario continuo. Es un hecho, no puedes cuidar a los niños y llegar a todo en el trabajo», dice su marido, Héctor Ortíz. En su caso defiende el permiso de cinco semanas, «incluso más», pero pide más flexibilidad para disfrutar los días. «En mi trabajo, ahora tenemos un pico importante en verano y en la empresa me han dicho que al menos las cuatro primeras semanas las tengo que coger seguidas». Y se pregunta si no sería mejor disponer de ese tiempo de forma fragmentada, o sumarlo a las 16 semanas de la madre para no tener que mandar a un bebé «que apenas está hecho» a una guardería. «Si sumas vacaciones y la lactancia llegas a los seis meses de edad para dejar al bebé», dice Héctor Ortiz; como si en el fondo de la operación aritmética estuviera la pregunta retórica que todos se hacen, que la realidad impone una nueva concepción del tiempo.

Alejandro Moreno y Carmen López (Astillero) «Es un paso intermedio para la conciliación»

Javier Cotera

Cuando le preguntas a un padre primerizo como Alejandro Moreno si va a disfrutar del premio por paternidad, su respuesta antepone el optimismo: «Y tanto que disfrutar», dice. Es profesor en el colegio Torrevelo-Peñalabra, y ante las nuevas cinco semanas ve un paso «intermedio»: «Me parece una medida positiva, pero no sé si es la medida más adecuada: hay que seguir implantando acciones para que la conciliación sea real», dice. Lo que está pendiente a su juicio es un «cambio de mentalidad», para ello, cree que hay que trabajar no sólo a nivel legislativo, sino «social»:«La gente tiene que asumir que la responsabilidad es de ambas partes», explica, y para ello el permiso tiene que ser algo «obligatorio».

Francisco Javier Pelayo y Julia Ortíz (Renedo) «¿Ayudar al principio, y cuánto dura el principio?»

Javier Cotera

Es importante ayudar al principio, que es cuando peor se encuentra la madre», dice Francisco Javier, consciente de los días que les toca vivir ahora. Pero la madre, con el torso descubierto y dando sus primeras tomas de leche a Mía, se ríe con cierta ironía: «¿Principio?¿Y cuánto tiempo es el principio?», y bromean con el hecho de que salían de cuentas unos días antes de que entrara en vigor la nueva ley: «No la dejaba salir a pasear, pero al final se retrasó el parto». Ahora tienen cinco semanas con las que no contaban: «Está muy bien que el permiso sea de más tiempo, sobre todo para ella, porque necesita ayuda. Ojalá se equipararan los permisos, al menos que se pueda repartir el tiempo entre ambos».

Héctor Ortíz y Margarita Campo (Sarón) «El permiso debería ser más flexible, no todo seguido»

Javier Cotera

El problema de Héctor Ortiz se llama verano. Su trabajo en una empresa de asistencia en carretera tiene en estos meses el pico más alto de actividad, «y me gustaría coger el permiso fraccionado, así atender el trabajo y estar con el bebé cuando ella vuelva a su empleo». Pero la realidad es que tendrá que coger las cuatro semanas seguidas. «Nadie te va a decir que el nuevo permiso está mal, al contrario, creo que es necesario más tiempo para los dos». En su caso, el pequeño Nacho llega al mundo con un hermano mayor, con lo que no les coge de nuevas. Sin embargo, «basta que tengas que tirar de otro niño para que se haga más difícil la conciliación», dice. Así que aplauden la medida, y se alegran de que entre en vigor justo con el nacimiento de su hijo, pero para hablar de igualdad, dicen, hay que hacerlo con el «mismo permisos para ambos».

 

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